Neurocientíficos de la Universidad Laval, en Quebec (Canadá), han demostrado en un estudio experimental que es factible el diagnóstico temprano de la enfermedad de Parkinson al estimular con luz la retina. La respuesta es diferente a las de las personas sanas.
La enfermedad de Parkinson suele diagnosticarse cuando una persona consulta al médico por problemas motores como temblores. “Para entonces, la enfermedad ya lleva varios años presente y las neuronas afectadas ya están en un proceso degenerativo irreversible. Por eso es importante encontrar biomarcadores que detecten el Parkinson en una etapa temprana”, explica Martin Lévesque, director del estudio que aparece en Neurobiology of Disease.
La retina es una extensión directa del Sistema Nervioso Central y, por lo tanto, ofrece una forma no invasiva de explorar el cerebro. “Una respuesta inusual de la retina a los estímulos luminosos podría indicar una patología cerebral”, añade.
Para explorar esta vía, el equipo reclutó a 20 voluntarios con Parkinson diagnosticado hacía menos de cinco años. “Colocamos un electrodo en el párpado inferior de cada participante y registramos su respuesta retiniana a una serie de destellos de diferente intensidad, frecuencia y color. Hicimos lo mismo con personas de la misma edad, pero con buena salud. Los resultados que obtuvimos en las personas con Parkinson presentaron una firma distintiva de los del grupo de control”, explica el profesor Lévesque.
Los criterios de inclusión para los participantes fueron tener entre 40 y 80 años, un diagnóstico de la enfermedad de Parkinson idiopática, no más de 10 años de duración y dosis estables de medicación durante al menos 30 días. Los criterios de exclusión incluyeron enfermedades metabólicas, epilepsia en el último año, otras enfermedades neurológicas y tratamientos antiinflamatorios (con o sin esteroides).
Retina y Parkinson
También se excluyó a los participantes si habían tenido cirugía ocular anterior previa, enfermedades oculares (glaucoma, cataratas, degeneración macular, miopía con corrección superior a -5), terapia hormonal, abuso de sustancias, si habían trabajado en turnos de noche o viajado a través de dos o más zonas horarias en el último mes (para controlar las alteraciones del ritmo circadiano).
Además, debían estar libres de enfermedad periodontal para cumplir los criterios de un estudio complementario de biomarcadores.
La prescripción de medicamentos se documentó exhaustivamente para los participantes, incluyendo aquellos que no requerían levodopa, quienes acababan de iniciarla o quienes tomaban una combinación de levodopa y agonistas dopaminérgicos.
Para minimizar el efecto de la medicación aguda en los resultados, se les pidió a los participantes que suspendieran su medicación para la enfermedad de Parkinson durante la noche. Cualquier otro medicamento no especificado en los criterios de exclusión también se registró sistemáticamente.
El equipo también realizó pruebas similares en ratones transgénicos que sobreexpresaban una proteína humana asociada con Parkinson. “Utilizamos ratones jóvenes en los que aún no se observaban signos motores de la enfermedad. Una vez más, obtuvimos respuestas diferentes en animales modelo de Parkinson. Esto sugiere que las manifestaciones funcionales del Parkinson podrían detectarse en una etapa temprana de la enfermedad mediante un examen de retina”, resume el profesor Martin Lévesque.
Prevenir la degeneración de las neuronas
La enfermedad de Parkinson se presenta con mayor frecuencia en personas mayores de 60 años. “Podríamos ofrecer un examen funcional de la retina a partir de los 50. Al detectar la enfermedad a tiempo, podríamos ofrecer intervenciones que prevengan la degeneración de las neuronas implicadas. Este enfoque también podría utilizarse para monitorizar la progresión de la enfermedad, así como la eficacia de las intervenciones ofrecidas a los pacientes”, señala este neurocientífico.
En este estudio, se recogen distintas investigaciones anteriores sobre esta cuestión. Las deficiencias visuales, como la sensibilidad reducida al contraste, la discriminación de colores deteriorada y los déficits en el procesamiento visual, también han ganado atención como indicadores potenciales de la enfermedad de Parkinson.
Opinan que estas alteraciones pueden tener su origen en la disfunción retiniana y hacen de la electrorretinografía (ERG) una herramienta prometedora para detectar la enfermedad en etapa temprana.
La ERG es una técnica no invasiva que mide la actividad eléctrica retiniana global en respuesta a la luz y se utiliza ampliamente en entornos clínicos y de investigación para evaluar la función.
Comúnmente -añaden- “evalúa las salidas de los bastones y de los conos-bastones mixtos en condiciones escotópicas (adaptadas a la oscuridad) y la función del cono en condiciones fotópicas (adaptadas a la luz)”.
En resumen, “los hallazgos, tanto en cohortes de murinos como de humanos, indican que las alteraciones funcionales de la retina pueden detectarse en las primeras etapas de la progresión de la enfermedad de Parkinson, especialmente en mujeres. Estas herramientas resultan prometedoras para facilitar el diagnóstico temprano, el seguimiento de la enfermedad, la intervención terapéutica y, en última instancia, mejorar la evolución de los pacientes”, concluye este estudio.