“El incremento de la deuda per cápita -escribe Bruno Pérez en una interesante crónica informativa- se interpreta como una señal de deterioro de la capacidad de pago del país”. A Pedro Sánchez le da igual. Sólo piensa en que debe ganar las elecciones del año 2027 y se esfuerza por arañar todos los votos posibles a base de gastar cuanto dinero sea necesario.
Y así están las cosas. El gasto de la etapa sanchista eleva a más de 32.000 euros la deuda por habitante. Y esa deuda habrá que pagarla. Y también los intereses que genera, si no queremos que se produzca en España una crisis a la venezolana.
Para Pedro Sánchez sólo existe un objetivo sustancial a conseguir: la victoria en las elecciones de 2027. Y lo compra todo: organismos, instituciones, empresas… derramando además una lluvia incesante de subvenciones y patrocinios en favor de los colectivos más varios. Tiene la esperanza de que el dinero que reciben los miembros de esos colectivos les incline electoralmente a favor del sanchismo. Las próximas generaciones se verán obligados a afrontar una deuda asfixiante, pero eso a Pedro Sánchez le trae sin cuidado. Lo importante es sobrevivir al año 2027.
La crónica informativa que ha publicado en ABC Bruno Pérez resulta abrumadora. “Cada español -afirma- aporta hoy casi 2.000 euros más a los ingresos de lo que contribuía en 2017”. Como el gasto público galopa desbocado, está claro que los impuestos desangrarán más, hasta la hemorragia, al contribuyente. Pedro Sánchez necesita que las cifras actuales aguanten dos años, hasta el 2027, y que la opinión pública no tenga conocimiento real de la situación hasta que en las elecciones generales el pueblo decida quién debe seguir gobernando en España. Y que se desconozca hasta entonces que ”pese al fenomenal caudal de ingresos generados en los últimos años, el Estado continúa gastando más por habitante de lo que es capaz de ingresar. En el año 2024, ese desequilibrio llegó a 370 euros, la mayor cifra en una década”.