Cultura

Javier Ikaz: “Toda expresión artística fortalece la cultura y ésta hace lo propio con el ámbito humanístico”

Javier Ikaz

ENTREVISTA

Javier Mateo Hidalgo | Lunes 14 de julio de 2025

Una de las figuras más fascinantes de nuestro panorama cultural es sin duda la de Javier Ikaz (Barakaldo, 1978). Siendo su personalidad inclasificable, destacan sus cualidades como escritor y divulgador. Creador, junto con Jorge Díaz, del fenómeno Yo fuí a EGB, es además autor en solitario de los monográficos cinematográficos Disparate nacional: el cine de Mariano Ozores (2018) y Goma-2: El cine explosivo de José Antonio de la Loma (2019), ambos publicados en Appleheadteam. Conversar con él supone siempre un regalo, tanto por sus conocimientos como por su cercanía. En esta ocasión, nos brinda la siguiente charla con motivo de la publicación de su interesante primera novela Game Over (Plaza & Janés).

Pregunta: Game Over supone tu primera incursión en el género de la novela. ¿Cómo surge el proyecto y de qué modo evoluciona de la idea inicial a su forma final?

Respuesta: La ficción es lo que más he escrito desde siempre. Cuentos, relatos, incluso una especie de novela corta o relato largo, pero Game over supone la primera novela como tal. Muchas veces intenté hacer una novela y se me resistía. Ha sido encontrar un tema en el que me sentía cómodo y en ese sentido la editorial, Plaza y Janés, me ha dejado hacer la novela que tenía pensada. Cuando surgió la idea lo tuve claro y ha habido variaciones en el momento de escribirla, pero tampoco se ha alejado mucho de la idea inicial.

P: A pesar de tener como protagonistas a cinco adolescentes que experimentan diversos fenómenos paranormales, el libro dista mucho de ser una ficción al estilo de Stranger Things. Existe por encima de estos elementos anecdóticos una reflexión trascendental en torno al paso del tiempo y su influencia en el ser humano y su medio. ¿Qué es lo que te llevó a dotar de este aura filosófica a tu obra?

R: Jaja, me encanta que digas eso porque soy un amante de la filosofía y suelo leer muchos libros sobre pensadores clásicos y contemporáneos. Tuve claro desde el principio que quería hablar del paso del tiempo y de cómo eso nos cambia a las personas y al paisaje que nos rodea. Es inevitable que acabes desarrollando ideas más o menos filosóficas. Lo del smartphone, viaje en el tiempo y demás es el envoltorio, el mcguffin.

P: Debido al contexto de los ochenta en que enmarcas Game Over, tu libro está plagado de referencias culturales de la época. ¿Cómo definirías ese periodo de cara a la influencia que ha tenido en el presente?

R: La década de los 80 fue la de la explosión de las marcas, de la MTV, las televisiones empezaban a estar en todos los hogares, la publicidad y una tecnología recreativa en ciernes empezó a calar en una sociedad que salía de décadas de oscuridad, quizá por eso enfatizo mucho en las marcas, programas televisivos, canciones… quería ambientar muy bien el año 1984.

P: Dicen que un novelista siempre refleja aspectos de sí mismo en lo que escribe. Los personajes de Game Over poseen particularidades que pueden definir tu personalidad: la afición de Ava por los videojuegos; la cinefilia de Koldo y su gusto por la escritura; la nostalgia de Peio hacia los ochenta o el gusto de Pedro por el mundo del arte. ¿Hasta qué punto has dejado parte de ti en este libro?

R: Bueno, los protagonistas son algo mayores que yo, pero me siento muy cerca de ellos, por generación y por lugar de residencia (aunque en la novela digo que Zuloa, barrio ficticio, está en Bilbao realmente está inspirado en el barrio donde crecí en Barakaldo) y es inevitable que tengan expresiones y maneras afines a mí y mi entorno. Hay un poco de mí y de amigos y familiares en todos los personajes.

