Opinión

El 22 de junio de 1941

TRIBUNA

Boris Cimorra | Miércoles 02 de julio de 2025

El pasado 22 de junio se ha cumplido 84 años desde el comienzo del ataque del ejército alemán a la Unión Soviética, que dio comienzo a la “Guerra Patria del Pueblo Soviético” (como la llaman en Rusia) contra la Alemania Nazi. Esta guerra, que ha durado 4 años (desde 22 de junio de 1941 hasta 8 de mayo de 1945) formaba parte de la Segunda Guerra Mundial que había empezado dos años antes (1 de septiembre de 1939), con una invasión de las tropas hitlerianas al territorio polaco, involucrando en la contienda, prácticamente, a todos los países europeos, los EE.UU, Canadá y Australia, todos ellos divididos en dos bloques: el “hitleriano” y el “anti-hitleriano”.

Creo que es una fecha oportuna para exponer una versión sobre el comienzo de aquella guerra, que los historiadores “disidentes” rusos, desde hace tiempo, están ofreciendo contra la versión “oficial” soviética, establecida en su momento por la propaganda estalinista y que sigue en vigor hasta hoy en día.

Esta versión “revisionista” es muy poco conocida en el Occidente y contradice numerosos aspectos difundidos por los historiadores oficiales del Kremlin, por lo cual, me parece interesante explicarla en este artículo para que el lector pudiera descubrir unos datos nuevos y sorprendentes sobre el inicio de aquella parte de la Segunda Guerra Mundial.

Todos estos datos nuevos salieron a la luz del día como consecuencia de la apertura de los archivos miliares durante la época de las reformas de Mijail Gorbachiov y de Boris Yeltsin (la famosa “Glásnost”). Con la llegada de Vladimir Putin al poder, estos archivos de nuevo fueron cerrados y todavía un enorme bloque de información sobre la “Gran Guerra Patria” soviética sigue ocultándose en los archivos oficiales bajo el grifo “SOVERSHENNO SECRETNO” (“altamente secreto”). Pues, vamos a verlo.

De la historia “oficial” sabemos que el domingo 22 de junio de 1941, las tropas de Alemania hitleriana, sin previa declaración de guerra a la URSS, rompiendo el “Tratado de no Agresión” (conocido como “Pacto Mólotov-Ríbentrop”), firmado por ambos países en agosto de 1939, atacaron a la URSS por tierra mar y aire, y sin encontrar una seria resistencia por parte del Ejército Rojo, adentraron en el territorio soviético y empezaron una invasión a toda regla, avanzando con una inusitada rapidez en un frente de varios miles de kilómetros, hacia el corazón de la Unión Soviética, su capital Moscú, a cuyas puertas (25 kilómetros de la Plaza Roja) llegaron en cuatro meses, superando la distancia de más de 1.000 kilómetros desde la entonces frontera de Alemania con Rusia (la ciudad de Brest, fijada en el “Anexo secreto” del ya mencionado “Tratado de no Agresión”).

Por el camino fueron destruidos numerosas divisiones del ejército soviético, con todo su armamento y efectivos: miles de tanques, aviones, piezas de artillería, camiones cisternas, camiones de transporte, millones de soldados rusos resultaron muertos o se quedaron prisioneros (sólo durante los primeros cuatro meses de la ofensiva alemana se rindieron 3,8 millones de soldados rusos, que representaban más de la mitad de todos los efectivos que el Ejército Rojo tenía al comienzo de la guerra).

La retirada de las tropas rusas era tan precipitada que los alemanes, sin entrar todavía en combate, encontraban cientos de tanques, camiones, piezas de artillería abandonados por sus operadores.

¿Qué estaba ocurriendo con el Ejército Rojo, más potente, más numeroso y mejor armado del mundo? ¿Por qué no pudo resistir ante un ejército alemán menos numeroso en la infantería (en proporción 1/2), con mucho menos tanques y aviones (en proporciones 1/3 y 1/4) y con las parecidas “desproporciones” en otro tipo de armamento y munición?

Hay que tener en cuenta que la URSS, desde los primeros años de su existencia, durante más de 20 años, estaba orientando toda su industria a la producción militar, para tener un ejército más poderoso del mundo que fuera capaz de resistir cualquier “ataque del imperialismo mundial contra el primer Estado Comunista del planeta”.

Mientras que Alemania, hasta la llegada de Hitler al poder, prácticamente, no tenía el ejército (fue prohibido por el Acuerdo de Versalles, después de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial), que había empezado a formarse y armarse a partir de 1933, cuando los nazis llegaron al poder en Alemania. Por tanto, Hitler sólo en 6 años pudo organizar, estructurar y armar la Wehrmacht, así como crear una potente y moderna industria militar, que le permitió desatar la Segunda Guerra Mundial, atacando Polonia en septiembre de 1939, luego derrotar a Francia en junio de 1940 y poner en fuertes aprietos al ejército inglés.

