Olga González Alonso | Sábado 06 de diciembre de 2008
Tiene el vicepresidente de la biXunta de Galicia una añoranza de aquellos tiempos de rebeldía, de lucha de camaradas y de oposición al poder que le sale por los poros. Y no duda en aprovechar cualquier excusa para revivirlos, burlando a su yo institucional. El colapso de tráfico registrado hace unos días en la autopista que une A Coruña con Santiago a causa de dos accidentes múltiples ha sido la última.
El justificado cabreo de los usuarios que se vieron paralizados durante varias horas no fue nada al lado de las ansias de sublevación de Anxo Quintana, que sugirió que los gallegos tendrían que empezar a pensar en no pagar el peaje. ¡A las barricadas!, le faltó decir al vice, cuya reacción es, en pura lógica, lo que cualquier ciudadano espera de un miembro del Gobierno que se supone que tiene que gestionar sus derechos. Que la empresa concesionaria de la autopista no soluciona el caos y le tiene a usted media mañana atrapado en un monumental atasco, pues coja el camino de en medio y no le pague el servicio. Así gobiernan los progresistas, incitando a la revuelta y promoviendo el desgobierno. Siguiendo el esquema revolucionario de Quintana, los gallegos podríamos dejar de pagar la cuota de la Sanidad, porque las listas de espera nos están desesperando.
El lío de la autopista coincide con el de la venta de la empresa concesionaria, Audasa, a un grupo americano, operación que ha sublevado también al vicepresidente nacionalista, que teme que la nueva propietaria no cumpla los compromisos pendientes de ampliación y mejora de varios tramos. Temor justificado si tenemos en cuenta que, y seguimos con la lógica de la gestión, el actual bigobierno autonómico había conseguido tales compromisos de palabra pero no los exigió por escrito. Se abre ahora una difícil situación que Quintana y su socio socialista Touriño resuelven acudiendo a una tradición argumental: la culpa es del PP por prolongar la concesión en su etapa de gobierno. Ellos, que son los que gobiernan en este momento, que no amarraron en serio y que ahora no exigen lo que podrían y deberían exigir no asumen ninguna responsabilidad. Otra reacción que todo ciudadano espera de sus gobernantes: que se laven las manos y culpen de sus problemas a los que estaban antes.
La venta de Audasa viene a agrandar el nubarrón que ensombrece en los últimos tiempos el panorama empresarial gallego, salpicado por otras pérdidas, como la derivada de la compra de Unión Fenosa por parte de Gas Natural. Algo que también ha logrado reflotar el yo revolucionario de Anxo Quintana, quien considera estos movimientos una pérdida de soberanía para esta Comunidad y entiende que hay que “mandar parar”. Llegó el comandante.
Menos mal que el presidente Touriño ha dicho muy convencido que Galicia “no es un país bananero”. Nos quedamos mucho más tranquilos.
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