Penetro en campo minado.
Me mueve a escribir estas reflexiones la aparición del libro EL ENIGMA DE DIOS, de Pedro García Cuartango, del que he leído algunos comentarios. Pienso que, quizá, el gran éxito que tuvo, en Francia, el libro DIOS, LA CIENCIA, LAS PRUEBAS, que pretende dar por demostrada la existencia de Dios científicamente, haya sido uno de los resortes que le han impulsado a escribirlo. Por lo que conozco de declaraciones antiguas y recientes de Cuartango, su formación, rigurosamente cristiana, le condujo a ser, durante mucho tiempo, un buen creyente, según la formación religiosa que hemos recibido en España en el siglo XX.
Pero ahora parece afligido, en su posición de agnóstico, por haber perdido la fe. Y parece luchar por recuperarla o por asegurarse de tener buenos motivos para darla por perdida.
Así se trasluce de los interrogantes de la sinopsis de su libro:
-¿Existe un ser supremo creador del universo o somos simplemente producto del azar?
-¿Es compatible la idea de un Dios bondadoso con la presencia del mal en el mundo?
-¿La razón y la ciencia pueden probar la existencia de Dios?
La doctrina, en la que Cuartango se ha formado y de la que siente nostalgia, nos habla de un Ser, creador del Universo y del ser humano.
Es un Dios, a la manera de los dioses mediterráneos, totalmente implicado en nuestros asuntos. Y parece tan insatisfecho con el comportamiento de su criatura que ha pretendido empezar de nuevo, en tres ocasiones según La Biblia.
Una, anegando el mundo, mediante el Diluvio, salvando únicamente a Noé y su familia, como germen de una nueva humanidad.
Pero vuelve a pasar lo mismo y Dios acaba nuevamente con la raza humana. Esta vez mediante el fuego, salvando solo a Lot y sus parientes cercanos, que le parecen apropiados para ser el germen de una nueva sociedad.
Y aún vuelve a ocurrir lo mismo. Y Dios decide, esta vez, enviar a su propio hijo, Jesucristo, para que conviva con los hombres y les inculque las normas de convivencia que quiere para ellos.
Pero amigos, el hombre no solo desoye el mensaje sino que mata al mensajero. Mata al mismo Dios.
Por si fuera poco, hay que añadir que la doctrina impartida por aquel emisario divino, convenientemente cocinada por una organización eclesiástica, ha servido, durante siglos, para apacentar al ser humano y hacerlo dócil a los caprichos de la autoridad imperante en cada momento.
Y esta es la fe en la que fue educado Cuartango y cuya pérdida no acaba de asimilar.
En cuanto a la concepción del Universo, de su creación y funcionamiento, que es otra preocupación del amigo Cuartango, hemos pasado de aquel “Dios creó los cielos y la tierra en seis días” hasta el actual Big Bang.
Lo cual no me parece llegar muy lejos pues, a mí, la teoría del Big Bang o del azar (¿¿¿???), como sugiere Cuartango, me parece del mismo nivel intelectual que el antiguo “Dios creó el mundo de la nada”.
El ser humano no puede vivir en la duda y en la incertidumbre y sigue a aquel que le proporciona alguna certeza que pueda digerir, por pueril que sea. Y así, amigos, tiene adeptos la teoría de que hace aproximadamente mil ochocientos millones de años, de la “fibrilación” de la nada, del Big Bang, apareció el universo, que parece expandirse pues estaría, todavía, en plena explosión.
Las preguntas de quién lo creó, existe más de un universo, qué hay más allá de este, podrían dar para otro libro.
En cuanto a lo de si el ser humano es producto del azar, me resulta incomprensible. Me temo que el azar es la bolsa donde metemos todo lo que no sabemos explicar
Amigos, quizá, a la única certeza a la que podrá llegar el ser humano es a que nunca podrá llegar a una certeza.