Opinión

Esto se acaba

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Lunes 21 de julio de 2025

Lo que pretendo, hoy, aquí, es buscar, en mis almacenes, alguna idea, digna de compartir con vosotros, respecto a una cuestión que, quizá, sea un cambio radical.

Me refiero a la civilización tal como la hemos entendido hasta ahora. Al uso, almacenamiento, inventiva, enseñanza, estudio y difusión de la experiencia humana.

Y no pretendo, faltaría más, hacer un profundo estudio, sobre el asunto, sino trasladaros algunas observaciones o intuiciones, de mi cosecha, sobre acontecimientos, que abundan en la percepción, de este cambio.

¿Os acordáis de la enciclopedia, que todo matrimonio compraba, cuando sacaba la cabeza por encima de la hipoteca?. ¿La que colocaban, junto a los retratos familiares, en el lugar preferente, de la estantería preferente, situada en el espacio preferente de la casa?. ¿Aquella, con la que muchos se ganaron la vida vendiéndola, a domicilio, “en cómodos plazos”?. Amigos, esa enciclopedia……

hace tiempo se ha vendido al peso.

Veis y escucháis a nuestros “analiticonostalgicoderrotistas” intelectuales, sentados en sus butacas de orejas, con cabecero de ganchillo para protegerlas de la caspa y al pie de sus abarrotadas bibliotecas, citando, displicentemente a los griegos y a sí mismos, mientras abominan de la falta de preparación cultural, cívica y política del “pueblo”. Seguro que se os ocurre que, cuando alguien quite el polvo a sus butacas y a sus adoradas bibliotecas, deberían incluirlos, a ellos, como objetivos de esta labor?.

Vemos pontificar, por “los medios”, a nuestros santones, “crema de la intelectualidad”, situados, siempre, en el fiel de la balanza, reconvenirnos por nuestros errores, nuestra ignorancia, nuestra pereza, por no seguir sus consejos, sin tener ni idea de a qué “dedicamos el tiempo libre” para ganarnos la vida.

Oímos a los añorantes del “todo tiempo pasado fue mejor”, que ridiculizan nuestra urgencia por entrar, de bruces, en el siglo XXI, jugando, “infantilmente”, con toda clase de artilugios informáticos y nos arrullan con los cantos de sirena de las bondades del siglo XX. ¡Que ya es arrullar!.

Hasta hay uno, cuyos artículos leo todas las semanas, porque, sin saberlo, es el mejor humorista de España, que escribe novelas de más de mil páginas, con pluma estilográfica, cuyo artilugio nos anima a usar porque, según él, la inspiración fluye, así, mejor que con el teclado.

Y es que amigos, es tan sorprendente la ansiedad de los jóvenes para adaptarse a los nuevos tiempos, como la reticencia de los viejos a hacerlo. Esto abre una gran falla entre generaciones, imposible de soldar.

Han desaparecido los que escribían todas las mañanas en piedra y tenemos a los que escriben, a todas horas, en el aire.

Y aquellos que llegaron a intentar sacarnos, todas las madrugadas a rezar el ángelus, por las calles y amenazaban a los adolescentes con las penas del infierno, si se dejaban arrastrar por sus incontenibles ardores, han vaciado, por fin, las iglesias y los seminarios.

Vemos y oímos, en el Parlamento, a los Padres de la patria, mostrando su verdadera talla y no se puede evitar la comparación con el comportamiento de las tribus de chimpancés, nuestros próximos parientes.

El mismo feroz instinto de mando, del macho alfa y la pelea despiadada por conseguirlo y mantenerlo, para imponer, caprichosamente, jerarquías y prebendas. Igual celo de los machos elegidos por mantener el rango alcanzado. La misma rivalidad de las hembras por gozar de la estimación preferente del macho dominante.

El robo y la rapiña de todo lo que esté a su alcance como si fuera un derecho que va con el rango. La misma rijosidad, apenas ocultada, que acarrea gran regodeo, cuando se hace pública.

Nunca, como ahora, se ha visto una incapacidad tan manifiesta para gobernar.

Amigos. Todo lo anterior parece, ya, muy viejo. Esto se acaba… menos mal.