El Atlético ganó este lunes al Botafogo pero no fue suficiente para evitar la eliminación prematura del Mundial de Clubes. El equipo rojiblanco pagó con dureza su terrible primer partido del torneo (4-0 en contra) y las lagunas de concentración que le han costado despedirse de la pelea por los títulos en los últimos meses de la temporada. Esos males, que vacían de intensidad y hambre a la plantilla colchonera durante largos tramos de los partidos, han terminado por completar un fracaso rotundo. Porque llegaron a Estados Unidos como uno de los clubes de mayor presupuesto y se van como el primer europeo apeado (empatado a puntos con otros dos equipos en el 'grupo de la muerte'), más acertado a la hora de protestar a los árbitros que en la finalización de las jugadas ante el arco rival.
Diego Pablo Simeone sabía que en esta fecha debían golear al vigente campeón de la Copa Libertadores. No era una empresa sencilla. Había que ganar por tres goles de diferencia para así asegurarse una plaza en los octavos de final y sortear la trampa del 'gol average'. Lo sabía y eligió meter en el centro del campo al musculoso Conor Gallagher. Particular decisión que sacó del once a Antoine Griezmann y definió la deriva del técnico argentino en este campeonato (y en tantas otras ocasiones cuando se la juega): en el debut apostó por el perfil atacante de Samuel Lino, en el segundo encuentro metió el cuidado del balón de Koke y hoy, cuando debía ir a por la portería oponente, eligió a un motor de brega. Una vez más, el 'Cholo' pareció pensar más en protegerse cuando el contexto eleva la presión.
Sí dio continuidad a Alexander Sorloth... pero no ordenó centrar balones al área. Incomprensible dada la altura del atacante noruego, que sabe rematar, bajar balones y jugar para sus compañeros desde el aire. Pareció tardar más de 30 minutos en cambiar el plan el estratega argentino y corregir semejante sinsentido. En esa media hora sus muchachos se estrellaron una y otra vez en el muro brasileño. Les resultó imposible hilvanar entre líneas a los madrileños. La red de ayudas que había nublado al PSG en la jornada anterior (Luis Enrique acabó diciendo que el bloque preparado por Renato Paiva "es el equipo que mejor nos ha defendido en toda la temporada, tanto en Liga 1 como en la Liga de Campeones") desesperó a los creativos colchoneros, que por otra parte reiteraban pérdidas e imprecisiones ante el 4-5-1 brasileño.
Pablo Barrios jugaba en la base de la jugada por la suplencia de Koke, hecho que privó al colectivo de la capacidad llegadora del juvenil. Otro lastre que no ayudó. Estaban obligados a crear en estático y les costó un mundo. Asimismo, y esto es más descriptivo de por qué no han ganado ningún trofeo este curso, no se activaban tras pérdida con ardor y Botafogo podía salir a la contra a placer. Tardaban un mundo en recuperar el cuero los rojiblancos y concedían transiciones rápidas, el mejor alimento para los atacantes del 'Fogao'. La inteligencia de Jefferson Savarino y de Igor Jesus (uno de los fenómenos del torneo) hizo trizas por momentos, y por el centro, al repliegue del Atlético
Jan Oblak emergió para salvar a su delegación, por enésima oportunidad. En el minuto 10 repelió un mano a mano ante Savarino, que había recibido un pase fenomenal al espacio de Igor Jesus. Este delantero, que probará suerte en la Premier League a través del Nottingham Forest, fue indetectable con su habilidad para pivotear. Oblak le arrebató el gol en el minuto 14, en otro pase en profundidad que descosió a la línea defensiva española; a continuación Artur Guimaraes chutó cerca del palo un centro preciso de Savarino; y en el 28 Gregore disparó al lateral de la red. Parecía impensable que los españoles estuvieran en situación de tener que golear para pasar de ronda. Ni atacaban con filo ni se cerraban con eficacia.
