Porque hasta su cargo como secretario general del PSOE está en entredicho; es una farsa. Según se ha sabido por las pruebas aportadas por la UCO al Tribunal Supremo, ganó las primarias de 2014 con un pucherazo ejecutado por el propio Santos Cerdán con la ayuda de Koldo, que se encargó de colar papeletas falsas en la urna. Como le dijo Feijóo, “empezaron robando en las primarias y no han parado”.
Todavía se desconoce si Pedro Sánchez participó en las mordidas de sus hombres de confianza, pero se ha demostrado que es un corrupto por amañar las elecciones de su propio partido. Que ha sido capaz de engañar a sus dirigentes y militantes con tal de llegar al poder.
Con estos antecedentes, nadie puede fiarse de que no intente dar un pucherazo a la venezolana en las próximas elecciones generales. La permanencia en la Presidencia del Gobierno de Pedro Sánchez supone un peligro y una tragedia para la democracia española. Y un cataclismo para el PSOE que terminará destruido si su líder pasa página y sigue adelante como si no hubiera ocurrido nada. Como si la corrupción le fuera ajena.
Pero es evidente que no dimitirá. Se aferrará a la poltrona como única tabla de salvación. Aunque, como decíamos en un editorial reciente, todavía queda la esperanza de que la Justicia ponga en su sitio y siente en el banquillo de los acusados al presidente del Gobierno. Hay innumerables indicios y hasta pruebas de que Pedro Sánchez está detrás de muchos de los supuestos delitos que se juzgan, como la filtración por el fiscal general del Estado de los mensajes del novio de Ayuso, “a raíz de indicaciones de la Presidencia del Gobierno”, según afirmó el juez del Supremo. La Justicia tiene que demostrar que todos los caminos de la corrupción conducen a Moncloa. Tiene que acabar con esta Presidencia del Gobierno para salvar la democracia.