Cultura

Vicente Coves: "No podemos pedir al público joven que conozca los clásicos si nadie se los enseña"

(Foto: Lucía Rivas).

ENTREVISTA

David Felipe Arranz | Sábado 09 de agosto de 2025

Finaliza la IX Edición del Granada Guitar Festival que coordina el músico y hombre fuerte de la cultura Vicente Coves, una personalidad que trasciende con creces lo convencional y lo descafeinado que la sociedad actual exige y que, a contracorriente, ha apostado por mantener viva la pasión por la guitarra española en tiempos difíciles. Y en esta entrevista, Coves nos habla del arte y la conciencia, y sobre todo del misterio de la guitarra, nuestro instrumento nacional, el patrimonio musical al que este pueblo ignaro da la espalda desde –dice Coves– la llegada de Internet. Con ayuda de sus dos lugartenientes, los “Jorges” –Jorge Mesa y Jorge de la Chica–, sus ángeles custodios y tan cultas y bellísimas persona como él, saca adelante dos festivales anuales que van camino de tres –el Festival Joaquín Rodrigo en Madrid en octubre–. Su asombroso conocimiento de la guitarra y su energía inagotable solo puede nacer del conocimiento profundo del joven prodigio que se estaba coronando con las mieles del éxito internacional y cuya pasión le llevó a transitar por los territorios musicales de la gestión cultural, sin abandonar su instrumento, porque si hay algo que lo define es su prodigiosa capacidad de divulgación: Coves es, sí, un hombre orquesta. Y nuestra fascinación por la guitarra es en él una ética y una forma de vida que comparte con una familia preciosa, porque a Vicente se le ha ido pegando al cuerpo lo bueno con los años y los días. Su hermano es el aclamado pianista y director Manuel Coves –claro, naturalmente–, como no podía ser de otra manera. La próxima cita será en Málaga a partir del 5 de septiembre, un festival que lanzó en honor a su maestro, su mentor y padre musical: el IV Guitar Festival Málaga.

David Felipe Arranz

¿Con qué se queda de esta edición?

Para mí lo más importante es la fidelidad al público y que viene muchísima gente de fuera de España –de Rusia, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Sudamérica…–: algunos son habituales cada año y otros han estado durante todo el festival. Pero hay momentos muy especiales, como la inauguración en el Palacio de Carlos V, donde le dimos un lugar especial a José Fermín Fernández por ser su primera vez allí siendo él de Granada. También destacaría “Devenir”, el concierto de Alejandro Hurtado y Patricia Guerrero, y que por primera vez hayan venido al festival artistas de la talla de Irina Kulikova o Raphaella Smits. Y, por supuesto, el haber hecho el homenaje a Manuel Cano por el centenario de su nacimiento, y al que asistió emocionado su hijo José Manuel.

Llama la atención que la organización del festival sea una “familia” y eso en este tipo de eventos tampoco es muy frecuente.

Me gusta la gente que se implica y que disfruta con lo que está haciendo, tal es el caso de mis compañeros y amigos Jorge de la Chica –que se encarga de la parte de comunicación institucional– y Jorge Mesa –responsable de patrocinios–, dos imprescindibles del festival. Efectivamente, formamos una familia muy consolidada.

¿Cómo programa usted? ¿Con qué criterios?

Siempre pienso en los homenajes que hay que hacerle cada año a una gran figura de la guitarra. Por ejemplo, pienso en el centenario de Yepes Narciso en 2027 y yo sé que le voy a dedicar el festival. Voy tratando de darle ese hilo narrativo haciéndole justicia a los grandes de la guitarra, injustamente olvidados. Fuimos los únicos que le tributamos un homenaje a Manolo Sanlúcar en 2020 antes de que muriese en 2022, por ejemplo.

El Palacio de Carlos V, La Platería, el Museo Casa de los Tiros… ¿Cómo elige lugares tan emblemáticos?

Creo que acudir a un festival no debe limitarse solo a ir a un concierto, sino que hay que ofrecerle al público una experiencia única, prestando atención a la acústica del lugar, si tiene o no patrimonio artístico que aporte valor, la temperatura del espacio… Queremos ofrecer una experiencia completa. Entre comerte un bombón en un segundo o dejarlo en la boca veinte, elijo la segunda opción.

¿Cuál será el futuro del festival?

De crecimiento grande y no me asusta, hasta tal punto no lo hace, que en la primera edición del Guitar Festival Málaga el concierto de Pepe Romero tuvo lugar en la plaza de Toros de Málaga con dos mil personas. No me asusta el tema logístico, porque creo que después de aquel concierto sinfónico estamos preparados para dirigir la Casa Blanca. Y en cuanto al Festival Joaquín Rodrigo que celebraremos en Madrid del 2 de octubre al 28 de noviembre, sabemos que hay que estar a la altura de los dos festivales de guitarra ya consagrados, el de Granada y el de Málaga, y que mi idea es ir creciendo poco a poco, aunque Madrid sea una plaza muy difícil porque tienes que competir con una oferta cultural diaria atractivísima.

