Los Lunes de El Imparcial

Manuel Ventero Velasco: Felipe VI

Ensayo

Domingo 18 de mayo de 2025

Prólogo de Pedro González-Trevijano. Almuzara. Córdoba, 2025. 238 páginas. 21 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar



En Felipe VI. ¿Qué significa reinar sin gobernar?, el profesor Ventero Velasco nos ofrece una obra sobresaliente desde el punto de vista del rigor científico y de mayúscula oportunidad por los tiempos que corren en nuestro país. A través del binomio formado por la Corona y Felipe VI, hace un recorrido por la España posterior a 1978, aunque con abundantes referencias al pasado un poco más remoto en forma de dictadura franquista. En el prólogo, Pedro González- Trevijano, ex presidente del Tribunal Constitucional. ya anticipa uno de los hilos conductores de este libro: el rol de la Monarquía como actor al servicio del cambio.

Los primeros capítulos de la obra son de carácter histórico-jurídico. En este sentido, el autor explica la evolución de la institución monárquica desde el pensamiento de Franco hasta los debates que se produjeron en las Cortes Generales durante la Transición, en los cuales se entendió que la Corona, lo mismo que la nación (española), tenía una existencia pre-constitucional (p. 74).

En este apartado, la figura de Su Majestad Don Juan Carlos I cobra más relevancia al distanciarse voluntariamente de lo establecido en la Ley de Sucesión. Este hecho, a su vez, explica “el viraje” del PCE o incluso del PSOE, cuando relegaron a un lugar menor sus credenciales republicanas. También destacable resultó la renuncia a sus derechos por parte del conde Barcelona, lo que “otorgaba a don Juan Carlos la legitimidad dinástica que, unida a la de ejercicio, daría al rey los instrumentos precisos para reinar” (p.110).

Al respecto, conviene detenerse en cuestiones que se hallan directamente relacionadas con la Transición pero que determinados sectores revisionistas tratan de pasar por alto en la actualidad. En efecto, Ventero Velasco reivindica la importancia de la Ley para la Reforma Política, con el fervor electoral consiguiente que condujo a las votaciones del 15 de junio celebradas sin incidentes, y la legalización del PCE, señal inequívoca de que España quería convertirse en una democracia como las de Europa occidental.

Toda esta sucesión de acontecimientos ponía fin a las “dos Españas” con la aprobación de la Constitución en 1978, calificada con acierto como la Constitución del consenso, la concordia y la esperanza. No obstante, en su elaboración reaparecieron debates de calado, como el que enfrentó a monarquía vs república (p.129). Este escenario contrasta con el asalto actual a la Constitución, lo que supone un desafío real y no una simple tormenta mediática, como bien puntualiza el autor.

En efecto, en lo que atañe al caso español, el ejercicio consistente en desacreditar la Constitución, y por extensión la Corona, procede de sectores de la clase política cuyas actuaciones han erosionado nuestra democracia, hasta el punto de calificarla The Economist como una “democracia defectuosa”. El resultado es la crispación que se observa en las instituciones que, si bien no se ha trasladado aún a la sociedad, sí que podría hacerlo en el corto o medio plazo, alterando de este modo la convivencia.

Con todo ello, en medio de las turbulencias políticas que se detectan, la Corona sigue gozando del crédito de la ciudadanía, justo lo contrario a lo que sucede con los partidos políticos. En el caso de la Monarquía, desempeñó una función clave a la hora de responder al golpismo catalán, convirtiéndose Felipe VI en el referente de la unidad nacional y en un salvavidas para aquellos españoles que se hallaban en el más absoluto de los desamparos en Cataluña, entre otras razones, por la inacción y tibieza de los principales partidos de ámbito estatal.

Desde un prisma más general, Felipe VI ha sabido situarse al margen de la contienda entre partidos, no así algunos de sus predecesores como Alfonso XIII como certificó, por ejemplo, con su discurso pronunciado en Córdoba en 1921, cuya consecuencia colateral fue la dictadura de Primo de Rivera, previo golpe de estado en septiembre de 1923.

En definitiva, una obra muy necesaria que nos permite extraer lecciones de nuestro pasado más cercano, susceptibles de aplicarse al presente. Entre estos dos planos temporales, la institución de la Corona, representada tanto por SM Juan Carlos I como por Felipe VI, simbolizan con su proceder una forma de convivencia alejada de todo mesianismo y populismo.

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