Un grupo de científicos ha descubierto una variante genética que podría haber jugado un papel clave en la evolución de dos características que distinguen a los humanos modernos de otros primates: una mayor estatura y un metabolismo basal más acelerado.
El hallazgo, publicado este miércoles en la revista Cell Genomics, apunta a una mutación que parece haber favorecido estos rasgos, especialmente en personas con dietas ricas en carne.
“La transición de una dieta basada principalmente en plantas a una con mayor consumo de carne marcó un hito importante en la evolución humana”, explican los investigadores Jin Li y He Huang, de la Universidad de Fudan en China. “Sabíamos que este cambio afectó varios aspectos del cuerpo humano, y ahora parece que también influyó en nuestra estatura”.
El equipo utilizó datos del Biobanco del Reino Unido, que reúne información genética de medio millón de personas, para estudiar la relación entre la altura y el metabolismo. Identificaron más de 6,000 variantes genéticas potencialmente relacionadas con ambos factores, pero una en particular llamó la atención: la variante rs34590044-A, que regula la expresión del gen ACSF3.
Este gen, según los experimentos, se activa más en el hígado de los humanos modernos que en el de otros primates, y su actividad parece estar vinculada al funcionamiento de las mitocondrias—los orgánulos celulares encargados de producir energía. Esto explicaría por qué su mayor expresión se relaciona con un metabolismo más rápido.
Además, los científicos descubrieron que este mismo gen también promueve la formación ósea, lo que ayudaría a explicar su relación con una mayor estatura.
En experimentos con ratones alimentados con una dieta rica en aminoácidos típicos de la carne, aquellos que expresaban más ACSF3 no solo crecían más, sino que también tenían un metabolismo más rápido. Esto sugiere que la interacción entre dieta y genética pudo haber sido crucial para la evolución de los humanos modernos.
“Estas características evolucionaron juntas y probablemente como respuesta a los cambios en la dieta de nuestros ancestros”, afirma Shaohua Fan, también de la Universidad de Fudan. “Sin embargo, hasta ahora se había estudiado poco cómo exactamente se produjo esta transformación”.
Este descubrimiento también podría tener aplicaciones médicas. Comprender cómo estos mecanismos genéticos afectan el metabolismo podría ayudar a explicar por qué algunas personas son más propensas a desarrollar enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2 o el síndrome metabólico.
Los investigadores planean seguir explorando cómo nuestros ancestros se adaptaron a diferentes tipos de dieta a lo largo de la evolución. Para ello, combinarán estudios genómicos, experimentos en laboratorio y análisis de ADN antiguo.
“El estudio demuestra cómo factores genéticos, ambientales y culturales se entrelazan en nuestra historia evolutiva”, concluyen los autores.