¿Qué programa tiene preparado en Málaga? ¿Habrá ofertas para los jóvenes?

En Málaga, del 5 al 30 de septiembre, el público podrá disfrutar de Amancio Prada, Marcin Dylla, José Miguel Moreno, la Orquesta de Guitarras de Madrid (OGM) o la Orquesta de Plectro de Córdoba. Además, en el de Málaga invitamos cada año a varios conciertos a los jóvenes que cursan estudios medios y elementales en los conservatorios oficiales, y pueden venir con sus padres si lo desean. No podemos pedirle al público joven que conozca a nuestros clásicos si nadie se los enseña. La inmediatez ha matado aquella manera romántica de consumir y disfrutar de la música en la que tenías que esperar a comprar el disco: ahora con el teléfono eso se ha acabado.

¿Cuál cree que es el punto de inflexión en el que este país se olvida de su instrumento, la guitarra?

El disfrute de la guitarra baja en España a la vez que sube el consumo de Internet. La música, que busca la emoción, se ha convertido simplemente en impresión, porque ahora se busca que el público quede impresionado por unas cualidades técnicas. Los artistas ya no quieren emocionar, sino impresionar, y esto en parte se debe a la entrada en la industria de la música en el mundo digital y online; ahora los que más corren en cuanto a técnica son los más demandados, pero para mí eso no es música, sino solo técnica, fama, rédito económico… El mejor músico, en cambio, siempre va a poner la técnica al servicio de la música, y no al revés.

¿Qué pistas le daría a los lectores para que detecten una buena interpretación de guitarra española?

La mala música es como si estuvieses viendo un partido y, de pronto, dieras un bote increíble en el sofá y así puntualmente porque un deportista te impresiona. La buena música es cuando la escuchas y se te pone el vello de punta porque ha conectado con la emoción, no con la impresión. El límite para un buen músico se encuentra cuando pierde calidad con la rapidez y ha de ser honesto consigo mismo y cuidar de la calidad del sonido. Muchas veces, al ir tan rápido, no logran la potencia de sonido que puede alcanzar la guitarra española, y han de ayudarse de micrófonos. Los grandes maestros como Pepe Romero no lo necesitan porque en los conciertos de clásico –Joaquín Rodrigo, Federico Moreno Torroba o Mauro Giulini– las guitarras no llevan micrófono.

¿Qué simboliza para usted la guitarra?

La guitarra es el instrumento que más muestra el alma del músico y el que lo muestra más transparente. Mientras un piano siempre va a sonar maravilloso al pulsarlo aunque no hayas dado una nota en tu vida, el sonido de la guitarra comienza en el cerebro, que es el que nos pide como queremos escuchar nuestro sonido, después las yemas y uñas del músico pulsan la cuerda de tripa o nailon, con las limitaciones físicas de cada uno que, en la mayoría de los casos, no van a obtener el sonido que te gustaría, transmiten la vibración a través de un hueso a la madera viva. No hay elementos externos. La precisión, la calidad, la potencia, todo está en esa yema y uña. El micrófono está matando la guitarra clásica, haciendo que cualquiera pueda dar un concierto aunque su sonido real no llegue a la primera fila. Antes se iba a los conciertos a admirar y disfrutar de la musicalidad y de ese sonido tan especial de cada guitarrista. Hoy suenan a técnico de sonido, no a ellos. Ese es el fin.

Por último, díganos sus discos imprescindibles de la guitarra española y de la música clásica en general.

Los Cuatro conciertos para piano de Rachmaninoff que grabó André Previn con Vladimir Ashkenazy en Londres en 1972 (Decca); los dos Conciertos para piano de Brahms que grabó Claudio Arrau con la Orquesta Philharmonia, bajo la dirección de Carlo María Giulini en 1961 (Warner); el Concierto para piano en sol mayor de Maurice Ravel con la Viennese Philarmonic dirigida por Leonard Bernstein en Roma, en 1971 (Deutsche Grammophon); el concierto que grabó John Williams en Viena –John Williams. Live in Vienna– con la Orquesta Filarmónica de Viena en 2020 (Deutsche Grammophon); Turandot de Puccini con la London Philharmonic Orchestra dirigida por Zubin Mehta con Joan Sutherland, Luciano Pavarotti o Montserrat Caballé (Decca); Cavalleria Rusticana e I Pagliacci, con Plácido Domingo y la Orchestra del Teatro Alla Scala de Milán dirigida por Georges Pêtre (Deutsche Grammophon), etc.

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