Opinión

Los profetas del odio

TRIBUNA

Roberto Alifano | Lunes 02 de junio de 2025

Es harto sabido que las idea se vuelven extremas cuando el arma de recurrencia es el odio. El odio es algo que se impulsa desde el fanatismo y más allá de cualquier lógica o sensibilidad. En el ejercicio de la política, el odio es el sentimiento más antidemocrático que pueda existir; sobre todo porque excluye el diálogo, es decir, el reconocimiento hacia el otro. Al no haber diálogo se desmorona toda posibilidad de consenso y de entendimiento con el adversario, que pasa a ser un declarado enemigo al que hay que exterminar si es posible. El odio se convierte entonces en violencia, ya sea verbal o explícita; aunque, en el fondo el odio es también impotencia y temor hacia lo odiado, a quien se percibe no como un rival que piensa distinto sino como una mortal amenaza. Por eso también es un mecanismo de oscura y siniestra defensa que puede tener su origen en experiencias traumáticas y aflora como forma de agresión frente a las inseguridades personales. Para evitar sentirse invulnerables, los que odian redirigen su pensamiento al odiado y en definitiva se lo hace por miedo o inseguridad y se padece en carne propia el odio hacia los demás.

Durante esta semana el presidente Javier Milei avanzó en su prédica anticonciliadora establecida principalmente en su odio al periodismo iniciando él mismo una causa por calumnias e injurias contra reconocidos profesionales de la información y de la opinión pública, todos blancos de su desmesurada ira. Y agregó, generalizando, que “los periodistas son las prostitutas de los políticos y si odias al político, al periodista ódialo más, porque cobra impunemente por hacer lo que el político no hace”. Enfatizó, además, a través de las redes sociales, que “la gente no odia lo suficiente a los periodistas y es esa una de las grandes falencias”, instigación que llevará sin duda a una nueva demanda por cometer delito en ejercicio de la función pública. Olvida el odiador Milei que es el presidente de una Nación y que solo la unidad hace crecer a los pueblos.

¿Le sucedió algo similar cuando descaradamente (estúpidamente o vaya uno a saber por qué oscura razón) promocionó a las “cripto estafa” desde su cargo? Como se sabe, los periodistas que ejercen en el sistema democrático son guardianes de la libertad de expresión y del derecho a la información y deben también ser protegidos por la ley, ya que son una corporación con derecho al disenso como cualquier ciudadano libre.

Patéticamente los argentinos ya padecimos el terrorismo de Estado que gobernó al país entre 1976 y 1983, un régimen de terror y violación de los derechos humanos con destrucción de la cultura. En pocas palabras, un sistema para controlar a la población y reprimir la disidencia, ejerciendo censura y manejo de la información. Fue así como se prohibieron libros, películas y programas de radio y televisión; medidas implementadas para someter a la opinión pública. La dictadura Militar fue espantosa y esto que se pretende implementar ahora en democracia es también aborrecible.

Así como Milei disocia el trato con los que él llama la “casta política”, agrega además a periodistas y gente del espectáculo con modales brutales, pasando del compadreo barrial al insulto grosero y a la barbaridad de afirmar que el 85 por ciento de lo que se publica en los diarios es falso. Pero la osadía es idéntica cuando se indaga a los ministros de Milei.

Luis Caputo, el ministro de economía que maneja los contactos con el mundo financiero, anunció exultante y muy suelto de cuerpo, que el periodismo desparecerá al degradarse en sus propias mentiras. Hecho que llevó a la gente de prensa a advertirle, con razón, que la palabra “desaparecer” tiene en la Argentina evocaciones históricas más graves que su significado académico. La administración de Milei y muchos de sus funcionarios exhiben lagunas, que se asemejan a océanos en el conocimiento de la historia del país que comanda. Caputo, el implacable titular de la cartera económica no necesita convertirse en un profesional de la adulación hacia Milei (ahora parece su jefe, y en la realidad ya lo es).

