Opinión

Putin y la pasión del mando

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Viernes 30 de mayo de 2025

Soy poco aficionado a comentar la actualidad pues, lo que digo hoy puede no servir mañana. Pero a veces, el asunto es tan atractivo, que me arriesgo, antes que dejarlo en el tintero.

Recientemente he escrito sobre la vocación y el amor, sentimientos gobernados, incontestablemente, por no se sabe quién. Y ahora me reclama un ejemplo sobre el mando, otro que tal baila.

Y me atrae el caso de Putin, al que ese dedazo incuestionable, le hizo recorrer el camino, desde el hogar de una humilde jornalera y un recluta de submarino, hasta Zar de Todas las Rusias, que es lo que es hoy o quiere ser. Su afán por el boato, con que se manifiesta, evidencia su voluntad.

Él se formó dentro de la nomenklatura soviética y después, participó en el fallido intento de evolución hacia la democracia, que propició Gorbachov y malogró Yeltsin. Y fracasado este intento, se creyó llamado a recuperar el prestigio y el poder político y territorial, alcanzado por la URSS y perdido en este trance.

Ya dueño del poder absoluto. aniquila a sus opositores, desempolva el antiguo ideario ruso y vuelve a la estructura zarista de la sociedad, mando absoluto, aristocracia del poder y el dinero y masa popular estabulada,

Mantiene en vigor una entelequia de régimen democrático, que transgrede a conveniencia, perpetuandose en el poder, directamente, o por persona interpuesta (Medvedev).

Yo no sé si Putin “se cree el personaje”, pero de lo que estoy seguro es que no cree en las ideas en las que se apoya, las ancestrales de la “madrecita Rusia”, que son solo instrumentales, cebo para atraer seguidores y guadaña para perseguir o exterminar opositores.

Vemos cómo su mente actúa, todavía, gobernada por el instinto territorial, que ha regido la conducta de los dirigentes de Europa, durante su sangrienta historia. Y reclama derechos sobre territorios que, ALGUNA VEZ, pertenecieron a Rusia, gobernada por cualquier régimen político. Este es el instinto que convirtió Europa en un eterno campo de batalla.

Y se lanza a su recuperación, siempre con la amenaza chantajista del dedo en el gatillo del arma nuclear, en ausencia de un auténtico poder económico y político.

Como falso primer Ministro, bajo Medvedev como presidente, supervisó la reforma militar y policial y empezó su etapa de “reconquista” rebañando, primero, Repúblicas o regiones, próximas geográficamente y no demasiado distanciadas políticamente: Chechenia, Transnistria, Abjasia, el golpe de estado en Yanayev y una pequeña guerra para recuperar Georgia.

Durante su tercer mandato arrebata, de un zarpazo, Crimea a Ucrania. Todavía no saltan las alarmas pues los territorios anexionados participan, muy patentemente, de lo del “alguna vez”, que decíamos antes y que está en el subconsciente de los europeos.

Pero poco después, en febrero de 2022, merodea la frontera de Ucrania, nación legítimamente independiente, en lo que llama, eufemísticamente, Operación Militar Especial y acaba invadiéndola.

Y ya estamos, de nuevo en lo del “alguna vez”, que deja en evidencia cuales son las aspiraciones de Rusia de largo alcance. Los primeros propósitos manifestados, indicaban una intención de anexionarse los territorios del este de

Ucrania, Donetsk, con la disculpa de costumbre, pero ya se evidencia que ese no es su propósito final. Lo que quiere es toda Ucrania. De momento. Y vivimos intentos de búsqueda de pactos, que Rusia elude, pues va ganando la guerra. No tiene interlocutor “a su altura” pues, el que podría serlo, EE.UU. se ha retirado del litigio, que considera europeo.

Amigos. Cuando Putin muera o sea depuesto, no se lo que vendrá pero, mientras esté al mando, persistirá ese afán de reconquista que lo presidirá todo. Tenemos para rato.