Opinión

Montoro

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 23 de julio de 2025

“Éramos pocos y parió la abuela”. Miren por dónde don Cristóbal Montoro ha saltado a la palestra de la rabiosa actualidad que, como es sabido, está cargada de presuntos filibusteros.

No voy a entrar en el fondo de este exministro de Hacienda, singular donde los haya, y ahora imputado por cuestiones de presuntas “malas artes”. Fue capaz de esquilmarnos con sus impuestos confiscatorios de tal manera que hasta el propio metabolismo de muchos ahorradores se vio obligado a pedir limosna a las puertas de San Judas. Eran tiempos de Rajoy. Otros gobiernos y poco más. Paso a reproducir este artículo del que es autor un servidor y que allá por 2014 tuvo su publicación en otros medios.

“El señor Montoro tiene vocación de vampiro, eso no ofrece duda; su afición por sacarnos la sangre con su arrebatadora manía de subir impuestos y mirar al lado contrario de donde debiera hace que la supervivencia ciudadana esté bajo mínimos. No se entiende cómo el señor ministro, en lugar de centrar su principal actividad en mediar entre la recaudación y el bienestar ciudadano, se haya enrocado en una manía persecutoria que va más allá de la mera doctrina tributaria que todo país necesita para mantener la hegemonía de sus arcas.

Eso sería idílico; sin embargo, el señor Montoro parece abducido por una manía persecutoria que ya resulta cansina y de lo más preocupante. Su afán por recaudar sin límite no guarda equidad alguna con la respuesta de servicios que se recibe a cambio. El contribuyente no es una víctima resultona en noche de luna llena; es más, considerando que dicho ministro tiene vocación vampírica, solo cabe pensar que este buen hombre debe estar abducido por algún extraño sortilegio, pues no es natural su codicia extrema, salvo que pudiera estar preparándose un banco de sangre para cuando abandone la política activa.

Todos los que han postulado en fiscalidad aplicando políticas impositivas menos erráticas han acertado en no gravar al contribuyente más de lo debido, aunque este sea siempre un capítulo de mal gusto por aquello de la desigual pleitesía que se rinde por parte de ricos y clases de inferior graduación. En este país y ahora se alzan voces de próceres en la materia que otrora supieron aplicar otras conductas recaudatorias con criterio de acierto, al menos con menos agresividad para el bolsillo ciudadano; circunstancia que tuvo el refrendo para demostrar que no por mucho subir los impuestos trae causa de mayor recaudación. Todo esto cae en saco roto del señor Montoro, quien en vez de poner pie en pared por la desdichada herencia recibida del no menos funesto Zapatero, optó por subir los impuestos y reducir los servicios. Y todos a mendigar.

Pero no contento con esto, su insaciable manera de succionar le ha llevado a rascar de nuestra amplísima riqueza patrimonial histórica y cultural. Para el próximo 2015, mucho me temo que será el año del desplome de algunas de nuestras reliquias arquitectónicas en nada que se cumplan las profecías del ministro Montoro vía Presupuestos Generales.

La dotación para conservar y restaurar bienes culturales, sumada a la de protección, al patrimonio está en mínimos de recursos, lo que significa que la piedra sobre piedra puede comenzar a tambalearse y ya veremos en que acaba la broma. Hay que destacar que durante el gobierno de Mariano Rajoy se ha invertido un 52% menos en el legado histórico y artístico; luego, con estas alforjas, difícil viaje se antoja alrededor de la heredad que para muchos es de las principales fuentes de riqueza de España. De manera que mantener en pie los vestigios de nuestro glorioso pasado se antoja un milagro apuntalado.

Es posible que este capítulo no esté dentro de la producción de votos al por mayor. Es posible que para el Partido Popular la cuestión de mantener piedras en equilibrio resulte poco interesante. Es posible, también, que el señor Montoro pretenda imitar a Lady Hester, la reina blanca de Palmira, primera persona europea que logró visitar la gran ciudad romana en ruinas y que gracias a ella se abrió un corredor de turismo inusual en Siria. A lo mejor todo esto ha creado en nuestros regidores la oportunidad de pasar a la historia como los nacientes de una nueva manera de generar ingresos a base de convertir nuestro patrimonio cultural en restos, eso sí, dignos escombros caídos no por ninguna destrucción venida por invasión de los sasánidas o cualquier otro ejército, simplemente porque a estos políticos les trae al fresco proteger la parte de cultura que se ve como una escombrera.

En fin, como dijera el conde de Volney: “Por dejar perecer las grandes obras de los hombres, así es como los imperios y las naciones desaparecen”.