Poco ha tardado ERC en pasar la nueva factura tras salvar el pellejo a Sánchez en su comparecencia en el Congreso. Ya en la tribuna de oradores, Rufián casi revienta henchido de emoción el ajustado traje azul celeste que vistió para la ocasión al proclamar que “la izquierda no roba”. Y ahora, se dispone a cobrar su cheque en el zoco del Hemiciclo, donde mercadea impúdicamente el presidente del Gobierno comprando votos. Claro que él no paga. Lo pagan todos los españoles con sus impuestos, mientras la letra de la Constitución aparece cada día más emborronada.
Este lunes, se han reunido en Barcelona la consejera de Economía de la Generalidad y Ángel Víctor Torres para rematar la faena, para firmar un acuerdo en la pomposamente llamada Comisión bilateral para hacer entrega a la Generalidad de la entera recaudación y gestión del IRPF, la primera parte de la llamada financiación singular, aunque en realidad se trata de la independencia fiscal, del saqueo de la caja única que rompe definitivamente la igualdad entre los españoles. Otro gesto de insolidaridad comandado por un Gobierno que sólo intenta aguantar en el poder a costa de lo que sea. El precio es alto, hasta 13.000 millones de euros, más aún después de haber condonado la deuda de 17.000 millones. Pero es la factura del nuevo chantaje de los separatistas que se urdió en el acuerdo entre ERC y el PSC para la investidura de Salvador Illa. Es la imposición que los socialistas sanchistas aguantan sin rechistar, sin importarles asestar un golpe definitivo a la Constitución. Pues se trata de sobrevivir; más ahora que la corrupción cerca al Gobierno.
Después de los indultos, de la chapucera ley de amnistía que ni Conde Pumpido logra que libere a Puigdemont, después de transferencias por doquier, ha llegado la hora del dinero contante y sonante. Ahora se trata de robar a manos llenas al resto de los españoles. Aunque el argumento se basa en la gran mentira del “España nos roba”. Ya sólo falta que Sánchez apruebe la celebración del referéndum de autodeterminación para que Cataluña se proclame independiente, para que triunfe el golpe de Estado del 1-O. Pero hay tiempo. Quedan dos años por delante para destruirlo todo.