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Giro Italia. Simon Yates, sorprendente campeón en una traca final insólita

(Foto: EFE).

ETAPA 20

M. Jones | Sábado 31 de mayo de 2025
La valentía le da la gloria al británico y al Visma. Del Toro se perdió en el ajedrez con Carapaz en Le Finestre. Harper ganó en Sestriere. Clasificaciones

En el ciclismo profesional las grandes gestas casi siempre son el resultado de una pugna entre la valentía y la táctica. Este sábado se pudo ver dicha dialéctica en su máxima expresión. En la vigésima etapa del Giro de Italia, la jornada final que decidía la maglia rosa definitiva, venció el coraje de Simon Yates. El británico partía en esta fecha con una desventaja de 1:21 minutos con respecto al liderato de Isaac del Toro, así que se la tenía que jugar para dar la vuelta a la situación. Y lo hizo, con un ataque aventurero, de los de antes, a casi 40 kilómetros de meta en las primeras curvas del puerto más importante de esta carrera: Le Finestre. Ahí precisamente había perdido Simon el Giro que tenía ganado en 2018. Chris Froome se lo arrebató en esas trampas que hoy, con 32 años, le han coronado.

El ganador de la Vuelta a España 2018 festejó esta tarde un triunfo mayúsculo, de índole histórica por cómo lo ha conseguido. Nadie contaba con él en las apuestas iniciales y tampoco cuando Primoz Roglic y Juan Ayuso, los máximos favoritos sobre el papel, cayeron en desgracia. El jefe de filas del Visma | Lease a Bike se mantuvo con una regularidad silente mientras que Del Toro exhibía facultades día tras día. En estas semanas ha sabido tapar su genial estado de forma con astucia, dejando que el Ineos de Egan Bernal y el EF Education de Richard Carapaz fueran los encargados de poner en jaque la primacía del diamante mexicano del UAE Emirates. En la sombra, ha ido sosteniendo su camino con consistencia, alejado de los triunfos de etapa. Y ha dado el golpe de gracia en el día clave, justo antes del paseo imperial de Roma.

Le Finestre corona a Simon Yates

Esta maravillosa penúltima etapa, que ya es parte de la leyenda del ciclismo, desafió al pelotón con 203 kilómetros de recorrido, con cuatro puertos y un total de 4.500 metros de desnivel positivo. El reto era colosal y el arranque fue fulgurante. Hasta que la fuga se consolidó, la velocidad quemó las primeras energías de todos. Después, se distanció un grupo amplio de corredores. Más de 30 ciclistas configuraron la escapada del día, con algunos de los nombres más combativos de esta 108ª edición de la Corsa Rosa (Mads Pedersen, Carlos Verona y Pello Bilbao, entre otros). Pero cuidado, aunque pareciera intrascendente el grupeto porque no viajaba ninguno de los favoritos para la clasificación general, contenía un movimiento fundamental. Wout van Aert se filtró y jugaría un papel importantísimo más adelante, en ayuda de Yates. Por el contrario, ni UAE ni el Education colocaron a nadie en la avanzadilla y lo terminarían pagando. El error en la estrategia derivaría en un fallo de bulto con el paso de los kilómetros.

El pelotón no torció el gesto con la fuga en las primeras ascensiones, al Corio (cuarta categoría, 6,5 kilómetros de distancia al 3,7% de pendiente media) y a la Colle del Lys (segunda categoría, 13.7 kilómetros al 4.2%). Dejó que los escapados se marcharan a placer, ya que los favoritos habían subrayado la escalada a Le Finestre, un puerto peculiar y que fue designado por la organización como la Cima Coppi. Pero eso no significa que marchasen guardando fuerzas, ya que completaron la primera hora de esfuerzo a 49 kilómetros por hora. Se iba a tratar de una batalla de desgaste y los ocho minutos de ventaja que llegó a cosechar la cabeza de carrera no le importaron al grupo de los gallos. Había empezado ya la partida de ajedrez entre los equipos, los gregarios y los coches.

