La máquina del fango puesta en marcha por Pedro Sánchez se ha gripado definitivamente. Los propagandistas de Moncloa han tergiversado una conversación entre el excapitán de la Guardia Civil, Juan Vicente Bonilla, y un confidente para difundir que la UCO planeaba asesinar al presidente del Gobierno. El bulo nace de unos comentarios irónicos del capitán, que ahora trabaja para la Comunidad de Madrid, de que el Gobierno iba a poner una bomba lapa debajo de su coche. Pero la Sexta afirmó lo contrario: que la UCO iba a poner una bomba lapa debajo del coche de Sánchez. Y este desatinado bulo fue aprovechado por los ministros María Jesús Montero, Pilar Alegría y Óscar López para arremeter contra la Guardia Civil y Díaz Ayuso como si fuera verdad, como si realmente estuvieran urdiendo asesinar al presidente. A las pocas horas, se conoció el error. La Sexta rectificó y pidió perdón. Pero los miembros del Gobierno no se han retractado todavía.
Desde hace más de un mes, Pedro Sánchez se encuentra recluido en el palacio de La Moncloa. Se esconde, se escabulle, abatido por el aluvión de mensajes, de vídeos y de acusaciones judiciales que le acorralan por sus muchas fechorías. Sufre su mayor crisis política y de imagen al develarse las muchas barrabasadas que ha cometido para sobrevivir con su minoría parlamentaria y acechado por la corrupción.
Reaparecerá para intentar alejarse de la marabunta con su argumento habitual. Que no hay nada de nada: que todo son bulos e inventos de esa conspiración de la “ultraderecha” de jueces, periodistas y políticos que quieren acabar con su legítimo Gobierno. Pero urde algo más. Necesita provocar una conmoción mediática y desviar la atención de los casos que le rodean. Y lo ha conseguido. Ha provocado una conmoción al difundirse el bulo de que la UCO pretendía asesinarle colocando una bomba lapa debajo de su coche. Pero la mentira de la bomba lapa le ha estallado en la cara.