El Chelsea se convirtió este martes en el primer finalista del Mundial de Clubes. Derrotó al Fluminense en una semifinal desigual, de clara supremacía europea. Los favoritos se limitaron a reproducir su fórmula de juego, agresiva, de potencia física corrosiva y de afilado ataque, y dejaron a los brasileños sin argumentos. El diferencial anatómico sembró una asimetría en la relación de fuerzas que la calidad individual terminó de redondear. Y la irrupción de Joao Mario, fichado hace sólo unos días tras pagarle 70 millones de euros al Brighton, coronó una victoria que da a los 'Blues' la inesperada oportunidad de terminar la temporada con otro trofeo en sus vitrinas. Sólo les perturbó una torcedura de tobillo postrera del fundamental Moisés Caicedo.
Enzo Maresca ha logrado reconstruir la identidad del club de Stamford Bridge desde que fue contratado hace un año. Su excelsa campaña en el Leicester City, al que subió a la Premier League, le sirvió para tomar las riendas de un equipo caótico y con el paso de los meses se ha ganado la autoridad con sus buenas decisiones. Ha optado por dar solidez al colectivo colocando a Caicedo en el eje y dando a Enzo Fernández libertad para llegar al área. Atrás alinea dos torres en el centro, al correoso Marc Cucullera en la izquierda y al escurridizo Malo Gusto en la derecha. Esa estructura asegura seriedad y propulsa a un ataque que se basa en la pura velocidad y talento de sus ejecutores. Pedro Neto y Cole Palmer son fijos por su impresionante desequilibrio. Los otros puestos quedan destinados para el delantero que esté mejor. Y si no hay nadie que rinda con consistencia goleadora, se ficha pagando millonadas.
La última adquisición, Joao Pedro, ha caído de pie. Debutó en la semifinal con buenos minutos y en esta fecha recibió su primera titularidad. Y la agradeció abriendo el marcador en el minuto 18. Cucurella provocó una pérdida de Germán Cano, Neto aceleró y el cuero le llegó al atacante brasileño, que engatilló un cañonazo desde el pico del área que se coló pegado al palo. Semejante golazo no hizo más que confirmarle como la primera opción en punta (Liam Delap, otro fichaje reciente, cumplía sanción y tendrá difícil pelear el puesto) y dar premio al excelente arranque que habían completado los británicos. En el primer cuarto de hora ofrecieron un dominio colosal, presionando y recuperando balones con ardor, combinando con soltura y centrando al área múltiples veces. Remataron en ese segmento en cuatro oportunidades, forzando dos intervenciones del meta Fabio (la más clara, un centro-chut de Palmer en el cuatro minuto).
Los cariocas llegaban al duelo en una racha de 11 encuentros seguidos sin perder y con sólo tres tantos concedidos en este torneo. Renato Gaúcho llegó al banquillo en abril y desde entonces ha germinado un bloque rocoso, que se cierra con un orden marcial y complica a ataques de todo tipo. Así dejó a cero al Borussia Dortmund y al Inter de Milán, antes de apear al sorprendente Al-Hilal en cuartos. La seguridad defensiva ha sido la clave que ha apuntalado el sueño de la enorme masa social del 'Fluzao', que todavía debe estar frotándose los ojos por haber llegado tan lejos. No en vano, fue fundado en 1902 y tuvo que esperar hasta 2023 para festejar su primer título continental. Así pues, en este desafío, el más complicado, también apostó por rozar el sobresaliente en el achique y aguardar al paso de los minutos para amenazar. Se replegaron sin dar tres pases seguidos, con la intención de no desgastar a sus veteranos (Fabio tiene 44 años, Thiago Silva suma 40 años y Cano, 37) y llegar vivos al segundo tiempo. Mas no aguantaría como de costumbre en el calor del MetLife Stadium de Nueva Jersey.
Quisieron empujar al Chelsea a crear en estático, la suerte que peor se les da, y no les salió bien la jugada. Entre otras cosas porque no pudieron controlar la chispa de Neto. El regateador luso está en estado de gracia, también si como hoy Maresca le coloca en la izquierda, y no hay ayudas que le frenen. En el 21 toturó a Guga y le regaló un centro a Malo Gusto que el lateral cabeceó centrado. Y antes del descanso puso en vuelo un córner peligroso que peinó Tosin Adarabioyo y perdonó el desatinado Christopher Nkunku. La dinámica adelantaba un triunfo plácido de los londinenses, con Adarabioyo y Trevor Chalobah 'comiéndose' por puro músculo a un Cano al que esta vez sí se le notaron los años. Pero percibir la evidente inferioridad del rival puede conducir a la relajación... y eso es lo que casi devino en el empate.
