Más brotes verdes en Chamartín. El Real Madrid goleó este viernes al RB Salzburgo y se clasificó para los octavos de final del Mundial de Clubes. Hasta ahí, lo correcto, lo obligado dado el pedigrí de ambos clubes. Pero el encuentro ofreció más argumentos para la renovada ilusión del madridismo, que en los primeros 25 minutos del choque vio a sus jugadores presionar como nunca. Tal fue el arrojo y la coordinación que cuesta recordar un desempeño defensivo semejante en el conjunto de Concha Espina. Aunque parezca extraño, Xabi Alonso ha empezado ya a borrar algunos de los vicios propios del mandato de Carlo Ancelotti... y eso es razón suficiente para que el optimismo cale en el aficionado.
El técnico vasco sumaba esta madrugada su tercer enfrentamiento al mando del Madrid, con un puñado más de entrenamientos. Mas posee la personalidad y la seguridad suficientes para probar una defensa de tres centrales y dos carrileros largos, esquema exótico en Concha Espina. Repitió el once que derrotó al Pachuca, con la única variante de la inclusión de Antonio Rüdiger por el sancionado Raúl Asencio, pero ordenó competir siguiendo la ruta con la que conquistó la Bundesliga en Leverkusen. Aunque esté en juego un título histórico, es momento de experimentar. De examinar la viabilidad de las variantes. Y la apuesta ha funcionado a la perfección, con Arda Güler llevando el traje de Toni Kroos. El turco jugó en esta fecha creando desde la base, compartiendo el doble pivote con un Fede Valverde espléndido en la corrección tras pérdida. Entre ambos han mostrado automatismos incipientes de esos que agigantan los proyectos.
Sabían los españoles que les valía el empate para pasar de ronda como primeros del Grupo H. Sin embargo, habían avisado que iban a ir a por la victoria y cumplieron. El Lincoln Financial Field asistió a una media hora inicial sobresaliente del favorito. Presionaron con un ardor sensacional y se adueñaron de la pelota a las bravas. En eso se ha vuelto fundamental la figura de Gonzalo García porque aprieta la salida de pelota rival con un fervor emocionante. Con ese pilar establecido, los merengues combinaron siempre en campo rival, de lado y lado y encontrando entre líneas a Jude Bellingham. Xabi Alonso tiene grandes desafíos y uno de ellos es reenganchar al inglés y a Vinicius. Para el mediapunta le ha reservado la labor entre líneas y ahí es feliz. Su impresionante rendimiento frente a los austríacos así lo atestigua. Pudo dividir, girarse, romper en conducción y trazar desmarques de ruptura. Por momentos su juego recordó al de hace un año y medio.
Disfrutar del mejor Bellingham allana el camino hacia la victoria. Y si a ese potencial se le añaden recuperaciones adelantadas, emerge una línea recta hacia el festejo. Con la actitud adecuada, los madridistas ejecutaron un dominio total que hizo frotarse los ojos a sus hinchas. Ese es el nuevo libreto y el 5-3-2 favorece mucho a Trent Alexander-Arnold. El lateral flaquea en defensa y en ese dibujo queda un tanto liberado en ese sentido, pudiéndose centrar en su excelsa faceta atacante. En el minuto ocho le regaló un centro a Rüdiger que acabó en un cabezazo alto y en el 14 conectó con el pase de Gonzalo que desperdició Vinicius, con todo a favor. Fueron los primeros avisos, si bien la prioridad era aplicar una soga táctica para, después, generar peligro continuado.
Bellingham abrió la espita de la ocasiones en el 20 al girarse en tres cuartos de cancha y pintar un pase sublime al que 'Vini' no correspondió, pues marró el mano a mano con el meta Christian Zawieschitzky. Fran García y el regateador brasileño proseguirían la amenaza coral con sendos centros peligrosos que no encontraron rematador por poco. El Salzburgo, reconstruido por el entrenador Thomas Letsch, notó la baja de última hora en la medular de Mads Bidstrup y le costó un mundo resistir. Sólo la movilidad e inteligencia de Nene Dorgeles aportaba algo de luz. Antes del descanso sólo chutarían una vez a portería. Ocurrió en el minuto 45, cuando el gigantón Petar Ratkov disparó flojo a las manos de Thibaut Courtois. El funcionamiento engrasado de sus compañeros dejó al arquero belga sin trabajo.