La respuesta de la historiografía soviética a las preguntas arriba planteadas consiste en que fue un “factor sorpresa” el que había jugado tan mala pasada al Ejército Rojo. Que Stalin no esperaba que Hitler violaría tan bruscamente el amistoso “Tratado de no Agresión” y que las Fuerzas Armadas soviéticas no estaban preparadas en aquel momento para repeler la agresión del ejército alemán, perfectamente preparado para una guerra sin cuartel contra la “pacífica” Unión Soviética.

Pero, los historiadores “disidentes”, como he comentado antes, han explorado los archivos militares secretos abiertos en los tiempos de la “Perestroika” y descubrieron que la principal causa de tal derrota del Ejército Rojo en los primeros meses de la invasión alemana no fue la “sorpresa”, causada por el ataque de la bastante menos numerosa y menos potente Wehrmacht.

La principal causa fue que el tan “pacifico” ejército soviético estaba preparando, en aquel momento, su propia agresión contra la Alemania hitleriana, y lo estaba efectuando con el máximo secreto, desde el febrero de 1941. La fecha prevista para su ataque contra Alemania fue el 23-24 de junio de 1941. O sea, prácticamente, la misma que Hitler había elegida para atacar a su “amigo” Stalin. Resulta que el Füherer simplemente adelantó al Caudillo soviético en unas cuantas horas e hizo lo que su rival pensaba hacerlo contra él.

Y ¿qué pasó?, según las explicaciones de los historiadores “revisionistas”, especialmente, de los dos de ellos, los máximos expertos en la guerra Germano-Soviética (han escrito varios libros dedicados al tema y traducidos a varios idiomas extranjeros; los más populares son “Ledokol” (“Rompehielos”) de Viktor Suvorov y “El 22 de junio o cuándo empezó la Gran Guerra Patria” de Mark Solónin).

Pues, pasó lo siguiente: el Ejército Rojo se encontraba en las fechas del 14 al 22 de junio de 1941 ya en la última fase del despliegue de sus tropas, preparándose para cruzar la frontera con Alemania. Millones de efectivos, con su armamento de todo tipo: tanques, piezas de artillería, camiones con combustible y con la munición, se desplazaban en los trenes (hasta 3.000 trenes diariamente, por las noches, para no ser detectados por los servicios de inteligencia alemanes), desde todos los rincones de la extensa Unión Soviética hacia la frontera occidental soviética. Durante los días todos ellos se ocultaban en los bosques cercanos a los lugares del destino. Todos los aviones fueron desplazados de sus bases en el interior del país a los aeródromos montados en las proximidades a la frontera con Alemania.

Curiosamente lo mismo estaba haciendo el ejército alemán al otro lado de la frontera. Pero Hitler golpeó primero. Y como dice el refrán “el que golpea primero, golpea dos veces”.

Cuando un ejército preparado para un ataque golpea primero al otro que también se encuentra en la fase de la preparación para un ataque, pero que todavía no la había empezado a realizar, el “primero” tiene unas grandes ventajas ante el “segundo”, ya que éste se ve obligado a pasar a la defensa, para la cual no está preparado.

Todos sus efectivos ya están concentrados cerca de la frontera con el enemigo. El armamento pesado, como blindados y las piezas de artillería, se encuentran no en los refugios, sino en sus posiciones de ataque: los tanques para empezar su marcha para cruzar la frontera del enemigo y la artillería para empezar a disparar contra las posiciones de las tropas rivales al otro lado de la frontera. Los aviones no se esconden en los hangares, sino se encuentran en las pistas del despegue, dispuestos a empezar a volar y a bombardear el territorio y las tropas del enemigo.

En estos momentos de la espera para atacar, cuando la orden de hacerlo todavía no ha venido, tanto las tropas como el principal armamento: tanques, artillería, aviones, se encuentran en una situación extremadamente vulnerable, expuestos a un “inesperado” y destructivo ataque del enemigo, ya que no se encuentran en la situación defensiva, con la capacidad de repeler el ataque, sino todo lo contrario, se encuentran en la situación de embestir.

Y así ocurrió: las tropas alemanas atacaron las posiciones del Ejército Rojo, bombardeando los aeródromos y destruyendo los aviones rusos allí agrupados, sin darles tiempo para despegar y entrar en el combate.

Miles de piezas de artillería disparaban contra las concentraciones de los efectivos del Ejército Rojo y destruyendo la maquinaria de guerra, que no tuvo tiempo para entrar en acción. Los cientos de tanques alemanes, formando una especie de cuña, rompieron las frágiles defensas rusas y adentraron en el territorio soviético, avanzando con gran velocidad y abriendo el camino a la infantería de la Wehrmacht, que en seguida organizaba los cercos de unos destacamentos enteros del Ejército Rojo, cuyos soldados y oficiales fueron cogidos totalmente desprevenidos, ya que no esperaban ser atacados, sino al contrario se preparaban para atacar ellos.

