En versión de concierto, sin ninguna concesión a la semiescenificación, el Teatro Real ha programado para ayer miércoles y el sábado 17 de mayo, coincidiendo con el puente de San Isidro, el Attila de Verdi, que dedica a la memoria de la soprano española Ángeles Gulín. Se trata de una obra en la que ya están presentes las características más definitorias, musicales e ideológicas, del compositor. Al frente de la Orquesta y el Coro Titulares de la entidad está Nicola Luisotti, actualmente el principal director invitado del coliseo madrileño.
Se trata de uno los títulos del ciclo programado sobre el genio de Busseto, dentro del cual aún se podrá asistir a La Traviata (24 de junio) y a I lombardi alla prima Crociata (6 de julio). La entidad ha elegido presentarlo en concierto, como viene haciendo desde hace tiempo con muchos de los títulos del compositor por mucho que pese a buena parte del público.
Estrenada en el Teatro de La Fenice de Venecia el 17 de marzo de 1846 y menos de una década más tarde en el propio Teatro Real (15 de noviembre de 1854), este dramma lirico consistente en un prólogo y tres actos sobre libreto de Temistocle Solera, basado a su vez en la obra Attila de Zacharias Werner, se sitúa argumentalmente en Aquilea, en las lagunas del mar Adriático (Roma) a mediados del siglo V después de Cristo.
En el Prólogo y el Acto I Atila celebra que acaba de conquistar la ciudad cuando cae rendido ante Odabella, la líder de las amazonas prisioneras. Es en realidad la hija del asesinado señor de Aquilea. Roma, a través su general Ezio, intenta negociar con Atila ofreciéndole un trato (podrá reinar en todo Roma exceptuando Italia), pero el líder huno rechaza la oferta y se reafirma en su determinación de destruir el imperio. En su empresa sólo se interpone un sueño: en este un rostro le ha advertido del peligro de proseguir en su empeño destructor. Durante su marcha le sale al paso una procesión conducida por el papa León. En él reconoce el antihéroe verdiano al personaje de su sueño. La simultanea aparición de dos figuras armadas con espadas hace que el pánico se extienda por el campamento los hunos.
En el Acto II el emperador Valentiniano ha ordenado regresar al general Ezio con la intención de preparar la firma de un armisticio, pero el general le desobedece y en cambio concibe la derrota de Atila con la ayuda de Foresto (Foresto ama a Odabella), que también quiere dar muerte al líder huno. Foresto dudará de Odabella: cree que esta ha traicionado a su pueblo, pero ella se declara inocente y huye del campamento.
En el Acto III, Atila, mientras busca a Odabella, cae en la emboscada preparada por Foresto y Ezio. Luego, cuando Foresto quiere dar muerte a Atila, Odabella se interpone matándolo ella misma —en clara semejanza con la Judith bíblica— y liberando a su pueblo.
La ópera explora prácticamente todos elementos que caracterizarán la producción verdiana posterior; por ejemplo, el motivo recurrente (Wagner lo desarrollará más tarde hasta sistematizarlo en sus leitmotivs), que el compositor asocia a personajes o ideas dramáticas; también su interés por personajes masculinos con una psicología compleja, marcada por el conflicto entre su autoridad y sus dudas internas (Macbeth, Simon Boccanegra, Ottelo); asimismo, la dotación a la partitura de orquesta de multitud de recursos expresivos: los finales de acto, por ejemplo, constituyen poderosísimos clímax sinfónicos.
Otra constante verdiana es que sus óperas suelen plantear un conflicto entre lo público —lo político— y lo privado, y que ensalzan los valores patrióticos italianos; en especial las de su primera producción, que coinciden temporalmente con el Risorgimento. En Attila llega a plantearse que un fin suficientemente elevado justifica los medios para conseguirlo: un ejemplo es el dúo entre Ezio y Atila: Avrai tu l’universo, resti l’Italia, resti l’Italia a me (“Tú tendrás el universo; que me quede a mí Italia”); o la cabaletta de Foresto: Cara patria, già madre e reina di possenti magnanimi figli… (“Amada patria, otrora madre y reina de poderosos y magnánimos hijos…”).
La ejecución vocal por parte de algunos cantantes evidenció cierta “blandura”, lejos de las exigencias dramáticas del título (fue el caso del barítono-bajo Christian Van Horn en el rol de Atila); no en cambio la de Sondra Radvanovsky como Odabella. Pero, pese a ser una soprano especialmente dotada para los roles más violentos, forzó el volumen de la voz durante toda la velada, con el consecuente menoscabo de la afinación y la línea de canto. Convenció el barítono polaco Artur Ruciński en el papel del general romano Ezio: su técnica e interpretación fueron acordes con el personaje. Este cantante, al igual que Radvanovsky (la soprano dio vida, durante un recital ofrecido en enero de 2024, a Las tres reinas de Donizetti), es ya un habitual del Real y podremos volver a escucharlo a partir de junio en La Traviata.
Attila se volverá a interpretar en el coliseo madrileño el 17 de mayo.
FICHA ARTÍSTICA
Dirección de orquesta: Nicola Luisotti
Dirección de coro: José Luis Basso
REPARTO
Attila Christian Van Horn
Ezio Artur Ruciński
Odabella Sondra Radvanovsky
Foresto Michael Fabiano
Uldino Moisés Marín
El papa León Insung Sim
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real