El chivato
Martes 02 de diciembre de 2008
Uno de los cambios de régimen sufridos por nuestra historia durante los convulsos años del siglo XIX pasó por encontrar un rey que aceptase el cargo, ya que España en esos tiempos era un país mal administrado y empobrecido que había entrado en recesión (¿Cómo ahora?). Se quería contratar un candidato competente, católico y demócrata. Y los pensantes de la política lo encontraron en Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia; pertenecía a una antigua dinastía vinculada con la española; era católico, progresista y masón, incluso había sido autorizado por el Papa para conjugar religión y masonería. El primer rey de España elegido en un Parlamento, contó con la oposición de la aristocracia, de los monárquicos de siempre, con la traba de carlistas, de republicanos, de la Iglesia y del pueblo todo que lo consideraba un extranjero advenedizo.
Los patronos del Teatro Real de Madrid, como los políticos del XIX, han dado con un profesional idóneo para el cargo: el belga Gerard Mortier, que será el nuevo director artístico a partir de enero de 2010, sustituyendo al español Antonio del Moral. Mortier, de 65 años, director todavía de la Opera de París, habrá de jubilarse por edad, según una absurda Ley francesa. Nuestro Plácido Domingo opina del músico belga, al que conoce bien: “Un director artístico debe pensar en el público y no puede declarar que no le gusta Puccini y que no va a representar ninguna de sus obras. Creo que el público de Madrid no toleraría eso”. Mortier rechazó, hace pocos días, una oferta para dirigir la Opera de Nueva York, tras no alcanzar sus aspiraciones económicas; pretendían remunerarle con una cantidad muy por bajo de la pretendida por el divo, uno de los directores más prestigiosos en el mundo de la música clásica. Puestos a buscar afuera, tentaron antes a Stephane Lissner, director de la Scala de Milán, y a Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar. Y es que, en España, no había en el XIX alguien capaz de “trabajar” de rey, ni en el XXI se encuentra un sujeto que sepa dirigir el Teatro Real. ¡Qué inventen ellos!