Carlos Alcaraz obtuvo este domingo una victoria de campeón. No estuvo tan brillante pero jugó mejor que nunca en los momentos de máxima tensión, usando el saque como el principal apoyo. Como hacen las leyendas de este deporte. Derrotó a Andrey Rublev por 6-7, 6-3, 6-4 y 6-4 en un partido que se jugó casi siempre según el estilo guerrero del ruso. Con sus golpes rápidos, la presión continuada que imprime y la agresividad, el moscovita se adelantó y forzó al murciano, que padeció una incomodidad supina en la pista central del All England Club. Por eso posee tanto valor el triunfo de esta tarde. Su aplomo fue soberbio. Los grandes saben competir cuando sólo pueden sobrevivir y encuentran la manera de ganar. Eso es lo que ha conseguido el astro español, que ya está en los cuartos de final de Wimbledon.
'Carlitos' venía de sufrir en su debut ante Fabio Fognini y de sudar para descifrar a Jan-Lennard Struff en la tercera ronda. Todavía está calibrando la superficie y lo que los especialistas en hierba pueden hacer. En esas le tocó en esta fecha encarar su duelo más exigente. Porque Rublev está de regreso. A sus 27 años está trabajando para controlar sus emociones y alcanzar una estabilidad que le permita mostrar su clase sobre la pista. Esa labor le llevó a ganar el Masters de Madrid en 2024 y en estas semanas había dejado en la estacada a Laslo Djere, Lloyd Harris y a Adrian Mannarino. El que fuera quinto del mundo en 2021 está ganando la solidez que le faltaba y llegaba a este partido habiendo cedido sólo dos breaks, por los nueve que había concedido el nacido en El Palmar.
Tardó poco el español en constatar el tipo de reto que iba a tener que superar. El ruso es capaz de arrebatarle el mando del encuentro con sus golpes frenéticos. Así lo hizo desde temprano, colocando al murciano en posiciones difíciles para afinar sus intentos. Las dejadas, por ejemplo, siempre tenían respuesta. Y añadió un matiz clave a su arsenal Andrey: sacó múltiples veces abierto y cortado. Alcaraz no localizó la forma de neutralizarlo hasta bien entrado el tercer set y comenzó un tanto frío. Tanto que cedió su servicio en blanco con 1-1. El moscovita mantuvo su órdago casi sin debate y se colocó a toda velocidad con un 4-1 rotundo. Había entrado en ese afamado modo de ataque sin fallo desde el fondo de la pista, mientras que el favorito sollozaba, falto de chispa y soltura.
Tardó siete juegos en despojarse de la sorpresa y el bloqueo 'Carlitos'. Entonces firmó un break poderoso, con defensas extraordinarias que filtraron las primeas dudas en su oponente. Se apoyó en su servicio (le sacaron del atolladero y terminó la manga con seis 'aces') y cumplió con la premisa de llevar a la red a Rublev, ya que éste no es el más efectivo con la volea. No mandaba el murciano, mas había ganado poso en el partido. Sin embargo los saques cortados le condujeron a un tie-break ajustado en el que el 14º cabeza de serie fue más consistente (levantó un 4-5 y dos saques). Supo aguantar el respingo del favorito y se adelantó con un 6-7 que duró 51 minutos. Pero la estadística mostraba una igualdad tremenda y esa sería la senda con la que se desarrollaría el resto del envite. Por ello, ganaría el que redujese más sus errores y cuidase más los detalles.
Se puso por vez primera Alcaraz por delante en el inicio segundo set y concretó su primer punto dominador, una señal esperanzadora dentro de lo enredado de su juego. Aún así, no le estaban entrando los primeros saques y Rublev le aguantaba los intercambios, amén de seguir imponiendo su ritmo acelerado de bola. Y como el estudio de los detalles y la búsqueda de soluciones gozaban de una relevancia supina, ideó un par de retoques: en el ecuador de la manga retrasó su posición en el resto y aplicó más fórmula de saque y red. Estas variantes construyeron un lapso de comodidad que devino en una de sus explosiones de tenis. Levantó al público de sus asientos y gritó a los cuatro vientos al devolver y ganar, al fin, un servicio abierto cortado. Empezaba a atisbar luz al final del túnel y en el octavo juego logró el break decisivo. Y empató el marcador con una volea fina, delicada, para regocijo de la grada (6-3). El rey ya había aterrizado en la Catedral del tenis.
Poco a poco mejoró 'Carlitos' su ratio de primeros y de ganadores/errores no forzados. Rublev cumplió con las expectativas en la reanudación, aferrándose a sus opciones con tesón y agresividad, pero el español gestionó de maravilla el cambio de sensaciones. Recurrió de nuevo al saque para avanzar. Otra vez, sacando mejor que nunca cuando más marejada había, en los juegos segundo, cuarto y sexto del tercer set. En ese tramo de agobio levantó tres bolas de rotura, la última con un 'ace'. Ya competía con la sensibilidad ajustada y en el séptimo juego asestó el golpe de gracia. Acabó con la incertidumbre con varios puntazos, llevando a Rublev a la red para superarle con un 'passing' increíble y con defensas impresionantes. Y puso la guinda al 6-4 con dos saques directos y un turno de saque en blanco. Todavía no dominaba, pero la senda estaba descubierta.
En el último parcial Andrey tampoco tiró la toalla. Ni mucho menos. Defendió su honor con ahínco, más allá de las limitaciones de su repertorio. De hecho, neutralizó un 0-40 en el quinto juego. Aún así, el genio murciano le hizo descarrilar en dudas y se apuntó otra rotura. La definitiva. A partir de ahí sí pudo mandar Alcaraz. Terminó gustándose y regalando resplandor a los aficionados que le jaleaban. Rebosante de confianza tras haber dejado atrás una maraña, superó a un moscovita que siguió peleando. Y cerró el encuentro con un 'ace' fundamental cuando iba 30-30. Exhibiendo una paciencia y compostura durante casi dos horas que elevan, aún más, su categoría. Por ahí se contextualizan los 22 saques directos registrados (segunda mejor marca de su currículum). En el otro lado, se repite la historia. El plan único de amontonar cañonazos se le quedó corto a un Rublev que sigue sin ganar a un Top-5 en un Grand Slam (0-11), hecho que le ha privado de llegar a las semifinales de un grande. Nadie en la historia ha llegado tantas veces a cuartos de final sin cruzar esa frontera.
'Carlitos' analizó la victoria de este modo: "Andrey es el jugador más poderoso que tenemos en el circuito, con esa derecha, ese saque. Te empuja al límite, de lado a lado. Es muy difícil jugar contra él. He jugado muy inteligente contra él, moviéndome muy bien". "El tenis es un deporte en el que todo puede cambiar en un punto, el partido puede cambiar. Tienes que mantenerte ahí mentalmente fuerte todo el partido. Sabía que iba a jugar mejor que en el primer set, aprovechar las oportunidades. Creo que el break del segundo set lo cambió todo y me empecé a sentir más cómodo", añadió. La próxima parada es el local Cameron Norrie. El martes pondrá en juego ante el británico sus asombrosas rachas: lleva una inercia de 33 victorias y sólo tres derrotas en hierba; acumula 22 triunfos consecutivos (la mejor dinámica de su carrera); y suma 18 triunfos seguidos en Wimbledon. Con 22 años.