Nuevo director artístico
Jueves 04 de diciembre de 2008
Se trataba de su primera comparecencia en Madrid después de su reciente nombramiento como nuevo director artístico del Teatro Real a partir del mes de enero de 2010. Gerard Mortier se ha presentado a los medios en una rueda de prensa en la que estaba acompañado por el director general, Miguel Muñiz, por el presidente del Patronato, Gregorio Marañón, y por el director general del INAEM, Juan Carlos Marset y, consciente de las voces críticas que se lanzado desde que se tuvo noticia de su incorporación al teatro madrileño, ha querido despejar los posibles prejuicios con un discurso en el que se ha mostrado agradecido, a la vez que apasionado por este nuevo reto en su larga trayectoria profesional.
En efecto, han sido bastantes las críticas que se han hecho al nombramiento de Mortier y la primera, su desconocimiento de nuestra lengua e incluso de nuestro país. Por eso, el director belga ha querido empezar la primera parte de su discurso hablando en español. Ha prometido aprender el idioma en profundidad y muy pronto, a la vez que ha asegurado que se ha reservado un periodo sabático de 4 meses para trasladarse a España y conocerla a fondo antes de empezar su trabajo aquí, a pesar de que ya ha recorrido la península en diversas ocasiones durante los últimos veinte años y que se siente vinculado con el país a través de su educación en los jesuitas y por el hecho de haber nacido en Gante, en la misma ciudad que Carlos V. “Recuerden que los flamencos tenemos un 25% de sangre española”, ha asegurado.
Aversión a Puccini
Pero, sin duda, las críticas más importantes eran las que se referían a su modo de entender la ópera y, por tanto, de encarar la dirección artística de un teatro. Incluso Plácido Domingo había llegado a decir estos últimos días que Mortier sólo podría triunfar en Madrid si cambiaba sus ideas. Sin embargo, el todavía director de la Ópera de París ha querido explicar estas ideas que, no sólo no va a cambiar, sino que ha asegurado que ya ha demostrado el éxito de las mismas, sin que ello signifique que no vaya a ser respetuoso con el gusto del público. En todo caso, no le ha quedado más remedio que mencionar su criticada aversión a Puccini que tanta polémica ha levantado, y ha declarado que tampoco al director de un museo le gustan necesariamente todos los cuadros y no por ello deja de exponerlos. “Puccini es parte del patrimonio operístico y por eso no voy a eliminarlo”, ha dicho.
En primer lugar, no habrá un único director musical, sino que se tratará de un grupo de directores que irán pasando por el foso. Para Mortier, con esta medida no sólo se salva el problema de encontrar un director que esté disponible para toda la temporada, si no que, además, se eleva la calidad de la orquesta, como ya se ha demostrado en París, dónde han tenido de darle la razón incluso los que se oponían a ello. Porque para el director belga, lo más importante no es la puesta en escena como han dicho sus críticos, sino que lo fundamental tiene que ser siempre la calidad musical. . En todo caso, considera la puesta en escena como un lugar teatral y, por eso, prefiere trabajar con pintores, escultores o cineastas.
Producciones para exportar
Apuesta, en segundo lugar, por crear una producción específica para este teatro y para este país, tres o cuatro producciones propias del Real que podrían ser exportadas más tarde a otros teatros, con estrenos mundiales para atraer, además, a la prensa internacional. Y cree firmemente en la comunicación directa con el público, conseguir, como ya lo ha venido haciendo Antonio Moral, que el teatro no mire sólo al Palacio, dando la espalda al público. En París, durante los últimos cinco años ha conseguido rebajar la edad del público que acude a la ópera de los 58 a los 42 años y quiere que en Madrid ocurra lo mismo.
En definitiva, para Mortier está claro que Madrid debe ser el enlace operístico entre Europa e Hispanoamérica y su objetivo más claro es que el Teatro Real figure en la liga europea de primera.
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