El caos, el pánico, la incapacidad de los mandos militares de restablecer el orden y organizar una resistencia al estrepitoso avance de las tropas germanas en los primeros días y semanas de la contienda fue abrumador, lo que permitió a las tropas hitlerianas ir avanzando en los primeros días y semanas de la guerra los cientos y cientos de kilómetros. Esta situación del “desastre total” ha permanecido, prácticamente, hasta la llegada de las divisiones alemanas a las puertas de la capital soviética, Moscú.

Los defensores de la versión “oficial” argumentan que tales preparativos del Ejército Rojo, al que me he referido más arriba, no tenían como objetivo el ataque a Alemania, sino servían para defenderse de la próxima agresión alemana (plan ”Barbarroja”), de lo que estaba avisando la inteligencia militar de Stalin.

Pero surge, en seguida, varios contraargumentos.

Primero: ¿Por qué las autoridades militares estaban desplazando todos los efectivos y el armamento en un total secreto, para que el enemigo no se enterara de ello, mientras que más lógico hubiera sido todo lo contrario, hacerlo a toda vista, para que el enemigo, viendo que una auténtica “armada” se estaba dirigiendo hacia la frontera rusa para defenderla, habría pensado dos veces de la conveniencia de atacar a un ejército muy superior al suyo (Hitler lo sabía perfectamente)?

Segundo: ¿Por qué las tropas del Ejército Rojo no ocuparon las posiciones meramente defensivas: la infantería atrincherada, la artillería y los tanques y aviones ocultados en unos refugios preparados, para no convertirse en un blanco fácil para la aviación y artillería alemana; los sistemas antiaéreos preparados para repeler los ataques de la Luftwaffe? Como hemos visto nada de esto se estaba pasando. Ni de lejos el Ejército Rojo se estaba preparando para defenderse.

En cuanto al plan “Barbarroja”, éste fue aprobado por Hitler el 18 de diciembre de 1940, mientras que la “Operación del Despliegue Estratégico Ofensivo del Ejército Rojo” contra Alemania, se empezaba a elaborarse por el Estado Mayor del Ejército Rojo, por la orden directa del propio Stalin, desde el septiembre de 1940, cuando apareció el primer esbozo (lo encontraron los historiadores “revisionistas” en los archivos citados), el que se iba perfeccionando en los meses siguientes (se encontraron hasta 13-14 variantes), afinándose y concretándose la variante definitiva desde el mayo hasta en el mes de junio de 1941, en las fechas próximas a la fijada para invasión, lo que demuestran los registros en el libro de las vistas de Stalin: él se estaba reuniendo con creciente regularidad, durante horas y horas, con los principales dirigentes del Ejército Rojo, mientras se acercaba la fecha prevista para la invasión.

Y otro detalle sobre el tema de la “sorpresa” y de que Caudillo soviético no conocía la fecha exacta del ataque alemán. Existen numerosos documentos y testimonios que demuestran que los servicios secretos de Stalin le estaban informando sobre los preparativos de la Wehrmacht de agredir la URSS y que, incluso, le comunicaron el día y la hora del ataque: a las 4 de la madrugada, del 22 de junio de 1941.

Stalin categóricamente se negaba a creerlo y prohibía tajantemente la difusión de los rumores sobre los preparativos de Alemania para la guerra con la URSS, acusando a los que le proporcionaban esta información de alarmismo y de que estos “fake” procedían de los que querían hacer quebrar el amistoso Pacto con Alemania, que tanto “estaba molestando a los imperialistas de todo el mundo”.

Como vemos, hay más que suficientes datos que acreditan que Stalin estaba preparando un ataque a Alemania, prácticamente, en las misma fechas que su “amigo” Hitler.

Y ¿qué hubiera ocurrido si Stalin habría adelantado a Hitler y le habría embestido con su ejército mucho más poderoso, cuando las tropas “rusas” habrían entrado en el corazón de Europa, venciendo a la Alemania Nazi (izando la bandera roja con la hoz y el martillo sobre el Reichstag no en mayo de 1945, sino en julio de 1941) y a sus satélites, ocupando también a la ya vencida Francia y enfrentándose con la “solitaria” Inglaterra, estableciendo en todos estos países los regímenes comunistas? ¿Cuál hubiera sido la postura de los Estados Unidos en semejante situación? Me surgen más y más preguntas al respecto.

Pero dejo las respuestas a la imaginación de los escritores del género de la ficción, interesados en estudiar esta supuesta “alternativa” al comienzo de la guerra germano-soviética, que se había producido hace 84 años, el 22 de junio de 1941.