Los Lunes de El Imparcial

César Pérez Gellida: Nada bueno germina

Novela

Domingo 06 de julio de 2025

Destino. Barcelona, 2025. 528 páginas. 22,90 €. Libro electrónico 12,99.

Por David Almazán Tomás



En el mundo de la novela negra, un género tradicionalmente alejado de los grandes premios, César Pérez Gellida (Valladolid, 1973) ha logrado consolidar una trayectoria sólida, reconocible, y, además, galardonada. Su reciente concesión del Premio Nadal con Bajo tierra seca (2024) no solo confirma su lugar entre los nombres esenciales del panorama literario nacional, sino que prolonga su voz narrativa en Nada bueno germina, la segunda pieza de una bilogía que, si bien se puede leer de forma independiente, cobra mayor fuerza como continuidad.

César Pérez Gellida vive ahora, pasados los cincuenta años, un momento de gloria, eso sí, sin olvidar que todo es efímero. Los romanos acuñaron la expresión momento mori (recuerda que morirás) como advertencia ante la amenaza de la vanidad. Para Pérez Gellida, Momento mori es también otro peldaño en la escalera de la fama, pues así se titula la adaptación a serie de televisión en Prime Video de su trilogía “Versos, canciones y trocitos de carne”. Esta trilogía está compuesta por Momento mori (2013), Dies irae (2013) y Consummatum est (2014). Crear buenas historias que nutran a la industrial audiovisual es, sin duda, una de las mayores satisfacciones que puede tener un escritor.

Nada bueno germina parte de una fórmula clásica, una persecución. Pero lo que podría parecer lugar común se transforma en César Pérez Gellida en una experiencia trepidante y visceral. Sebastián Costa y Antonia Monterroso, pareja de criminales, son nuestros Bonnie & Clyde ibéricos, situados en la España de principios del siglo XX, entre provincias, refranes, motes y crímenes. Los perseguidores son de los más variado: las fuerzas del orden, detectives privados, otros malhechores, vengativos clanes gitanos, etc. El tono es seco, castellano, certero, sin alardes descriptivos.

La historia avanza gracias a los diálogos, muchos de ellos cargados de sabor local, con ese estilo preciso que distingue al autor. Se diría que mientras escribía, el autor ya tenía en mente su adaptación audiovisual. Todo en Nada bueno germina parece pensado para saltar de la página a la pantalla: la estructura fragmentada, los personajes con entidad visual, la acción constante y diálogos ágiles que hacen que la trama corra. Buenos ingredientes para una road movie. En cuanto a la ambientación, César Pérez Gellida opta por terrenos que conoce bien. Gran parte de la novela transcurre en Valladolid –su ciudad natal y en la que reside– y, también, zonas de Andalucía, como Jaén o Córdoba, aunque hay también un contrapunto en Madrid, con mención destacada al Hotel Ritz. Si Bajo tierra seca se sumergía en una Extremadura rural y profunda, aquí el paisaje se hace menos áspero, más urbano, aunque igualmente inhóspito.

En Nada bueno germina muere hasta el apuntador. La persecución incesante a Sebastián Costa y Antonia Monterroso encadena un sinfín de asesinatos y ejecuciones. A César Pérez Gellida no le tiembla el pulso si tiene que eliminar a un personaje, aunque sea el héroe de una novela anterior, siempre que sea por que la trama avance. En determinado momento comencé a hacer un recuento de los muertos y dejé de hacerlo al superar la treintena.

Al final del libro hay una interesante “Nota del autor” en el que Pérez Gellida confiesa haber matado en esta novela a 44 personajes. Todo un serial killer de sus personajes de ficción. También en esa nota hace otra confesión: algunos personajes existieron realmente. Es el caso del detective Ramón Fernández-Luna (1867-1929), en su día conocido como el Sherlock Holmes español, y la espía francesa Marthe Richard (1889-1992), esta última toda una matahari con una vida apasionante que supera cualquier novela.

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