Cada vez que los ingleses presionaban o se activaban tras pérdida, el 'Flu' perdía el cuero a toda velocidad. En cambio, en cuanto no le pusieron la intensidad adecuada, los brasileños se despertaron. En el 26 trazaron su primera circulación armoniosa y Hércules batió al portero español Robert Sánchez. Cucurella salvó a los suyos bajo palos, pero el aviso estaba lanzado. Y pasada la media hora prosiguió el renacer carioca, con un centro perfecto de Jhon Arias y Joao Pedro arrebatándole las tablas al estupendo central Ignácio, que se relamía -minuto 34-. Instantes después el lateral zurdo René lanzó una falta venenosa, a media altura, y la redonda se estrelló en la mano de Chalobah dentro del área. El colegiado indicó penalti pero el VAR le instó a anularlo. Así lo hizo, explicando la literalidad de una novedosa norma del todo absurda. Entendió que el gesto del zaguero era natural y con eso basta, sin importar que tenía el brazo despegado del cuerpo y que cortó la trayectoria de una jugada de claro peligro de gol. Son las moderneces de ese estamento que sigue sin ligar sus reglamentos a la lógica.
Las quejas bajaron el suflé del 'Flu', que no volvería a amenazar al arco defendido por Robert Sánchez en el primer tiempo. Es más, casi se marcharon a vestuarios en la lona. En el 46 Facundo Bernal cometió una pérdida horrorosa, regalando la pelota en el centro del campo. Neto entró en ebullición y Thiago Silva tuvo que cruzarse, providencial, para rescatar a sus compañeros. Volvían a estar en el filo los únicos representantes de la Conmebol. Y en la reanudación ya no podrían seguir sobreviviendo. Los londinenses habían pagado caro volver relajados del camarín en sus otros enfrentamientos con rivales del Brasileirao (Flamengo les remontó rápido y el Palmeiras les empató), así que Maresca debió ponerse serio en el túnel ya que los 'Blues' retomaron el mando donde lo habían dejado. Sin dar lugar a sustos. Caicedo siguió anulando a Arias y en el otro lado de la cancha despertó Palmer. Todos los síntomas anunciaban la sentencia.
Prepararon el terreno un disparo alto del motor ecuatoriano y un zurdazo cruzado del estelar Cucurella que se fue desviado por poco. Y en el 57 llegó el 0-2 definitivo. Otra imprecisión injustificable de Bernal, en campo rival, desembocó en una transición fulgurante en la que Enzo Fernández dibujó un pase al espacio y Joao Pedro pintó otro gol de bandera. Encaró en carrera a su par y descerrajó un trueno que estalló en el travesaño antes de colarse. Salieron en la foto de esta diana la extraña falta de contundencia de Guga (titular discutible en lugar de Samuel Xavier) y de René. Le falló a Gaúcho la fiabilidad defensiva en el peor momento (le remataron 17 veces). Notó demasiado las bajas del pegamento Martinelli y del tercer central de la linea, Juan Pablo Freytes (ambos estaban sancionados).
De ahí hasta el final el 'Fluzao' tiró de orgullo y profesionalidad. Quitaron la zaga de cinco piezas y empujaron, más con el corazón que con el juego. Everaldo suplió a Cano -demasiado tarde, en el minuto 54- y acabaron compartiendo ofensiva el mencionado delantero, Arias, Vinicius Lima, Keno, Agustín Canobbio y Yeferson Soteldo. El genial mediapunta venezolano debutaba con la elástica 'tricolor' y agitó el desenlace con un puñado de centros maravillosos (hasta cuatro) que no supieron embocar sus colegas. Everaldo dispuso de las llegadas más claras, con un derechazo que examinó a Robert Sánchez, tras un pase en largo excelso de Arias -minuto 55-, y con una chilena alta a centro de Soteldo -minuto 97-. Subieron líneas en el epílogo y, claro, dejaron espacios que bien pudieron sembrar una goleada en contra. Nico Jackson (más que sentenciado), Nkunku y Malo Gusto no atinaron y el marcador no se movió. Suficiente para alargar la racha competitiva de un Chelsea al que no se le gana con facilidad. Esa es su mayor virtud y la identidad de un escuadrón que ha acabado el curso con el trofeo de la Conference League, con el cuarto puesto en la Premier y con la final del Mundial de Clubes.