Fue a finales de 1983 cuando un grupo de jóvenes canteranos el Real Madrid irrumpió en el fútbol profesional. El 4 de diciembre de ese año, el equipo blanco visitó Murcia para jugar un difícil partido ante los pimentoneros. A las órdenes de Alfredo Di Stefano, dos tímidos futbolistas posaron para los medios gráficos, se trataba de Sanchís y Martín Vázquez. El partido acabó 0-1 con gol del hijo de Sanchís padre y con la impresión de que dos nuevos talentos irrumpían en el panorama futbolístico. Al año siguiente se unieron Pardeza, Michel y Butragueño. Este fue el “culpable” del nombre con el que el periodista Julio César Iglesias bautizó a esta generación: la "Quinta del Buitre".
El 5 de febrero de 1984 debutó Emilio Butragueño. Lo hizo en Cádiz y en una situación comprometida. Al descanso, el Real Madrid perdía 2-0 y Di Stefano recurrió a él para intentar la remontada. Con dos goles y una asistencia, los blancos ganaron el partido y vieron el nacimiento de una estrella.
Los veteranos que en aquella época habitaban el vestuario del Bernabéu (Juanito, Valdano, Santillana…) se integraron a la perfección con la nueva hornada de jugadores y juntos hicieron una comunión casi perfecta. Cinco ligas consecutivas (1986-1990), dos copas de la UEFA (1985, 1986), una Copa del Rey y tres Supercopas de España. A este elenco de jugadores le faltó conquistar el título por excelencia, la Copa de Europa. Aquel mágico Real Madrid se topó con el AC Milan, el PSV de Koeman y el Bayern de Munich, que no dejaron al equipo español alzarse con la máxima corona continental.
Otra de las características que hicieron famoso a aquel equipo fue su capacidad para remontar. Algunas de las remontadas fueron épicas, como la que se produjo ante el Anderlech. Los “merengues” venían con un 3-0 en contra de Bélgica que se antojaba muy difícil de superar, pero una noche gloriosa en el Bernabéu hizo que el equipo español endosara un 6-1 a los centroeuropeos. Desde aquel día, una frase pasa por la cabeza de todos los futbolistas que visitan el estadio de Concha Espina: “90 minutos en el Bernabéu son muy largos”. El autor de aquella cita fue el malogrado Juanito, que capitaneó aquel equipo de jóvenes y veteranos.
Estos cinco futbolistas no sólo brillaron en el Real Madrid, si no que regalaron a la selección española grandes momentos en el panorama mundial. Uno de los días más recordados de la “roja” fue cuando, en Querétalo, España se enfrentaba a Dinamarca en octavos de final del mundial de México ’86. La furia española rugió más que nunca con Butragueño a la cabeza, que firmó cuatro de los cinco goles del encuentro. Michel también cuajó grandes partidos con el combinado nacional, sobre todo en el mundial de Italia (1990), cuando el madrileño anotó tres goles ante Corea. Asimismo, Martín Vázquez y Sanchís vistieron la elástica española en múltiples ocasiones.
La conjunción de jugadores nacidos en España con la calidad era algo inconcebible hasta aquel 1984, cuando cinco futbolistas marcaron un antes y un después. La “Quinta del Buitre” fue, es y será una de los mejores frutos de la fábrica española de jugadores de fútbol.