Opinión

Expresiones de cristianismo bíblico

TRIBUNA

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 18 de julio de 2025
  • Ho Kýrios mou kaì ho Theós mou/Dominus meus et Deus meus. Señor mío y Dios mío. Es la gran jaculatoria que exclama Santo Tomás al descubrir que efectivamente el Maestro ha resucitado, y es de carne y de huesos como cualquier viviente. A veces el Señor tiene que echar una mano a nuestra poca fe. Esta jaculatoria tomasiana es mezcla de arrepentimiento y vergüenza, por una parte, y por la otra, de confesión de amor al Maestro. Era tradición en la Iglesia pronunciar dos veces esta exclamación de amor durante la misa en el acto de consagración, cuando el sacerdote levanta la Hostia en la prex eucharistica ( “accipite et manducate…” ), y luego, cuando levanta el cáliz ( “accipite et bibete…” ). Aún hay personas mayores que lo hacen.
  • Ésesthe mou mártires/eritis mihi testes. Seréis mis testigos. Para ser buen discípulo de Cristo hay que ser su testigo, aunque serlo en este mundo nos lleve muchas veces al martirio, cívico, e incluso físico. La Historia nos revela que los testigos de Jesús son mártires de Jesús, cambiando así el significado del étymon.
  • Kardiognôsta pánton/qui corda nosti omnium. Buen conocedor de los corazones de todos. Jesús conoce bien lo que esconden los corazones de todos. Y eso precisamente sea la raíz de que nos perdone siempre. Y conocer el corazón es conocer la irrepetible singularidad de cada uno.
  • Paidía/pueri. Niños. El Evangelio tiene una relación constante con la niñez, como símbolo de inocencia, fragilidad y no-poder que representa la esencia de la infancia.
  • Egertheìs ek nekrôn/resurrexit a mortuis. Resucitó de entre los muertos. Jesús es el hermano y el redentor de todos los hombres, tanto de los que fueron, a los que visita en el inframundo, son y serán.
  • Bóske tà arnía mou/pasce agnos meos. Poímane tà próbata mou/pasce agnos menos. Bóske tà próbata mou/Pasce oves meas ( Apacienta mis corderos, pastorea mi rebaño, lleva a pastar a mis ovejas ). Jesús, frente a las tres pasadas negaciones de Pedro, le ordena tres veces tras su resurrección el liderazgo de la grey cristiana, la Iglesia. La Iglesia, teológicamente hablando, es una monarquía, subrayada por las palabras del divino Maestro.
  • Akoloúthei moi/Sequere me. Sígueme. Es la sencilla fórmula con que Jesús llama a sus elegidos.
  • Hén esmen/unum sumus. Uno solo somos. El Padre y el Hijo constituyen un solo Dios.
  • En toútôi gnôsontai pántes hóti emoì mathêtaí este/In hoc cognoscent omnes quia discipuli mei estis. En esto conocerán todos que sois mis discípulos. Ese “esto” es la dilectio, el amor entre unos y otros, un amor recíproco. El carné de identidad de un cristiano es el amor, y su grado de cristianismo depende sólo de la intensidad de su amor. San Agustín lo subraya cuando llega a decir “Ama, y haz lo que quieras”, porque las exigencias del amor entrañan que en su nombre no se puede decir o hacer nada malo. En nombre del amor es lo mismo que en nombre de Dios.
  • Mê tarasésthô hymôn hê kardía mêdè deliátô/Non turbetur cor vestrum neque formidet. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo. El mundo no debería jamás ser capaz de turbar un corazón verdaderamente creyente, ni contaminarlo con el miedo, la pasión de todos los esclavos.
  • Gleúkous memestôménoi eisín/Musto pleni sunt isti. “Esos están llenos de mosto”; en el sentido de que están embriagados de una extraña fe que les hace hacer cosas raras; perdonan y se preocupan por sus enemigos, comparten sus propiedades con quienes las necesitan, aceptan los males propios con alegría, sonríen siempre a los demás, al malvado le ponen la otra mejilla, aman a todos como a sí mismos, sin distinguir clase ni raza, y, sobre todo, aman a un crucificado y darían su vida por él, que es su único Señor. Decididamente estos están borrachos ( hoútoi methýousin/hi ebrii sunt ).
