El humor siempre viene bien. En un consagrado programa radial de la remota época en que yo era un divertido adolescente, me apropié de una frase, que aún repito, de un famoso locutor llamado Edgardo Suárez. En su espacio, “el negro Suárez” respondía cuando le preguntaban cómo le iba: “Y ya lo ve, meta vivir nomás”, que cambiaba una palabra del aviso publicitario de la otrora famosa ginebra “Llave”, que decía “Y ya lo ve, siempre con W”.
Agrego que don Edgardo, nacido en la provincia de Mendoza en 1932 y fallecido en Buenos Aires en 1992, fue no solo un brillante locutor, con una voz incomparable, sino también actor de cine y conocido por haber sido quien relató el encuentro partidario del 20 de junio de 1973, realizado con motivo del retorno al país de Juan Domingo Perón, acompañado por una comitiva entre la que estaba el circunstancial presidente Héctor José Cámpora, que desembocó en el horrible enfrentamiento armado llamado la Masacre de Ezeiza y que desde el palco de los organizadores alternaba los llamados a la tranquilidad la voz de otro querido amigo y admirado amigo, el múltiple y talentoso Leonardo Favio, a quien tanto le debe el arte cinematográfico en la Argentina. En fin, Pasados y no tan lejanos años de juventud cuando el humor llenaba espacios con imaginativos locutores y cómicos dueños de un lenguaje repentino y revelador, que a veces reproducía con éxito la publicidad. ¿Quién no tiene en su memoria sabiondas frases de aquellos tiempos?
Como soy un repetitivo e infatigable memorioso, desde hace mucho yo vengo repitiendo aquel concepto del escéptico pensador Frederick Nietzsche que, más o menos traducido al buen criollo donde todo lo que se vive se repite en un eterno retorno de las cosas que suceden en esta vida. En esa idea el frenético Zaratustra, personaje de Nietzsche, dice: “Vendré eternamente de nuevo a esta misma e idéntica vida, en lo más grande y también en lo más pequeño, para enseñar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas”. Y completaba: "¡Oh hombre! Aprende a vivir de tal manera que desees que todo vuelva a suceder, tal como ha sucedido." o también como: "¿No te arrojarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esta forma?". Esta idea, central en esa novedosa filosofía, implica que cada instante de nuestra vida, con todas sus alegrías y sufrimientos, se repetirá infinitas veces en el futuro. A no asombrarnos ni inquietarnos entonces por lo que sucede en esta compleja Argentina.
Sin embargo, nunca todo está dicho. La ex presidenta y vice de la Argentina, la doctora Cristina Fernández de Kirchner ya está presa en su domicilio, donde, desde los balcones saluda a su militancia que, como corresponde la acompaña. El de doña Cristina es un caso único en la historia de este vapuleado país. Un hecho que ni siquiera es comparable con la prisión domiciliaria de Carlos Menem. El ex presidente riojano fue encarcelado en una quinta vecina a Buenos Aires con una prisión preventiva, que es la que provisoriamente puede disponer un juez de primera instancia cuando estima que hay peligro de fuga o el condenado puede entorpecer la investigación.
De tal manera que la prisión preventiva es distinta a una prisión dispuesta por una condena definitiva; verbigracia como es el caso de la doctora Fernández de Kirchner. Y como nada es nuevo bajo el sol de esta querida Argentina, que nos ha sido dada (los otros presidentes constitucionales que fueron encarcelados fueron Hipólito Yrigoyen y Arturo Frondizi, que sufrieron la prisión y el confinamiento luego de haber sido derrocados por implacables dictaduras militares. “Ellos sí fueron presos políticos, no políticos presos”, como lúcidamente razona el columnista del diario “La Nación”, Joaquín Morales Solá).
Eso no es todo. Cristina Fernández de Kirchner es, además, la primera presidenta presa por haber cometido actos de corrupción durante su gobierno. Si seguimos haciendo memoria, nos encontramos que la prisión preventiva de Menem fue por el contrabando de armas a Ecuador y Croacia (los dos países estaban en guerra), pero nunca se supo por qué su gobierno cometió el delito imputado; tampoco se estableció si fue a cambio de sobornos o si fue una consecuencia de compromisos con gobiernos de otros países. Qué yo recuerde, como siempre sucede aquí, las cosas quedan flotando, a veces eternamente. No obstante, debe agregarse que el gobierno de Menem estuvo saturado de denuncias de corrupción, añejo deporte de los argentinos.
Sin embargo, se mire desde el ángulo que se mire, el caso de la doctora Kirchner es único en la historia de la Argentina y podría sentar un importante precedente para los casos de supuesta impunidad en la corrupción política argentina. Algo qué desde esta columna, su autor celebra como corresponde, pues desde este día los gobernantes locales saben que pueden terminar en la cárcel si tocan (o reciben) dinero de manera indebida en el cumplimiento de sus funciones públicas. Y, ojalá -repito- esto se cumpla como corresponde, ya que en este caso ha sido un experimento exitoso que abre una incógnita muy relevante sobre el futuro de toda peripecia en el ético juego del poder.
La multitud que se movilizó para protestar por la prisión que le dictó un Tribunal Oral en la causa Vialidad es la plataforma sobre la que ella ejecuta un relanzamiento político destinado a mantenerla, desde su casa de San José 1111, al frente del peronismo (derivado en Kirchnerismo). El resultado de esa operación es parte de una historia que todavía está abierta y provoca polémica en todos los espacios políticos.
Ahora bien, la premisa mayor de toda esa jugada es bastante obvia. La doctora Kirchner ex presidenta de la República, conocedora de las leyes porque es abogada, nunca tuvo dudas acerca de que la Justicia la penalizaría. Las pruebas sobre los defalcos cometido en Santa Cruz, su provincia, eran múltiples y diversos. Quizá aflojó la mano o se excedió en su generosidad. Y acaso hubieran sido más si esa investigación no se hubiera desmembrado de la que se enfocó en las contrataciones “turísticas” de Hotesur y de la que se siguió por la emisión de facturas apócrifas del testaferro Lázaro Báez. Al respecto, quien esto escribe puede contar lo que investigó por cuenta propia y responsabilidad. Los hoteles en buena parte lujosos que visité, no tenían sitios para alojar viajeros. La reserva podía durar hasta seis meses en concretarse, cuando a simple vista se veía que estaban desocupados. El lavado de dinero adopta a veces formas surrealistas
En consecuencia, condenada por los tribunales superiores, la ex presidenta Kirchner está poniendo toda su energía en que la absuelva la historia. En su caso poco importa la justicia; en especial en el caso de un líder político, ella sabe muy bien que la absolución de la historia sólo se consigue ganando elecciones. Pero claro, como todo se repite en la Argentina, aplicando lo de Nietzsche en su inmortal Zaratustra, lo que sucedió a su espacio político ya está pasando al olvido, y hasta es probable que sea indultada y vuelva a ocupara la presidencia de la vapuleada Argentina. ¡Ah, todo es posible en esta patria del irrespeto!
Meta vivir nomás entonces, que nada supera en lo malo, regular o peor a lo ya vivido. Y, sin duda, podemos agregar que se repita un pasado condenable.