Luis Alejandre | Martes 02 de diciembre de 2008
Demasiadas referencias sobre el sacrificio y fracaso de la guerra de Vietnam soportó Obama durante toda la dura y prolongada campaña electoral, siempre valoradas en las encuestas a favor de su contrincante republicano el excombatiente y senador Mc Cain, para que ahora arriesgase perder la buena orientación con que se conducen las operaciones militares en Irak y en Afganistán de la mano del último Secretario de Defensa de Bush, Robert Gates.
Primera lección aprendida.
Gates, 65 años, procedente de la antigua administración de Bush padre, sacrificado en el escándalo, mas mediático que real, del Irán-Contra, ha sabido ganarse la confianza de los mandos militares y de los políticos del Congreso y Senado, que tan maltrecha dejó su antecesor Ronald Rumsfeld. Gates representa la continuidad del general Petraeus, el hombre que ha hecho del lema “aprender y adaptar” todo un sistema de mando capaz de salir airoso del difícil atolladero bélico asentado en el estratégico corazón de Asia. Ya se ha comprobado estos días en Bombay lo que se cuece en la escarpada frontera entre Afganistán y Pakistán.
El mensaje de Obama, con el nombramiento, es claro: le dice a sus miles de soldados que luchan –y sufren-, que no habrá fisuras; que se corregirán errores, pero que deben seguir Mensaje básico para su moral. A su industria militar, en plena crisis económica, le asegura continuidad de puestos de trabajo. A su opinión pública le señala, por último, que los asuntos de Estado están por encima de las políticas de partido, incluso por encima de las promesas lanzadas en períodos electorales.
Segunda lección.
Es más. Entre los nombramientos previos a su investidura recupera como Consejeros, al General de cuatro estrellas James Jones, un “marine” bien conocido en España y, por supuesto, en Europa en la que ejerció de Comandante de la OTAN, para presidir en Consejo Nacional de Seguridad y, al Almirante Dennis Blair, como Director Nacional de Inteligencia, el organismo coordinador de todos los servicios secretos nacido tras el 11-S. Es decir utiliza la experiencia de mandos de reconocido prestigio para puestos de su inmediata confianza.
Tercera lección.
Visto desde España, estos tres puntos obligan a unas breves reflexiones. Aquí es impensable aun esta política de continuidad: cambiamos de Ministro de Defensa -con todos los nombramientos que arrastra- no solo ante alternancias de poder, sino con cambios de Gobierno del mismo signo. Hacemos de la política de Estado, campo de lucha partidista: con un Gobierno se puede ir a Irak, con el siguiente se puede regresar con urgencia, cueste lo que cueste. Se promulga una enésima Ley de Función Militar, sin consenso, votada articulo por artículo casi a puerta cerrada y luego nos lamentamos de que haya miles de recursos. Vendemos solares a ayuntamientos afines políticamente, bajo el amparo de supuestas políticas sociales, que corresponderían a otros ministerios, lo que realmente esconde corruptas burbujas inmobiliarias. Políticas de Partido por encima de una consensuada política de Estado, en resumen.
Estos días hemos vivido el drama de las evacuaciones de Bombay y Tailandia. Los medios utilizados por el Ejercito del Aire han sido vitales y el uso de bases aéreas de emergencia esencial. No crean que se valora el esfuerzo de los militares que lo han hecho posible: como si sea sencillo “entrar” en un aeropuerto situado a 10.000 millas sin saber como está la situación en la zona. Tampoco se valora al votar los Presupuestos.
Pero, cuando otro avión cruce la Península, o se apoye técnicamente en una base española, transportando a fanáticos de la misma ralea que la de los diez que atentaron en Bombay, pondremos el grito en el cielo y nos rasgaremos las vestiduras.
¿Es que no sabemos, o no queremos aprender?
Pensemos, precisamente para aprender, en estas primeras lecciones que nos ofrece, un inexperto, pero sensato, Obama.
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