Cultura

Los casos del comisario Croce: un libro ideal para lectores de investigaciones criminales

RESEÑA

José Manuel López Marañón | Lunes 04 de agosto de 2025


LOS CASOS DEL COMISARIO CROCE. Ricardo Piglia. Anagrama (2018).


El grandísimo escritor argentino Ricardo Piglia (1941-2017), paralizado por una esclerosis lateral amiotrófica (ELA), pudo completar Los casos del comisario Croce gracias a un hardware llamado Tobii que permite escribir con la mirada. Acostumbrados a los avances de la informática, conocer que muchas de sus novedades lindan con lo sobrenatural casi ya ni sorprende. Pero de un alcance casi milagroso debe ser esta, porque, tras ser ideado en plenitud de facultades intelectuales, utilizando el Tobii el último libro que acabó Piglia se nos muestra redactado con sus ojos desde la más regocijante serenidad creativa.

Las obras finales de algunos autores suelen ser fruto de titánicos esfuerzos. En casos extremos, de la mantenida abnegación que requiere escribir entre postreros estertores… Marcel Proust remató En busca del tiempo perdido encerrado en su habitación acolchada, alimentándose de cruasanes y cafés, y entre los accesos de asma que terminaron por llevarlo a su sepultura del Père-Lachaise. Conocida es la vehemencia incombustible de Roberto Bolaño para concluir su obra más extensa, 2666, a la espera de un trasplante de hígado nunca recibido, en una carrera perdida contra la muerte.

No tema el comprador de Los casos del comisario Croce hacerse con uno de esos libros póstumos inesperadamente hallados en algún cajón de tal autor recientemente fallecido, famoso, que poco tarda en salir al mercado. A menudo suelen ser vergonzantes manuscritos, saldos de aficionado que la consagrada figura desechó publicar. Así, tras su deceso, el prestigio de Bolaño ha mermado con la difusión de una pléyade de títulos muy menores, algo solo explicable por la insaciable voracidad editorial, de exprimidora vocación.

Estos funestos afanes, desde luego, no están en el origen del libro de Piglia. Escritor de volúmenes de cuentos y de diarios, son sus cinco novelas las que lo han hecho conocido en el mundo entero. Me quedo con la excepcional Plata quemada (Anagrama, 2000), donde el de Adrogué narra con firme pulso el robo a un banco de Buenos Aires y la posterior huida de los atracadores a Montevideo, donde acaban siendo cercados. Homosexuales sin entrañas extraviados por la droga, el Nene Brignone y el Gaucho Dorda quedan marcados a fuego en nuestro recuerdo durante esta violentísima crónica: su descenso a los infiernos sortea cualquier previsible territorio del noir para, a cambio, convertirse en radiografías nítidas de la mente psicótica.

Protagonista de Los casos del comisario Croce, este policía aparecía ya en Blanco nocturno, novela ambientada en un pueblo donde investigaba el asesinato de un joven que, simultáneamente, se había liado con las hijas de una de las principales familias del lugar. De papel más bien secundario a personaje central en la obra final de su padre literario, el progreso de Croce es evidente.

Antes de comentarlos decir que los casos que el comisario investiga y desentraña suponen un completo repaso a la literatura policiaca. Hay en sus relatos rastros perceptibles de Chesterton, Conan Doyle, Poe o Borges (Piglia se ocupa de los grandes: ignora a la mediocre y triunfadora legión del género).

El método de investigación del comisario (en varios cuentos ya ex comisario) está basado «en buscarle siempre la quinta pata al gato». Aclara Croce:

«Nunca me preocupo por las causas de un crimen, solo me interesan las consecuencias, lo que ha sucedido después. El crimen es un mensaje. No debe ser analizado en sus motivaciones, sino en su forma –las pistas, los rastros–, y sobre todo en la relación que mantiene con la multitud de detalles inadvertidos».

En La música Croce ayuda a un preso a demostrar su inocencia en el crimen que costó la vida a una camarera. Al hablar el encarcelado solo en croata, el comisario y él se entienden con dibujos. En La película una cinta porno con la que se pretende chantajear a un ministro está interpretada por una mujer cercana al comisario. En El astrólogo, relato a lo Roberto Arlt, el comisario recuerda los intentos de apresar a un terrorista que atracaba para proveer de fondos a su revolución. En El jugador se enfrenta al extraño ahogamiento de un ludópata que la noche anterior a su muerte había ganado mucho dinero. En La excepción el fusilamiento, hace cien años, de un cirujano durante una batalla librada entre federalistas y unitarios intriga a Croce. Sus borgeanos análisis de versos que dejó este médico desentrañan por qué fue llevado al paredón. En El impenetrable la búsqueda de un ingeniero que abandona su cómoda vida para trabajar en un astillero esconde una parábola sobre la pérdida de los ideales. En La señora X un relato mal hilvanado por una mujer que triunfa en un casino y que es luego violada por dos hombres pone de manifiesto cómo «la mentira es a veces un camino para que triunfe la ley». En La promesa un curandero se roba una Virgen para organizar lucrativas procesiones de peticionarios. En La conferencia un joven Croce asiste, junto con la bibliotecaria del pueblo, al coloquio que sobre literatura policial dirige el ya ciego Jorge Luis Borges. Al maestro aún le quedan neuronas para desentrañar un crimen. En El tigre, ejemplificándolo, se desentraña el método de inferencia silogística empleado por Croce (sus hipótesis de sentido común) como forma de trabajo. Aunque en el caso de un jugador de póquer asesinado el método no responda, sí lo va a ayudar a entender a ese hijo que rescata a su padre del cementerio, o a dilucidar los motivos de los crímenes cometidos por un discapacitado intelectual. En La Resolución, investigando más muertes, el comisario Croce resume su método en tres puntos. 1) Extraordinaria capacidad de observación, algo que lo emparenta con un rastreador. 2) La deducción arriesgada, las inferencias hipotéticas y la disposición casi adivinatoria para sacar conclusiones: sus «corazonadas». 3) Pensar con la cabeza del asesino:

«Cuando uno está metido en crímenes y delitos y anda buscando a fugitivos, se le endurece el corazón y se le nubla la vista. Pero si pasa del otro lado y se vuelve un perseguido, comprende mejor la vida. Todo es turbio y malvado en la existencia. La línea del mal y el bien es frágil y se va de un lugar a otro en un suspiro».

Hermosa despedida de la vida y de la literatura, yéndose por la puerta grande, la que nos ofrendó Ricardo Piglia. Los casos del comisario Croce es un libro ideal para los numerosísimos aficionados a las investigaciones criminales; más aún, para quienes buscan sortear (por desgracia, estos ya no tantos) las enojosas –e infaltables– rutinas propias de un género archisabido (y casi reseco). Háganme caso y abandonen el rebaño. Junto a Plata quemada metan esta joya en sus maletas veraniegas. Su criterio lector avanzará varios enteros.