Transcurre el estío en el hemisferio norte y con tal, la cauda de memes que entrelazan a julio con quehaceres diversos engarzándolas con acomodadas estampas de Julio Iglesias proliferando en las redes sociales. Ahora bien, los memes son a julio, no a Julio. Distíngase.
Nacieron hace una década, al menos –desaprensivos aseguran, equivocados, que brotaron en la Pandemia, pero no– y se han consolidado como un verdadero, esperado y celebrado clásico del verano. Ya sabe, usando frases ingeniosas, mostrando en ello la versatilidad del idioma español y una manera sencilla de ligarlas con la imagen del mundialmente reconocido cantante, ajustando su nombre al mes de marras, rematadas con poses y fotos conocidas de todas las etapas del archiconocido intérprete español, haciendo de tales composiciones una simpática ocurrencia que alegra el momento y es eso. No tiene mayores pretensiones.
Muestran la versatilidad del idioma, su adaptabilidad y flexibilidad para acomodar una frase a determinadas referencias y alusiones de manera impecable. De ahí, su éxito.
Es cierto que sorprende que haya calado hondo el personaje, prácticamente retirado ya de la farándula –y de quien sabemos qué en 2024 se pronunciara, conociendo el fenómeno mediático que lo alude, expresando que le divierte, deseando solo que no sea irrespetuoso [estoy cierto que no lo es]– y sabiéndose que, acaso, las generaciones jóvenes lo identifican más por los memes que por su trayectoria, una que está considerada como la del cantante de habla hispana que más ha vendido música con los consiguientes premios del mundillo del entretenimiento. Sépase, porque sí es importante decirlo.
Quizá la novedad del último año es que no nos dieron tregua tales memes, apareciendo de cuando en cuando añorando que el mes de julio se marchó o avisándonos, siempre usando la efigie del afamado cantante, que se aproximaba. Un derroche de ingenio que celebramos.
Como tales no tienen mayores pretensiones que el hacernos pasar un instante grato, los señalo porque están y, en efecto, como a mí el verano en fascina, me alegran sus jornadas. Me quedo con ese meme donde un nadador con el rostro sobrepuesto de Julio Iglesias, reza: "nada como Julio". Y solo cabe responder: afirmativo."
Mientras tanto, adviértase qué en esta sensación de clima bélico, o de preguerra –si se prefiere decirlo así, para tranquilizar conciencias en medio de esta segunda Guerra Fría que vivimos al menos desde 2013– destaca y no pasa inadvertido que so pretexto de los días nacionales o de fechas de gran envergadura a remarcar en los calendarios, las potencias nucleares hayan ostentado sus arsenales mostrando en sus desfiles al adversario a sus juguetes más caros y comedidos para la destrucción del otro. Existen con la lógica de que solo dañarán al contrario sin calibrar que también perjudicarán a quienes los utilicen. Hágales entender.
Lo mismo el Día D en mayo pasado, cuando Rusia desplegó sus mortíferos aditamentos, que el pasado 19 de junio cuando Trump hizo lo propio, so pretexto de conmemorar el 250 aniversario de su ejército –el que nació de desarrapados e improvisados labriegos antibritánicos– e igual el pasado 14 de julio en que Francia aprovechó la ocasión para efectuar un derroche de poderío. En el inter, China ha comunicado los avances en la consecución de armamento nuclear de gran alcance. Demasiada fanfarronería, demasiado alarde, excesivo engreimiento, bravatas y jactancia, enfermizas presunciones que acaban en eso, en fantochadas, porque ya lo decía mi abuelo: la pistola es para usarse, no para presumirse. De nada sirve, es postureo propio de amilanados y facetos, venirnos a decir “mira la chica pistolota que me cargo”. Payasos e irresponsables. Reproducen infortunadamente, el ambiente prebélico de los años 1912, 13, y el fatal 1914. Y no aprendemos.
Y cabe acotar: y la UE echándole gasolina a la fogata con el armamento a Ucrania. Es que de verdad…. Y sí, ya sabemos que en el nombre de la democracia y la seguridad y tal. Ya. La verdad es que la seguridad es lo primero que se irá al garete como sigan haciéndole cosquillas al oso ruso. Al tiempo.
Termino. El chiflado de la Casa Blanca –que de momento no zamarrea más a España– lo mismo no halla cómo intervenir en México, porque nunca han quitado el dedo del reglón en Washington, puesto que necesitan ese país para sus miserables intereses hegemónicos mundiales de seguridad, que igual clava a Brasil el 50 % de aranceles en tono metomentodo en asuntos internos del país sudamericano y amenaza a Rusia de frente y vía el atolondrado de Zelenski –engatusándolo a ver si sí o si no se atreve a atacar Moscú con la pregunta ¿puedes atacar Moscú?– en tanto impulsa ciertas decisiones internas que son llamativas: desmantela el Departamento de Educación. Sea pues. Los EE.UU. son por su sistema educativo que han creado trazando con tal una dirección de poderío a base de disciplina y exigencia tuteladas, quiérase que no, por el Estado mismo –abarcando desde redes de centros de estudio y alfabetización o la manera de acomodar los acervos bibliotecarios o escoger a la gente capaz de estudiar de aquella que no– de manera tal que lo que propugna el neoyorquino perturbado es darse un balazo en el pie apostando a la decadencia de su país. Por nosotros, que no se detenga.
Por la misma senda errática y atrabancada, lo mismo manda un procónsul a la NASA que desmantela al Departamento de Estado con despidos masivos, justo cuando se supone que necesita de tan desprestigiada e injerencista institución para imponerse al mundo y que hoy comanda el pequeñajo y asaz acomplejado cubanomericano Rubio –que el periodista mexicano nacionalizado estadounidense Jorge Ramos le ha exhibido en una entrevista conque su abuelo estuvo ilegalmente internado a EE.UU.– y quien, cual jenízaro, se ceba con el presidente de Cuba, mostrando sus trastornos más deplorables, acendrados y degradados; y que igual sanciona a la relatora especial de la ONU, Albanese, porque sencillamente desenmascara a Israel y acusa genocidio en Gaza. La acción yanqui solo confirma su abominable colusión con los criminales de Israel. Lo que son. Y al que le pique, que se rasque. Y sí, los de Hammas no venden piñas. No nos equivoquemos con unos y con otros y lo uno, no quita lo otro.
Por cierto, muchos temen hablar de las trapacerías yanquis porque temen perder sus visas y ya no ir a Disneylandia. Dicho con absoluto sarcasmo. Ni que fuera el país más bonito del mundo, ¡por Dios! ¿Qué se las quitan? peor para el sol. Coger el mapamundi e irse a descubrir el mundo. Es cuanto.