Los Lunes de El Imparcial

Luis Haranburu Altuna: El suicidio de España

Ensayo

Domingo 15 de junio de 2025

Almuzara. Córdoba, 2025. 272 páginas. 21 €. Libro electrónico: 6,99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar



En El suicidio de España. La autocracia de Pedro Sánchez, Luis Haranburu nos ofrece una obra tan oportuna como necesaria para entender el delicado momento por el que transita nuestro país, camino de convertirse en una autocracia. Para ello, señala sin complejos quién (Pedro Sánchez) y qué (el sanchismo) es el responsable de la voladura cada vez menos encubierta del edificio constitucional que nos ha permitido décadas de concordia y progreso a todos los niveles (político, social, económico).

El sanchismo se ha convertido en la “ideología” que dirige España desde 2018. Su fórmula es relativamente simple pues se basa en la construcción de un enemigo al que convierte en el motor de sus políticas. Esto genera implicaciones en la práctica política en forma de desprecio del control parlamentario, de marginación del debate en el interior del PSOE y de rechazo de aquellas sentencias judiciales que puedan resultar contrarias a los intereses del presidente del gobierno.

El resultado es una erosión notable del Estado de Derecho y la mutación de nuestra democracia, hallándose cada vez más cerca de ser calificada como “iliberal”: “Sánchez se ha manifestado como el presidente de la excepcionalidad y ello nos recuerda lo que Carl Schmitt afirmó al respecto: soberano es quien puede decretar el estado de excepción” (p. 210).

Como subraya Haranburu Altuna, lo fundamental es buscar la división y la polarización en la sociedad, un modus operandi que inició Rodríguez Zapatero recurriendo a la memoria revanchista de la Guerra Civil y a ciertas modas ideológicas creadas en EEUU. No obstante, la influencia de Podemos siempre ha estado presente en el PSOE de Sánchez. Este fenómeno ha sido analizado por referente históricos del socialismo español, como Redondo Terreros, expulsado del partido cabe apuntar, quien afirmó que “hoy el PSOE tiene un ideario que son retales de Podemos” (p.159).

Así, con el sanchismo, el libres iguales de antaño ha sido suplido por el progresismo, en el cual lo woke ocupa un espacio clave. Como sostiene Antonio Elorza, el buen fin, representado por Sánchez, justifica cualquier decisión adoptada, aunque contradiga el punto de vista anterior del partido, como certifica la amnistía concedida a los golpistas catalanes, y no debe estar limitado por ataduras jurídicas y legales. Esto suscita repercusiones de calado que afectan directamente a la Constitución de 1978 al concebirla como un “texto interpretable y opinable con flexible constructivismo e imaginación partidaria, para adecuarlo a las arbitrarias e imprevistas políticas del sanchismo” (p. 120).

En este sentido, la proliferación de sintagmas vacíos de contenido es otro de los rasgos que caracteriza al actual PSOE. Al respecto, quizá uno de los más significativos es el de la “regeneración democrática”, el cual esconde un objetivo contrario a todo parámetro ético y democrático como es la censura de aquellos medios de comunicación que no comulgan con los dogmas difundidos por el gobierno. No obstante, como marca distintiva del sanchismo está su querencia por gobernar prescindiendo del parlamento, atributo propio de un autócrata. La pandemia COVID 19 sirvió como lanzamiento para esta peculiar “metodología”, la cual se ha ido repitiendo de manera frecuente mediante una serie de medidas unipersonales y arbitrarias adoptadas también en política exterior.

En efecto, en este último ámbito sobresale la postura favorable hacia Marruecos en la cuestión del Sahara, provocando la consiguiente crisis diplomática con Argelia (principal proveedor de gas para nuestro país) y con Podemos, sin olvidar que laminó la reputación de España en el escenario internacional. Como sentencia Luis Haranburu: “Todo ocurrió, según parece, por iniciativa y decisión de Pedro Sánchez, que la tomó por su cuenta y riesgo como suele ser en casos de fuerte impacto político y mediático. Más tarde, ocurrirá otro tanto con la guerra de Gaza y el reconocimiento del Estado palestino (…) En el caso de reconocimiento del Estado palestino también se produjo un grave incidente diplomático con Israel y las relaciones mutuas quedaron visiblemente afectadas” (p. 100).

En definitiva, el sanchismo recurre al manejo de una neolengua con la finalidad de dividir a los españoles en sanchistas vs desafectos al régimen. Estos últimos suelen ser obsequiados con el epíteto de fascistas. Asimismo, privilegia la relación con partidos que pretenden la destrucción de España mediante una coalición que, como señala con acierto el autor, supone un “remedo del Frente Popular de 1936”. A partir de aquí, la demolición de nuestro edificio constitucional no admite marcha atrás, de ahí la importancia de la sociedad civil a la hora de poner fin por cauces democráticos a un paréntesis que, entre otras consecuencias contrarias a la decencia y a la ética, ha elevado a la categoría de referentes políticos a los testaferros de ETA.

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