P: La trama de tu novela destaca por una compleja estructura, que nos hace ir y venir a diferentes espacios y tiempos —destacan, por ejemplo, esos “interludios” casi cinematográficos o musicales—. De esta forma vas dosificando el misterio hasta llegar a un desenlace sorprendente. ¿Ideaste un esquema previo antes de iniciar la escritura, fuiste dejando que la historia te llevara o alternarse ambas cosas?

R: Antes de empezar la redacción hice una escaleta de los capítulos porque en la novela hay dos líneas temporales, verano de 1984 y verano de 2024, y necesitaba un orden. Una vez escrita hubo que modificar sobre todo la distribución de las informaciones y creé esos interludios. Ahora que comentas lo musical, al final añadí una coda, me gusta más que epílogo. Eso sí, desde el principio sabía cómo iba a acabar la historia.

P: Estamos convencidos de que esta obra hará las delicias de los fans de Yo fui a EGB. ¿En cierto modo puede considerarse un homenaje a ese universo tan fascinante?

R: Sí, claro. Es inevitable porque ese mundo es parte de mí.

P: Una parte muy importante de tu labor cultural es la difusión que haces de lo que representan tus inquietudes literarias o cinematográficas. Club Ditirambo es claro ejemplo de ello. ¿Cómo surgió tu faceta divulgadora y de qué modo esperas que contribuya a fortalecer el ámbito humanístico?

R: Es curioso porque lo de divulgador cultural es algo que me han dicho varias veces. Es una cosa innata en mi día a día, hablar y/o recomendar libros, películas, exposiciones, discos… Creo que es algo que en mayor o menor medida hacemos todos, pero en mi caso, que me paso media vida consumiendo productos culturales y hablando de ellos en redes parece que es algo premeditado, pero no es así. Yo pienso que toda expresión artística fortalece la cultura y ésta hace lo propio con el ámbito humanístico. Ya lo decía Antonio Banderas en Desperado: “es más fácil destruir que crear”. Eso sí, lo decía poco antes de empezar a matar a diestro y siniestro…

P: También en YouTube, los seguidores de tu trabajo pueden disfrutar del film Una tarde en Walden, largometraje documental en forma de entrevista que realizaste en homenaje a uno de tus escritores más admirados, Ramiro Pinilla. ¿Qué ha supuesto este autor para ti y cómo describirías aquella experiencia que viviste a su lado?

R: Dicen que si tienes un ídolo es mejor que no le conozcas en persona, porque te decepcionará. Con Ramiro Pinilla no sólo no me pasó eso, sino que aprendí la importancia de la bondad y la humildad. El personaje creció. Creo que es uno de los autores más importantes de nuestras letras y vivía en una casita en Getxo, llamada Walden por Thoreau, a un cuarto de hora en coche de mi casa y me dejó grabarle una tarde. Fue una de las mejores experiencias de mi vida. Ojalá tuviésemos unas migas de su integridad y coherencia.

P: Otra faceta bien interesante es la escritura de ensayos fílmicos, como los que dedicaste a Mariano Ozores y a José Antonio de la Loma. ¿Por qué estos autores y de qué modo te influyeron en tu visión del mundo?

R: Bueno, esos dos libros no son ensayos, realmente son dos acercamientos a unas filmografías muy populares. Son muy expositivos, casi sin opinión. Una especie de guía de la obra de dos autores que, sin ser mis favoritos, me parecen fundamentales para entender el cine español de barrio del siglo pasado. Españoladas por un lado y el origen del cine quinqui por otro.

P: Game Over está dedicado a tu hija y a tu pareja. ¿Cómo han influido en la escritura de este libro y qué les ha parecido el resultado? ¡A buen seguro fueron tus primeras críticas!

R: Desde el momento en que vivo con ellas y tengo que escamotearles horas y horas para encerrarme en el búnker a escribir ya me siento lo suficientemente obligado a dedicarles el libro.

P: Después de esta primera novela, ¿tienes en mente algún nuevo proyecto de ficción o ensayístico?

R: Sí, claro. Realmente nunca he dejado de escribir, pero ahora que me he quitado la espinita de hacer una novela estoy enfrascado en otra de la que llevo una tercera parte redactada. Crucemos los dedos para que a Plaza & Janés les interese también.

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