El balón parado les echó una mano en pleno desierto y por ahí Gallagher remató alto en el 17. Se trató de una gota descontextualizada que dio paso a la recuperación de Sorloth que concluyó en el remate flojo de Barrios que estrenó los guantes del meta John Víctor. Entonces Julián Álvarez despertó y pidió penalti de Jair Cunha. El talentoso central le dio un leve toque cuando el argentino ya se estaba cayendo, así que el colegiado no pitó nada. Pero los colchoneros, que han dirigido la frustración de su rendimiento hacia las protestas arbitrales, le llamaron de todo al trencilla. El 'Cholo' le gritaba sinvergüenza desde la banda. No sabía que más adelante, antes del descanso, tendría una ocasión más fundamentada para dar rienda suelta a su rabia.
Llegó el parón para refrescarse y Rodrigo de Paul empezó a emitir centros laterales desde la derecha. En consecuencia, Sorloth comenzó a dar problemas a los espigados zagueros brasileños y la tranquilidad de John Víctor quedó erosionada. En el 37 un envío sensacional del argentino recibió el toque del noruego y Julián no atinó a embocar por muy poco; y en el 43 un pase filtrado de De Paul derivó en el remate cruzado de Álvarez desviado. Perdonó la estrella rojiblanca, que no ahorra esfuerzos aunque estas semanas no ha brillado por su puntería. Su tesón y otro centro lateral peleado por Sorloth se conjugaron en la acción clave. En el 44 'La Araña' sufrió el pisotón de Gregore en el área. Penalti. Sin embargo, el árbitro no lo señaló. El VAR le llamó y lo que acabó viendo es una discutible falta previa por empujón del noruego a Cunha. La polémica estaba servida y Simeone se fue corriendo a por el colegiado en cuanto indicó el camino a los vestuarios.
Con todo, el Atlético había chutado a puerta una sola vez. Ya sin margen, el 'Cholo' incidió en la táctica de los centros parabólicos y metió a Griezmann en la reanudación. Sus jugadores de repente compitieron como se supone que deben hacerlo, con una presión y empuje volcánicos. Había tiempo, aunque se susurraba la sensación de que ya era demasiado tarde. Marcos Llorente, portentoso, hizo suyo el carril diestro y 'Grizi' se unió como centrador, si bien en el 60 tiró al poste. Compareció Ángel Correa en el 60 y se fue un Giuliano perdido al tener que desbordar en estático. Entonces, cuando Botafogo estaba sufriendo como nunca, apareció el desacierto en la finalización de los españoles. Sorloth cabeceó fuera, con todo a favor, un gran centro de Llorente -minuto 62-; Griezmann no llegó de milagro a un centro lateral de Julián -minuto 70-; y el francés perdonó en el área pequeña un pase nítido de Correa -minuto 83-. Crearon 23 remates pero sólo cinco fueron con la dirección correcta.
Mereció más el conjunto del Metropolitano, que acabó jugando con Koke, Nahuel Molina y Samuel Lino. Con todo el arsenal... menos Sorloth. Otra elección particular. Desbordó a la roca de Paiva a pesar de que el técnico portugués había refrescado las piernas de sus jugadores. Quemó los cinco cambios antes del minuto 75. Y la impotencia rojiblanca contrastaba con la pericia brasileña, que en el 67 a punto estuvo de anotar cuando Igor Jesus remató y Oblak voló para evitarlo. En el 68 Gregore cabeceó a las manos del meta esloveno y en el 81 el reciente fichaje Álvaro Montoro disparó cerca de la madera. Al final, Griezmann acertó en el minuto 87, después de que Julián hubiera hipnotizado a toda la zaga del Fogao. Primer tanto del galo en 18 encuentros y alegría insuficiente, que no pudo maquillar (como tampoco las resbaladizas decisiones arbitrales) el desastre del debut y la ausencia de raza, en general y para ir a golear al débil Seattle Sounders en la última media hora. Así se extinguió la dura temporada colchonera. Tienen poco más de un mes para repensarse, para que el mensaje del estratega cale al 100%.