Editorial

El paripé de Pedro Sánchez y la complicidad de sus socios con la corrupción

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Miércoles 09 de julio de 2025

Nada de lo ocurrido este miércoles en el Congreso de los Diputados tiene que ver con la realidad de la política española; mucho menos, con la verdad sobre la corrupción que le ha estallado a Sánchez en su propia cara. Porque ni el presidente ha dado las explicaciones que se le exigen sobre los supuestos atracos al dinero público desde el corazón de su partido y de su Gobierno. Ni los partidos que le apoyan han cuestionado su continuidad, menos aún han intentado forzar su salida de Moncloa, que era lo procedente. Han criticado con aparente dureza la falta de medidas y explicaciones, pero ni se han planteado abandonar a su suerte al presidente. Pues la suerte del líder socialista es su propia suerte. Porque sin Sánchez en La Moncloa no podrían seguir medrando ni cobrando su apoyo parlamentario a precio de oro. La esperada comparecencia del presidente del Gobierno para explicar la corrupción ha sido un paripé, una farsa. Un vodevil más protagonizado por Pedro Sánchez y jaleado por sus palmeros parlamentarios, que, eso sí, ya se preparan para cobrar su botín después de volver a salvar el pellejo al presidente. Un botín que le saldrá caro a las arcas del Estado, pero, sobre todo, a la legalidad y a la propia Constitución.

Pero la farsa ha comenzado nada más subir Sánchez a la tribuna de oradores al autoproclamarse un “político limpio” y calificar al PSOE de “partido ejemplar”. Las carcajadas retumbaron en el Hemiciclo. Y, ya luego, ha enumerado prolijamente las medidas de su plan anticorrupción, que se traduce en una nueva maniobra propagandística para seguir en el poder y consumar la legislatura. Pues ninguna de esas medidas se cumplirá. Un plan, además, delirante, insuficiente y tardío. Y, como era de esperar, no ha asumido su responsabilidad por nombrar a Ábalos y a Cerdán. Porque sólo dimitiendo se asume políticamente la responsabilidad. Sus pucheritos y su lacrimógeno victimismo sólo es una escena ensayada del vodevil parlamentario de cada día. Pues de nuevo ha recurrido a sembrar el miedo entre sus socios ante el riesgo de la llegada al poder de “la coalición ultraderechista del PP y Vox”. Y de nuevo ha asegurado que “no va a tirar la toalla”, que está dispuesto a prolongar la legislatura hasta 2027. También la retahíla sobre los “éxitos” de su Gobierno ha sido la habitual. Y aquí ha encontrado el apoyo sin fisuras de Rufián, más preocupado por la llegada del PP y Vox que por la corrupción del PSOE.

Alberto Núñez Feijóo, sin embargo, en un brillante discurso ha aprovechado su turno para vapulear y sacar los colores a Sánchez por las corruptelas que le atosigan. “Un político destruido, un fraude que no ha venido a limpiar nada, sino a ensuciarlo todo”, dijo. Luego, Yolanda Díaz se limitaba a poner cara de indignación, el PNV planteaba, pero no exigía, una cuestión de confianza, al igual que Coalición Canaria; Belarra ha estado durísima y rotunda, aunque tampoco ha amenazado con retirar su apoyo al Gobierno, al igual que el Bng que resumía su intervención con la frase que concierne a todos sus socios: “Nunca facilitaremos un Gobierno de la derecha”.

La cacareada expectación ante la comparecencia de Pedro Sánchez se ha esfumado. Pues todo sigue igual. El presidente aguantará la agonía todo lo que pueda encerrado en La Moncloa sin legislar ni aprobar los Presupuestos y sus socios seguirán siendo los cómplices necesarios de la corrupción del PSOE, pero cobrarán aún más caro su apoyo.

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