Opinión

La huella hídrica de los productos: algunas consideraciones

TRIBUNA

Jesús Lizcano | Jueves 29 de mayo de 2025

El agua es indudablemente el recurso más importante para la vida en la Tierra y por ende para nuestra sociedad, tanto en el presente como en el futuro, siendo un elemento imprescindible, entre otras cosas, para la salud y el bienestar humano, para la seguridad alimentaria, para el desarrollo económico sostenible así como para el mantenimiento de los ecosistemas y la biodiversidad.

Dentro de los numerosos vectores de esta trascendencia del agua, nos vamos a referir en este artículo a un aspecto concreto relacionado con la misma, como es la Huella hídrica que se va generando al realizar actividades para producir cualquier bien o servicio. Y dada la enorme variedad de bienes y servicios que se producen, vamos a centrarnos aquí en lo relativo a la producción de alimentos y de prendas de vestir, dada la importancia que los mismos tienen para el ser humano.

Definiéndola de una forma simple podemos decir que la huella hídrica integra el conjunto de de los diversos consumos de agua que se incurren en la fabricación de cada producto (por ejemplo, de alimentos básicos y productos textiles). Y de cara a numerosos análisis los propios cálculos de esta huella se complementan con el cálculo de los costes económicos asociados a dichos consumos de agua, pudiéndose contar así con una doble perspectiva: la física y la económica, de la citada huella.

Dado que el agua es un recurso escaso a nivel global, y sobre todo en algunas áreas del mundo, adquieren especial relevancia los cálculos y análisis que se puedan realizar para conocer con detalle y delimitar esta huella hídrica, lo que podrá propiciar e impulsar la necesaria sensibilidad social así como una reducción efectiva en términos absolutos y relativos de dicha huella, importante objetivo éste en clave de sostenibilidad.

Antes de entrar en cuestiones más específicas, vamos a recordar la estructura básica del consumo de agua por grandes sectores, aunque puede diferir de un país a otro, así como de una región a otra. En todo caso y en referencia a España, viene bien recordar que el total del agua consumida en nuestro país se reparte -en términos aproximados- de la siguiente forma: La Agricultura y ganadería consumen alrededor del 80 %. La industria, por su parte, consume aproximadamente el 6 %, mientras que el consumo de las familias y usos urbanos (consumo doméstico, servicios públicos y actividades turísticas entre otros) asciende al 14 % restante. En cada uno de estos tres grandes sectores resulta tan necesaria como urgente la racionalización en el uso del agua, siendo muy distintas lógicamente las vías para conseguirlo en cada uno de ellos.

En términos más concretos, y aún en un texto reducido como el de este artículo podemos al menos hacer una breve referencia al consumo de agua de algunos alimentos básicos, así como al de fabricación de ropa o productos textiles. Comenzando por las magnitudes físicas, esto es, la cantidad de litros de agua que se consumen en la obtención de los productos alimenticios podemos referir que para producir un kilo de carne de vacuno se necesitan entre 10.000 y 20.000 litros de agua (variará en función de los distintos territorios y explotaciones, especies de ganado, etc.), y para producir un kilo de pollo, por ejemplo, se consumen unos 4.300 kilos de agua. Los productos vegetales requieren en general menos agua; por ejemplo, un kilo de trigo consume 500 litros, y un kilo de maíz 450 litros, mientras que un kilo de arroz consume 2.500 litros. Si hacemos referencia a la fabricación de ropa en la industria textil, hemos de destacar que unos pantalones vaqueros requieren unos 8.000 litros, una camiseta de algodón consume unos 2.500 litros, mientras que unos zapatos de cuero aproximadamente 10.000 litros.

Las cifras anteriores pueden dar una idea del consumo intensivo de agua que se realiza al elaborar productos básicos de alimentación o prendas de vestir del ser humano, y la consiguiente necesidad de ahorrar en el consumo de agua. Entre las muchas iniciativas existentes para reducir ese consumo cabe señalar la implementación de tecnologías más eficientes en el uso del agua como sistemas de riego por goteo en la agricultura, o prácticas sostenibles como la reducción del uso de productos químicos en la agricultura y la industria textil. Todo ello se enmarca dentro de una necesidad más amplia de ahorrar no solo en los consumos de agua sino de todas las materias primas que se consumen para fabricar alimentos y ropa, así como potenciar el reaprovechamiento y/o el reciclado, tanto de los productos alimentarios como textiles, propiciándose así una verdadera Economía circular.

Por otra parte, y entrando brevemente en la perspectiva económica, hemos de hacer referencia al cálculo de los costes económicos que conforman la huella hídrica, recordando que entre estos costes se ha de incluir en primer término los del consumo directo de agua, de los detergentes, de la energía para calentar agua, así como del tratamiento y vertido de aguas residuales. En todo caso habrá diferencias en los costes incurridos según la procedencia del agua, ya que no es lo mismo si el agua proviene de la lluvia (agua verde, que no tiene un coste monetario directo, pero si un coste de oportunidad y ambiental), o el riego de superficie (agua azul, con costes de extracción, distribución y tratamiento), o las aguas subterráneas. Ello aparte lógicamente de los costes fundamentales que se pagan por las tarifas de los suministros de agua provenientes de la red, en las cuales podrá haber diferencias significativas en función del municipio, de la comunidad autónoma, o del uso o destino del agua, ya que son diferentes las tarifas para usos industriales, las tarifas agrícolas, o las tarifas para el consumo de los hogares.

Adicionalmente, a los costes directos del agua hay que añadir los costes indirectos y las externalidades negativas, tales como los costes ambientales, el deterioro del suelo, contaminación por pesticidas y fertilizantes, etc., así como los costes sociales relacionados con la escasez de agua para consumo humano en épocas de sequía y los efectos de los eventuales conflictos por el agua. Además de los ya expuestos brevemente, hay otros costes y consideraciones que se deberán realizar al cuantificar de una forma mínimamente rigurosa la huella hídrica de cada uno de los productos.

En resumen, los datos y conceptos recogidos anteriormente nos pueden dar una idea aproximada (y ese es nuestro objetivo) de los distintos elementos que entran a formar parte de la huella hídrica en la fabricación de los productos básicos, tanto alimenticios como textiles, y la importancia de que los ciudadanos, empresarios (agrícolas o industriales), así como nuestros representantes políticos, tengan cada vez más en cuenta esta huella hídrica y la importancia cada vez mayor de racionalizar los usos y consumos de este bien tan fundamental para la sociedad como es el agua.