DESDE ULTRAMAR
Marcos Marín Amezcua | Jueves 22 de mayo de 2025
La poetisa mexicana que nació el 25 de mayo de 1925 en Ciudad de México, pero con alma y origen chiapanecos, ha sido homenajeada de muy diversas maneras en torno a este aniversario redondo y siempre desde que se produjo su intempestiva muerte, electrocutada en un fatal accidente acaecido en 1974, mientras la literata era embajadora de México en Israel a los 49 años de edad. Se la considera precursora del feminismo mexicano.
Entre la sotafronda de la segunda sección del bosque de Chapultepec de la capital mexicana, se yergue un original monumento a su ilustre memoria erigido muy pronto, por lo visto. Desde que me topé con tal por causalidad, retozando durante un paseo estudiantil en la primavera del 78 y hasta hoy, me ha parecido galano, sobrio y de una originalidad notable acorde con su destinataria. Ahora, lo han restaurado devolviéndole su pasado esplendor, que Rosario Castellanos es por merecimiento propio, una destacada pluma que correspondió a una persona sumamente reconocida en vida y que, todo indica, era afable y de notabilísima y célebre labor en el ámbito diplomático y en otros cargos que ostentó. Su estampa inconfundible resaltaba entre un mundo de varones. Aparece tantas veces en fotos como la única mujer presente en determinados actos. Doble mérito que advierte.
Ahora, porta su nombre una universidad pública dirigida a las clases populares e igual se ha montado una expo rememorando su obra en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, uno de los renombrados recintos jesuitas del virreinato y cuyos muros pintaron los destacados muralistas posrevolucionarios, reuniendo piezas y objetos personales, sus libros y en cartelas se ha recalcado la sapiencia de Castellanos con expresiones lanzadas de forma ponderada, sí, cual ráfagas de ideas lapidarias y consonantes con su sentir y que provocan y conducen a la inevitable reflexión.
El pensamiento de Rosario Castellanos, columnista, escritora, fascina por su claridad, su entereza, su congruencia, su palpitante actualidad. Su estilo certero y directo, te atrapa. Sus poemas sajan, pinchan el intelecto. He copiado algunas de las frases mostradas en la expo aludida y otras las entresaco de un poemario. Fragmentos de su espléndido acervo ribeteado de un vocabulario excelso.
“Himno”, materia memorable
“Después de todo, amigos,
esta vida no puede llamarse desdichada,
En lo que a mí concierne, por ejemplo,
recibí en proporción justa, en la hora exacta
y en el lugar preciso y por la mano
que debe dar, las dádivas.”
A los asesinados por el gobierno del PRI en 1968 en la matanza de Tlatelolco, dedicó estas palabras en su Memorial de Tlatelolco:
“Recuerdo, recordemos
Hasta que la justicia se siente entre nosotros.”
En “Toma de conciencia”, Materia memorable, expresó:
“Yo soy un ancho patio, una gran casa abierta:
yo soy una memoria.”
En Apuntes para una declaración de fe, apuntó:
“El mundo gime estéril como un hongo.
Es la hoja caduca y sin viento en otoño,
la uva pisoteada en el lagar del tiempo
pródiga en zumos agrios y letales.
Es esta rueda isócrona fija entre cuatro cirios,
esta nube exprimida y paralítica
y esta sangre blancuzca en un tubo de ensayo.
La soledad trazó su paisaje de escombros.
La desnudez hostil es su cifra ante el hombre.”
En Canción de cuna, se lee:
“¿Es grande el mundo? —Es grande. Del tamaño del miedo.
¿Es largo el tiempo? —Es largo. Largo como el olvido.
¿Es profunda la mar? —Pregúntaselo al náufrago.
(El Tentador sonríe. Me acaricia el cabello
y me dice que duerma.)”
Sentenció en Destino (fragmento)
“Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!”
No tuvo empacho en denunciar que la Academia de la Lengua fuera un conjunto de sitiales solo de varones e igual no calló el relevante papel que a la mujer le era reservado en la sociedad cambiante en que vivió. Y asentó, defendiendo un feminismo sin alardes ni manoteos, en tanto sostenía su verdad:
“[…] aunque yo siempre esté puestísima […] para defender la causa del feminismo, única por la cual estoy dispuesta a arrostrar el ridículo.”
Sentimiento consignado en “El derecho a la información: ¿Quién manipula nuestra conciencia?”, Mujer de palabras II
Y dejó esta descripción de sí misma:
“¿Mujer de ideas? No, nunca he tenido una.
Jamás repetí otras (por pudor o por fallas nemotécnicas)
¿Mujer de acción? Tampoco.
Basta mirar las talla de mis pies y mis manos.
Mujer, pues, de palabra. No, palabra, no.
Pero sí de palabras,
muchas, contradictorias, ay, insignificantes,
sonido puro, vacuo cernido de arabescos,
juego de salón, chisme, espuma, olvido.
Pero si es necesaria una definición
para el papel de identidad, apunte
que soy una mujer de buenas intenciones
y que he pavimentado
un camino directo y fácil al infierno.”