Obligado por sus socios y sus aliados, temerosos todos de perder votantes, a Pedro Sánchez no le quedó otro remedio que comparecer de forma insólita en el Congreso de los Diputados. El presidente del Gobierno ha superado el desafío con buena nota. El resultado del debate parlamentario es que Pedro Sánchez seguirá contando con el apoyo, si bien con fisuras, de los veinte partidos que le mantienen confortablemente sentado en la silla curul del palacio de la Moncloa.
En su intervención, Pedro Sánchez dijo lo que de él se esperaba. Acentuó sus éxitos y aseguró que aplicaría quince fórmulas para eliminar la corrupción. Pedro Sánchez sabe muy bien lo que tiene que decir y hacer para concordar con socios y aliados, si bien Podemos -con una excelente Ione Belarra- se ha situado en el borde de la fractura; y el PNV mantuvo una posición indecisa.
Alberto Núñez Feijóo tuvo una intervención parlamentaria sobresaliente y descuartizó sin piedad a Pedro Sánchez. También estuvo eficaz Abascal. Y tanto Yolanda Díaz como el resto de los portavoces parlamentarios tuvieron buenas intervenciones, sin sorpresas, pero con el fondo y la forma esperados.
Enmascarado en el debate sobre la corrupción, nadie se refirió a la debilidad máxima de la gestión Sánchez: los Presupuestos Generales del Estado. En las democracias pluralistas plenas, los Gobiernos, salvo alguna excepción aislada, dimiten si no son capaces de conseguir el respaldo parlamentario a los Presupuestos Generales del Estado. Pedro Sánchez lleva tres años mofándose de la obligación constitucional de presentar en los plazos establecidos los Presupuestos. Pero envuelto entre las quince medidas contra la corrupción se ha diluido una vez más la cuestión sustancial. Feijóo en lugar de lanzarse a plantear la alternativa de fondo -o Presupuestos o dimisión- ha embestido la muleta de la corrupción y Pedro Sánchez consigue que sus socios y aliados continúen prestando apoyo a que permanezca en el poder. El presidente del Gobierno, sin argumentos sobre los PGE, exhibió el rosario de corrupción del Partido Popular y demostró una vez más su habilidad para acorralar a Feijóo.