Opinión

Teatro

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 18 de junio de 2025

Don Pedro, hace unos días me dejó usted preocupado. Parecía recién llegado del entierro del conde de Orgaz. Negro zaino con aspecto de Lurch, el mayordomo de la familia Addams. Recuérdelo, fue cuando compareció para dar testimonio del obituario de su ego. Pero no, una vez más nos regaló uno de sus performances habituales. La mentira en forma de oficio digno del mejor teatro de vanguardia, ya sabe, ese movimiento que niega cualquier estructura establecida a través de nuevas formas de expresión. Puro estilo para rechazar la teoría de que la rueda aún no está inventada y otras sandeces por el estilo. Siento decirlo, pero no dio usted la imagen correcta. Quizás por un ácido hialurónico caducado o que la manteca de karité le causó una oclusión de poros, lo cierto es que en el set de maquillaje debieron confundir el color de un presunto rubor con el barniz para pintar barcos.

No cuela, don Pedro. Su puesta en escena me recuerda a Olga Guillot interpretando la mítica canción “Lo tuyo es puro teatro”:

Igual que en un escenario,

Finges tu dolor barato.

Tu drama no es necesario.

Ya conozco ese teatro.


Fingiendo,

Qué bien te queda el papel.

Después de todo parece

Que es esa tu forma de ser.


Teatro,

Lo tuyo es puro teatro.

Falsedad bien ensayada,

Estudiado simulacro.

Perdona que no te crea.

Me parece que es teatro…”

Como digo, la representación fue un desastre en toda regla. Falló la puesta en escena. Su macilento rostro, su andar compungido, cabizbajo, arrastrando penas, como un peregrino dentro de su propio cuerpo, hasta que alcanzó las bambalinas donde la Providencia de las malas intenciones oculta la doble moral y las peores mentiras. Lugar que, por cierto, es a la vez cautiverio de los sentidos, donde la hemeroteca guarda memoria de engaños y decires que acreditan su fallido intento de darnos gato por liebre. Ya no cuela, don Pedro, el poder a cualquier precio al final no te reconoce como dueño, y los que hoy son aduladores de reparto dejarán de fingir y exentos de adulaciones quedarán cuando los presuntos o presuntas hayan pasado a justicia de sentencias.

Y no suficiente con ello, hay quienes le siguen con algarabía, como si de usted emanase un halo de conquista. Y vuelve a repetir función, buscando la ovación cada vez más terciada, más comprada. Idéntica obra teatral para advertirnos que, siendo las cinco de la tarde, aún no había comido. Dicho quedó como sentencia del hambre, pues nadie cree que su Señoría pase calvarios en llegar a fin de mes, ni siquiera en tener que pagar de su bolsillo un socorrido canapé. Mal comienzo en esta nueva escena teatral, que vino a decirnos que su partido político es una organización limpia. Quizás la más pura de todo el planeta. La que ‘blanquea’ con impoluta y nívea tersura. A partir de ahí, dio a beber la savia de la hiedra a sus congéneres del Peugeot, dejando claro quién es el líder de la “banda”. Después, todo fue ‘yoísmo’.

Pero la blancura no siempre es sinónimo de limpio. Usted mismo, su gobierno y tantas féminas de la nómina socialista, o están bajo secreto de confesión o hacen la vista gorda ante el denigrante mercadeo de mujeres, prostitutas unas, señoritas de compañía otras, todas ellas destinadas al gozoso quehacer de renombrados miembros de su partido. Hembras para aliviar deseos y calenturas como justiprecio de presuntas malas artes y peores hechos, pues digo yo, que para ser tan pulcra y tanta la doctrina del feminismo que usted se gasta ¿dónde habitan ahora las féminas de su partido, que ni se rebelan ni ponen el grito en el cielo? ¿Por qué ahora no toman las calles en concierto de repulsa? ¿Quién defiende la dignidad de la mujer objeto de mercancía? Su gobierno, don Pedro, o la gente de bien, tal vez. Ni una sola representante del Ejecutivo, ni tan siquiera de la coalición –anejo inseparable, por cierto-- lo ha condenado. Guardan el silencio cómplice por simple ingeniería política y también por cobardía.

En fin, don Pedro, lo de las cinco de la tarde y sin comer me ha dejado consternado.