Arda movió bien el cuero, también filtrando balones, y Fede Valverde hacía lo propio. Pasada la media hora bajó metros y revoluciones en defensa un Madrid que acusaba haber competido durante más de 80 minutos en inferioridad numérica en el partido precedente. Entonces esperaron en su campo para salir a la contra con el colmillo afilado. Y siguiendo esa fórmula resolverían el reparto de puntos. En el 40 Bellingham recibió una recuperación e inventó un pase largo en profundidad maravilloso, al que, esta vez sí, Vinicius le puso la guinda. El brasileño controló, sentó al prometedor Joane Gadou y cruzó un latigazo raso de zurda que se coló pegado al poste. Un golazo que sólo sería preludio del 2-0. En el descuento Arda limpió un robo en campo ajeno, el cuero le cayó a 'Vini', que amagó el chut y cedió de tacón para que Fede Valverde fusilase a placer -minuto 48-.
Con gol y asistencia del resurgido regateador se marcharon a vestuarios los merengues. La estadística marcaba casi un 60% de posesión, ocho remates intentados y tres tiros a puerta. Y las sensaciones hablaban del renacimiento exprés de Bellingham y 'Vini' después de una temporada decepcionante. ¿'Magia' de Xabi Alonso? El tiempo dirá. Lo que es cierto es que el equipo mostró una cara muy diferente y parece que ese va a ser el aspecto que va a tener un sistema madrileño que en la reanudación prefirió economizar energías. Le tocó achicar ante un Salzburgo enrabietado. Letsch metió en cancha a dos pilares como Adam Daghim y Maurits Kjaergaard, y el joven once austríaco se fue arriba con convicción. La chispa del atacante de origen palestino empezó a dar inquietud a Rüdiger y compañía, y Courtois se desperezaría de verdad. En el 50 Daghim bailó a Aurelién Tchouaméni (que jugó como tercer central) y el guardameta belga lo neutralizó con un paradón.
Amontonó en este tramo imprecisiones y pérdidas el Madrid. En consecuencia, concedió remates por doquier. Antes del minuto 70 el Salzburgo fabricó cuatro llegadas nítidas, entre las que destacaron el chut de Edmund Baidoo que Bellingham repelió bajo palos (en un córner mal defendido) y el intento fallido de Kjaergaard desde el punto de penalti. Se estaba cayendo el físico de los españoles, así que Xabi Alonso recurrió a Luka Modric, Rodrygo y a Dani Ceballos. También metió a Jacobo por un Rüdiger superado (acaba de volver de una inactividad que le ha tenido sin jugar desde finales de abril). Dejó sobre el césped a Alexander-Arnold y a Gonzalo, y ambos redondearían el triunfo. En el 84, el inglés emitió un pase largo venenoso que peleó el canterano. Con la pasión del que reclama un lugar en la élite, le ganó la partida a Gadou y definió con una vaselina delicada ante la salida de Zawieschitzky. Otra maravilla para el paladar del madridismo.
Así pues, los capitalinos acceden a la siguiente fase después de firmar su mejor rendimiento del torneo. Lucieron presionando y con la iniciativa, replegando y al contragolpe, y, en el desenlace, gestionando la ventaja desde el juego de posesión. Le hicieron pagar al Salzburgo el giro ultraofensivo con el que terminó compitiendo. El de esta madrugada es otro paso adelante en la asimilación de los nuevos conceptos que maneja Xabi Alonso. Pachuca les remató 25 veces hace días y hoy, con mayor exigencia, sólo concedieron tres tiros entre palos. La Juventus, en octavos, calibrará el tiempo de cocción y la realidad de su candidatura al título mundialista.