Sólo el bloque de Carapaz se preocupó por controlar a la escapada. De hecho, tiraron con fuerza en el descenso del Lys y provocaron un buen susto. El rodador que tiraba del gran grupo no trazó bien una curva y se llevó tras de sí al resto de corredores, con el abismo del barranco a un paso. Por suerte corrigió a tiempo, frenazo incluido, y todos regresaron a la ruta con seguridad. Este incidente, anecdótico si se mira en la superficie, vendría a avanzar lo venidero. Porque cuando cruzaron el esprint intermedio de Chiusa di San Michele y llegaron las primeras rampas del temible Le Finestre (categoría especial, 18,4 kilómetros de distancia al 9,2% de desnivel medio, con tramos del 14% y la cima situada a 2.178 metros de altitud) se prendieron los esperados fuegos artificiales. El delicios descontrol emergió, impotente, para disparar el interés. En el primer kilómetro de la ascensión Carapaz abrió fuego con un acelerón aterrador que tensó las piernas del más pintado.

Carapaz y del Toro, enzarzados

Del Toro no entró de primeras y le cazó a continuación, a ritmo. El mexicano tendría que lidiar con otros cuatro ataques del ecuatoriano en los siguientes kilómetros. Simon Yates se había quedado atrás pero usó su oficio para regular y ejecutar el plan: en un parón de los dos favoritos aceleró y les dejó clavados. E inauguró una exhibición hasta la eternidad. El líder y Carapaz se enfrascaron entonces en una partida de póker que sólo benefició al británico, porque el juvenil se limitó a seguir la rueda del escalador del Carchi. Ahí perdió el Giro un muchacho de 21 años que se había quedado sin gregarios en el punto trascendental y que no recibió las indicaciones pertinentes de su director. Poco a poco, kilómetro a kilómetro, se le fue escapando su inesperado sueño. Más arriba, dentro ya de los ocho kilómetros de pista de grava que conducían hasta la cima, Yates avanzaba con constancia. Y la brecha fue creciendo con solidez hasta llegar a los 1:32 minutos con los que coronó.

A partir de ahí las dudas consumieron al novato. No sabía si esperar o lanzarse a un persecución en primera persona. En el largo descenso y el llano hasta la subida final Carapaz se desentendió y Del Toro no supo qué hacer. Sus escuderos Rafal Majka, Brandon McNulty y compañía estaban demasiado retrasados como para echarle una mano y tirar de su grupo. De repente se descubrió con unas cartas muy desfavorables y no tuvo la rebeldía suficiente como para jugársela al todo o nada. El Visma había recogido el fruto de su estrategia y Van Aert guió a su jefe de filas, como una locomotora, hasta la subida postrera a Sestriere, que sólo serviría para confirmar que Yates acababa de asaltar el Olimpo italiano. En meta alzó los brazos y rompió a llorar. Lo que en 2018 se le escapó in extremis lo agarró este fin de semana, cuando ya se ha convertido en un veterano. Del Toro llegó con Carapaz, a 5:13 minutos de Yates.

El guerrero australiano Chris Harper (Jayco Alula) logró la meritoria victoria parcial, con 1:49 minutos de margen sobre el segundo, el italiano Alessandro Verre. Pero los focos se dirigieron hacia un podio en el que brillaba la emocionada sonrisa de Simon. El ciclismo premió la valentía de un excelente ciclista cuyo palmarés no refleja la clase que atesora. En la etapa previa había abroncado a su director por no haber ejecutado la estrategia preparada en la llegada a Champoluc, mas esta tarde le aplaudió con intensidad. Han sobrepasado con creces las expectativas que trajeron al deshacer las maletas en Albania, hace tres semanas. "Esta mañana pensé que tenía que cerrar el capítulo de 2018 pero no sabía si podía hacerlo", confesó el campeón después de haberse recompuesto del titánico esfuerzo. Este domingo, en Roma, subirá a lo más alto, con el contrariado Del Toro en el segundo peldaño y Carapaz, en el tercero. El mexicano tendrá poco que reprocharse (a fin de cuestas son sus primeros pasos y el futuro le augura éxitos) y el ecuatoriano tuvo más corazón que piernas. Así ha sido el desenlace de un Giro de los que hacen afición.

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