  • Plêrôseis me euphrosýnes metà toû prosôpou sou/replebis me iucunditate cum facie tua. “Me colmarás de alegría con tu rostro”. La alegría interior es siempre una bendición de Dios porque el hombre que la tiene está mirando siempre el rostro de Jesús, está en presencia de Dios.
  • Ou dýnasthe bastádsein/non potestis portare. “No podéis llevar la carga”. Son impotentes sin Dios hasta los más poderosos, y lo pueden todo siempre con Dios hasta los más débiles.
  • Exòn eipeîn metà parrêsías/liceat audenter dicere. “Sea lícito hablar con audacia” o “Sea lícito decir lo que a uno le dé la gana”. Poder hablar de lo que uno quiera, o “parrhesía”, era un derecho que tenía todo ciudadano en la Democracia Clásica, y hasta Platón reconoce que en Atenas ese derecho lo tenían hasta los esclavos. Pues bien, los cristianos tenemos ese derecho de libertad de expresión infinita. Y esta libertad sin freno sólo hará bien y jamás hará daño al mundo si no hemos perdido el don que nos da el bautismo, to pneûma tês alêtheías/spiritus veritatis, “el espíritu de la verdad”.
  • Echortásthêsan pántes/omnes saturati sunt. “Todos fueron saciados” o “todos quedaron hartos”. El vocablo griego “chortasía” significa la acción de engordar a los animales. En el milagro de los panes y los peces vemos un adelanto del Reino de Dios; simboliza un banquete pantagruélico, algo así como las Bodas de Camacho. La presencia de Dios “nos llena” de alegría infinita, “engorda” nuestra felicidad. En una sociedad casi de pura subsistencia, como la del Mundo Clásico, con muy pocos excedentes, la imagen de una comunidad de creyentes saciada de alimento y bebida es perfecta, como metáfora de la eterna felicidad que nos reserva nuestro Padre Celestial.
  • Anédeixen ho Kýrios/designavit Dominus. “El Señor consagró” o, más etimológicamente, “El Señor señaló a uno haciéndolo levantar”. El latín, además del significado básico de “señalar”, también tiene el sentido de “designar para un cargo”. Es un hecho que es Dios mismo quien elige a los operarios de su mies, quien llama ( vocación ) a los distintos carismas que configuran la Iglesia de Jesús. No somos nosotros para nada quienes por nuestra sola voluntad formamos parte de la Iglesia de un modo activo, es Dios quien como el profesor de una clase llama a los alumnos por su nombre, y estos se levantan. Y estos alumnos que se levantan ante el supremo Maestro ( Didáskalos ) deben estar contentos, porque ya tienen sus nombres escritos en los cielos. Tà onómata hymôn engégraptai en toîs ouranoîs/nomina vestra scripta sunt in caelis.
  • Ex holês tês kardías sou/ex toto corde tuo, en hólêi têi psychêi sou/ex tota anima tua, en hólêi têi ischýï sou/ex omnibus viribus tuis, en hólêi têi dianoíai sou/ex omni mente tua. Jesús nos pide que tanto a Dios como al prójimo amemos con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y desde toda nuestra razón o entendimiento activo. Las dos últimas fuentes de nuestro amor, la fuerza ( ischýs ) y el entendimiento activo son también dones del Espíritu Santo, entendiendo la diánoia (mens) como una conjunción de sýnesis, gnosis, boulê y sophía, según el propio Platón. Los judíos concebían el corazón como “lo interior” del hombre en un sentido mucho más amplio. Además de los sentimientos, el corazón contiene también los recuerdos y los pensamientos, los proyectos y las decisiones. El corazón endurecido comporta el sentido de espíritu cerrado. En la antropología bíblica el corazón del hombre es la fuente misma de su personalidad consciente, inteligente y libre, la sede de sus elecciones decisivas, la de la ley no escrita y de la acción misteriosa de Dios. Su ADN. Respecto al alma, lejos de ser una parte que conjuntamente con el cuerpo compone el ser humano, designa al hombre entero en cuanto animado por un espíritu de vida. El alma se expresa a través del cuerpo y la carne.