Opinión

El Pueblo elige mal

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Viernes 13 de junio de 2025

Nuestros intelectuales “analogiconostalgicoderrotistas”, herederos de la Generación del 98, aquella de la “Rebelión de las masas” y del “que inventen ellos”, nos dicen, afligidos y decepcionados, que el pueblo elige mal, que no sabemos elegir a nuestros dirigentes y que por eso tenemos lo que tenemos.

Y acusan:

A los camioneros que, en jornadas interminables, llevan nuestra huerta de Murcia a Oslo.

A las vendedoras y cajeras de supermercado que, después de jornadas alienantes, repitiendo los mismos estribillos, van a atender sus hogares y sus familias.

A los emprendedores de jornadas de veinticuatro horas, que tienen que pagar la nómina a fin de mes y los acuciantes impuestos demasiado a menudo. A los que abren sus tiendas, cada mañana, con la esperanza de seguir “dentro del mercado”.

A los enfermos que no encuentran asistencia a tiempo.

A los viejos que, después de remar toda la vida, no ven la forma de llegar a la otra orilla.

A los camareros y demás servidores de bares y restaurantes, de extrañas e ilimitadas jornadas.

A las jóvenes parejas que no encuentran techo donde emprender una vida en común.

A los jóvenes que no encuentran trabajo adecuado después de sus estudios.

A los que una vez encontrado, resulta tan precario, que no les permite independizarse.

A los que, después de una vida de trabajo, desasosiega la mano que merma sus ahorros, con impuestos e inflación.

A los trabajadores de día y noche, vigilantes, policías, taxistas, sanitarios, médicos, obreros, estudiantes, albañiles, etc…

Y a todos los currantes que curran, curraron o aspiran a currar.

Les acusan de frivolidad, vulgaridad y falta de interés por la política y la cultura. A diferencia, según ellos, de la gente de su tiempo que, al parecer, se levantaban de mañana leyendo los artículos de fondo, recitando poesías de Lope o escuchando música de Chaikovski. Y de no usar el tiempo libre, del domingo por la tarde, para repasar prensa y estudios más profundos, sobre economía y ciencia política, que les preparasen para elegir, con acierto, a nuestros posibles dirigentes cuando se dignen consultarnos.

Amigos. ¿Os acordáis de cuando nos gobernaban aquellos que decían tener sangre azul y se sucedían de padres a hijos? ¿Aquellos que tenían como ayuda a poderes eclesiásticos que apacentaban el rebaño al que llegaron a denominar así?

Pues estamos en las mismas. Estos también se creen ungidos y tienen sus partidos políticos llenos de pastores que nos apacientan como aquellos. Recrimináis al pueblo por no leer y sobre todo por no leer vuestras obras, lo que achacáis a incultura, cuando lo que ocurre es que el pueblo os reprocha que no les orientéis honesta y valientemente, primer deber de sus intelectuales, para que sepa distinguir los buenos de los malos. Cosa que no hacéis.

Y así, estamos. Como siempre. Antes, aquellos que nos mandaban, decían tener sangre azul y tenían una Iglesia que lavaba nuestras mentes y nos sectarizaban.

Los de ahora quisieran tener la sangre azul y encuadran, en cada partido, una iglesia de paniaguados, “comerciales” de sus bondades y de las maldades del contrario, que pagamos con nuestros impuestos y que se dedican a distraer al pueblo, para inocularle las mentiras que perpetúen su estancia en el poder.

Y no se conforman con eso, sino que tantos y tantos, se acomodan en el carro del que tira el pueblo. Y encima le arrean.

Les acusan de elegir mal cuando ya no hay donde elegir bien. Y desvergonzadamente, permitís a nuestros políticos que pasen impunemente del “Nosotros hacemos esto porque es lo mejor” al “Esto es lo mejor porque lo hacemos nosotros.