La característica mas destacada de los toros Araúz de Robles fue su mansedumbre que llegaba a crear peligro. Ninguno embistió franco. Aún así Los diestros Morenito y Fortes aprovecharon sus faenas para demostrar la importancia de descifrar al toro y sorprendieron al público con tandas de aquilatados pases. Los trofeos se perdieron por la espada: no acertaron ni uno. Las varas aseadas ha sido de Héctor Piña y Francisco de Borja; las más protestadas de Antonio Muñoz y M. Jesús Ruiz Espartaco.
Chistero (1º 11/20) salió huyendo nada más ver un capote. Sin embargo, a la hora de la muleta Morenito le sacó provecho por ambas manos. Campiña (4º2/20) de embestida desordenada, andaba calamocheando, pero Morenito se esmeró y durante la primera tanda no le dejó ni tocar la pañosa. El toro se vencía, buscaba, y en varios de estos acercamientos estuvo a punto de coger al diestro. Gran mérito no solo aguantar, sino encontrar una faena a un marrajo parecido.
Fortes hizo una tarde memorable. Si no hubiera sido por la espada, habría obtenido un trofeo o dos. Supo ver las cualidades de sus dos contrarios e imponerse por su saber y valor. Gimotero (2º2/21), cambiado de terrenos, persiguió la muleta con más celo de lo esperado. O, mejor dicho, fue Fortes quien supo alargar su medía embestido para lograr pasárselo por la cintura sin un enganchón y por ambas manos. Chivita (5º12/19) tenía mucho peor genio: remataba embestidas con un tornillazo, miraba al diestro con descaro, pero Fortes no se dejó atemorizar y llegó a dar tandas suaves, templadas, cruzándose con el animal y ciñéndose. Una leve petición y vuelta al ruedo.
Adrián de Torres no entendió o, quizá, no quiso aprovechar las querencias de Pitillo (3º2/21). El animal huía sin cesar a los chiqueros. Ni hubo manera de mantenerlo en otros terrenos. Verdial (6º11/19)salió con mucho temperamento y velocidad. Torres le desgració la mano en el primer capotazo en redondo, en el segundo el toro quedó totalmente inválido. Descuideiro (6ºbis Castillejo de Huebra 12/19) también fue un mansurrón, que se cayó como el anterior en los primeros capotazos. La faena larga, desmedida, sin saber parar al morlaco, sino de mero aprovechamiento de sus inercias.