¿Terminará políticamente Pedro Sánchez igual que Bettino Craxi?. La respuesta a esta pregunta es muy complicada, pero dado el paralelismo personal y político de ambos personajes, podríamos aventurarnos a dar una respuesta más cercana al sí que al no.
Veamos. Bettino Craxi fue un político italiano que llegó a ser Presidente del Consejo de Ministros de su país de 1983 a 1987, en la primera etapa del aquel engendro que los dirigentes trasalpinos denominaron “pentapartito” y que estuvo implicado en la trama de corrupción de “Tangentopoli”, por la que Craxi tuvo que huir en 1994 a Tunez, donde falleció en el 2000 con 65 años de edad.
Pero vayamos al grano purulento de la cuestión, mejor dicho de la corrupción. “Tangentopoli” fue el mayor escándalo de la historia reciente de Italia y que estalló el 17 de febrero de 1992, cuado el dirigente socialista Mario Chiesa fue sorprendido tras un soborno. Esto provocó un terremoto político, pues fue la causa de la desaparición del Partido Socialista Italiano y de la Democracia Cristiana, con la llegada de la Liga Norte de Silvio Berlusconi con su Forza Italia.
Aquel 17 de febrero de 1992, supuso la caída de la primea ficha de ese complicado dominó italiano, pues el Partido Socialista Italiano era un autentico grupo de poder, sobre todo en el norte y en Milán, la capital lombarda. Los socialistas decían que Italia debería “modernizarse” después de medio siglo de poder democrsitiano, que era para muchos “un estado dentro del Estado y que siempre había estado conectada con el poder”.
“Craxi, tras convertirse en Presidente del Consejo de Ministros en 1983, quiso instaurar un sistema de poder totalmente nuevo e informal. De hecho, recuerdo, que en su investidura se presentó en el Quirinal, el Palacio Presidencial, en vaqueros y camisa, lo que hizo que el Presidente Pertini, le echara un gran bronca y le dijera textualmente: “vuelva con una vestimenta más respetuosa y no se le ocurra hacerlo así nunca más”.
Pero, el poder transforma a las personas, eso dicen, y en aquella época aún más, aunque los dirigentes socialistas fueran jóvenes políticos que se vieron involucrados voluntariamente en “Tangentopoli”, una palabra que los periodistas italianos sacaron de “Paperopoli”, en español “Patoburgo, es decir la ciudad imaginaria donde vive el Pato Donald y sus amigos, porque era entonces un mundo, el italiano, dominado en lugar de por patos, por los sobornos, “tangento” en el idioma italiano.
Recuerdo de haber escritos crónicas en mi época de corresponsal en Italia y artículos posteriores, relatando como en Milán se encuentra en la zona Pio Albergo Trivulzio, una residencia para personas mayores, cuyo presidente o director era Mario Chiesa, un hombre muy importante del Partido Socialista, pero que como ha sucedió en nuestro país, casi siempre está en la sombra, y no en la que da un celda carcelaria, sino en aquella cercana al poder.
Entonces apareció en escena Antonio Di Pietro, un expolicía que había llegado al cargo de Fiscal General de Milán en 1992, que se dedicó a unir piezas sueltas de sobornos y escándalos en la ciudad lombarda, entre ellas las llegadas de cantidades de dinero que empresas más o menos grandes pagaban a las entidades estatales a cambio de algún trabajo público. Fue una época complicada y difícil pues había silencio en todo y dinero para muchos, o sea corrupción por parte de funcionarios públicos, que se aprovechaban de su posición y en su propio beneficio. Era un sistema que engordaba ilegalmente las carteras de cargos públicos para que los empresarios, que pagaban ganaran concursos públicos Un grave situación que el Fiscal Di Pietro abortó con trampas en las que colaboraron algún que otro socialista.
Descubierto el pastel, las fichas se derrumbaron una a una y tras una elecciones generales en las que se perdieron estrepitosamente el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, comenzaron las detenciones y Craxi, condenado por corrupción escapó a la localidad tunecina de Hammamet, donde murió.
Los periodistas recordamos como la investigación iniciada con Mario Chiesa fue conocida como “Manos Limpias”, que abrió las puertas para que se conociese a” Tangentopoli” y a unos ciudadanos que querían que los políticos corruptos de su país desaparecieran como el partido político al que pertenecían.
Craxi, como Presidente del Consejo de Ministros Italiano visitó Españl el 24 y 25 de mayo de 1985, invitado por Felipe González, y tras una cena ofrecidaa por el Ministro español de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, en el Palacio de Viana, tuve la oportunidad de entrevistar al dirigente socialista italiano, que me habló de las bondades de la política y de los políticos de su país, “que son como nuestros hermanos españoles”.
La pregunta del titular de este artículo: ¿Sánchez igual que Craxi?, no tiene como respuesta, naturalmente, la muerte física del primero, sino la similitud de casos de corrupción y el final de un partido, el socialista, qué si no encuentra soluciones desde dentro del mismo, puede acabar como el italiano: desapareciendo. Y hay muchas coincidencias.