El Gobierno ha entrado en pánico por el temor a que después de Ábalos, Koldo y Cerdán puedan aparecer nuevos casos de corrupción, informes de la UCO o revelaciones que afecten al presidente, a más socialistas y al futuro de la legislatura. De momento, se ha confirmado que la presidenta socialista de Navarra subvencionó con millones de euros a la empresa Servinabar, propiedad de Cerdán. Y el número 2 de Chivite ha dimitido después de saberse que su mujer estaba contratada por dicha empresa. Como ha declarado Emiliano García Page, “lo que más preocupa a Sánchez todavía no se ha publicado en los periódicos”. Y ha asegurado que “hay discos duros con conversaciones con el presidente”. En efecto, la UCO sospecha que el dispositivo digital que intentó ocultar la amiga de Ábalos durante el registro de su casa en Valencia contiene grabaciones de conversaciones con Pedro Sánchez. Y en ese impase, el líder del PSOE se refugia en su búnker de La Moncloa, vacía su agenda política y no pisa la calle por temor a ser abucheado. Pero “está tocado”, según comprobó Rufián en su encuentro del miércoles.
Precisamente por esa incertidumbre, los hasta ahora fieles socios del Gobierno, esperan acontecimientos antes de mover ficha. No quieren dar su apoyo incondicional a Sánchez, ni siquiera quieren ser fotografiados a su lado por temor a ser contagiados. De ahí, el fracaso de la ronda de consultas que ha celebrado el presidente en La Moncloa con el propósito de recabar apoyos, pues ha comprobado que mantiene una absoluta minoría parlamentaria. Está solo, tocado y quién sabe si también hundido. Hasta Yolanda Díaz se ha escabullido de la sesión de control al Gobierno para parapetarse de la tormenta de corrupción. Rufián ha atacado a Sánchez sin piedad y Podemos ha declarado que “la legislatura está muerta”. Los socios no quieren que el estercolero les salpique.
Pero Pedro Sánchez insiste e insiste en prolongar la legislatura hasta 2027, hasta el último minuto. Tiene la esperanza de aprobar su reforma judicial para intentar anular los juicios que podrían condenar a su mujer, su hermano y al fiscal general de Estado. Pues si así fuera, estaría políticamente muerto. Es su última esperanza. Pero el tiempo corre y las investigaciones de la Guardia Civil y las instrucciones de los tribunales siguen adelante. Además, esa minoría parlamentaria impide ahora aprobar la reforma judicial que ha puesto en pie de guerra a jueces y fiscales. Como ha sentenciado García Page, “Sánchez ya no tiene una salida digna”. Pero el presidente sigue empeñado en prolongar su agonía.