Las cosas están claras desde el principio. Nos dice la Biblia que “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza”. Después, cuando se dio cuenta de que el hombre “era un Adán”, que no podía vivir solo, reconoció que….., “no es bueno que el hombre esté solo” y creó a Eva, de una costilla de Adán. De un hueso, vamos.
Por aquel pasaje bíblico sabemos que, desde “el principio de los tiempos”, nace esa falsa doctrina de inferioridad y supeditación, que las civilizaciones cristianas y sus instituciones, han mantenido…..y siguen manteniendo.
Y si miramos alrededor, parece que todas las religiones han sido guardianas de esta organización de la sociedad. Y peor. En algunas, la mujer está relegada al papel de casi animal doméstico.
Y siguiendo con La Biblia, Dios creó un paraíso, para sus criaturas, donde vivían libres de trabajos y penalidades, con la única condición de no probar “la fruta del bien y del mal”. Es decir, de no usar su capacidad de decisión.
Pero el Dios bíblico se equivocó nuevamente y sus criaturas usaron y abusaron de la característica más arraigada del ser humano: Prefiere lo malo por conocer a lo bueno conocido. Y fue, precisamente, la mujer la que convenció al hombre de poner el valor de la libertad de decisión por encima de todo.
Y luego……Las excavaciones y los restos, que en ellas hallamos, nos permiten ir, lentamente, reconstruyendo la forma de vida de aquellos exiliados del Paraíso. Vemos a grupos, dedicados durante milenios, únicamente a la supervivencia, la caza, la recolección, la defensa ante animales agresivos y la guerra, contra otros grupos, por la disputa de territorios mas propicios. Y la incansable exploración, hasta del último confín del planeta, en busca del añorado paraíso perdido.
Muchísimos milenios de régimen tribal, en posiciones más estables, pero que exigían, de los individuos, sus características aptitudes y especializaciones: El hombre, superior a la mujer en fuerza y cualidades físicas, especializado para la caza y la defensa; la mujer, marcada por la procreación, dedicada al cuidado e la retaguardia, del hábitat y de la prole. Y más tarde, a tener muchos hijos, “todos los que mande Dios”…..para el ejército del Rey.
De ahí nace, como consecuencia de estas exigencias de la naturaleza, la jerarquización de los grupos humanos, que el hombre ha defendido, durante siglos, mediante la creación de estructuras e ideologías políticas y religiosas, que defienden, tércamente, una supuesta superioridad del hombre sobre la mujer.
Superioridad que solo ha sido evidente en el terreno de la fuerza. La mujer es la víctima de esta civilización; pero en “el último cuarto de hora” de la historia, la paz, los avances fulminantes de la ciencia y el triunfo de ideologías democráticas, han roído las viejas estructuras sociales y religiosas que mantenían la entelequia de la superioridad del hombre sobre la mujer, de tal manera que, aquella meta de la paridad hombre-mujer como desideratum, lleva camino de tener que reivindicarse en defensa del macho. Tal es el empuje avasallador de la mujer actual. El empuje de la mujer es avasallador. Y no es extraño que el hombre haya tenido miedo, tanto tiempo a su valía. Quizá pronto veamos sustituir la palabra feminismo por la de machismo, en defensa de generosas reivindicaciones para el hombre.
Amigos hombres, ya está aquí la mujer. Ya era hora. Os vais a enterar.