Quizá es importante tener en cuenta, aunque sea al pasar, lo que acaba de señalar el papa León XIV con admirable sinceridad: “La paz comienza con la forma en que hablamos de los demás y debemos decir no a la guerra de las palabras”. Precisamente eso, una “guerra de las palabras es -por ahora- la que se está librando en la Argentina”, un país donde ralea la expresión “unidad”. Por supuesto que el Papa no hablaba de nadie en particular, y mucho menos de nuestro país, donde la guerra está instalada en un espacio donde el Gobierno se envanece casi grotescamente de logros económicos que en nada favorecen a los que menos tienen y cada día define más su perfil autoritario.

Si bien se ha bajado la inflación, esto se debe en buena medida, a la brusca caída del consumo. Hay que mirar bien para entender hacia dónde van los objetivos de Milei y su grupo político. Cuando ellos hablan de libertad económica, se refieren a un minoritario sector, el de más alto poder adquisitivo, no al más necesitado, que hace malabarismos para cubrir los gastos del día a día, llámense trabajadores, profesionales de la salud o jubilados. Cierto, se liberan las operaciones comerciales y en algunos casos bajan los impuestos, pero eso no favorece a la gente de menores recursos.

En concreto ahora la liberalización de las operaciones comerciales a través de la iniciativa que impulsa el Ministerio de Economía, refiere a un blanqueo de capitales, que pretende en principio acelerar las actividades financieras, pero en nada contempla ni favorece a los más necesitados. El mundo del comercio internacional, en el sentido amplio de las finanzas, está emparentado con la macro economía, sin tener en cuenta el consumo de alimentos, los alquileres y el pago de expensas.

Esta iniciativa del Ministerio de Economía, que muy poco tiene en cuenta al presidente, libera algunos organismos financieros, pero no exime al contribuyente que debe pagar sus impuestos religiosamente so pena de ser castigado si no lo hace; tampoco de informar sus movimientos, suponiendo que el dinero negro que alguien pueda tener “debajo del colchón”, como se vulgariza, al utilizarlo en una operación comercial, no merezca penalidad.

Quiere decir que, hasta ahora, no se trata de un blanqueo; sino acaso todo lo contrario. Lo que se está sugiriendo es que en esa zona gris, el Estado mire para otro lado; pero, legalmente el esquema tributario siga como venía hasta los días previos al anuncio y el saqueado contribuyente se hará pasible de ser sancionado si hay una operación con plata no declarada. Más de mismo.

Esto significa que la iniciativa que lleva adelante el Ministerio de Economía es segura desde el punto de vista penal tributario, pero mucho más modesta desde el punto de vista del blanqueo, ya que, en concreto, no lo es. Mucha gente entendida en este tema, aún la más cercana al Gobierno, dice que, en realidad, hay una intención de liberalizar los fondos del colchón, que entusiasma al presidente; en especial porque, en alguna medida, se aproxima a su obsesiva idea de dolarización, que fue su promesa inicial durante la campaña política y que finalmente tiene muchas dificultades para implementarse.

Estas recientes medidas económicas, con la excusa del costo de una docena de empanadas, llevaron al actor Ricardo Darín a tomar partido por la gente más necesitada, siendo blanco de insultos y críticas no solo por los “trolls” pagos de La Libertad Avanza, sino también por el propio ministro Caputo. En ese marco, la organización artística que nuclea a los actores, emitió un comunicado respaldando la posición de Darín y acentuando la palabra “odio”, que enfatizamos al comienzo de esta reseña. “Ya se ha transformado en una costumbre -dice la corporación gremial-, en un modo de gobernar odiando, la falta de respeto, la agresión explícita, burda y socarrona, que se ensaña ahora con Ricardo Darín, un miembro de nuestra comunidad, por el sólo hecho de expresarse libremente”.

En la realidad Caputo-Sturzenegger (el Ministro de Desregulación y Transformación del Estado) empiezan a comandar al decadente Gobierno. El profeta del odio que preside el país parece reducido a su odio y al enfrentamiento con periodistas y actores. La economía ahora está en manos del dinámico e implacable dúo. Los verdaderos dueños de los contactos financieros internacionales.