DESDE ULTRAMAR
Marcos Marín Amezcua | Jueves 21 de agosto de 2025
En efecto, la cacareada reunión entre Putin y Trump terminó en decepcionante agua de borrajas y lo de llamarla “cumbre” es elogiarla en demasía. Quienes la miramos con recelo y no orillados a especulaciones desbordadas ni a necesitados elogios sobrantes, no vislumbrábamos grandes logros. A tal reunión –que dejó en segundo o tercer plano su simbolismo, incluido del sitio en que celebrose, antaño territorio ruso a costillas o en detrimento de los reclamos de España sobre toda la América– nada pudo para empujar al éxito, que se esfumó, si es que alguna vez hubo expectativas de triunfo. El secretario de Exteriores ruso, Lavrov, con esa cara de vinagrillo y de pocos amigos que irradia y que no es gratuita, selló el destino del encuentro señalando que “no habrá solución duradera en Ucrania sin considerar (los) intereses de Rusia”. Más claro, imposible y despeja dudas por si alguien las tuviera.
Así entonces, me parece más significativa la actitud de los alasqueños –que hasta no hace tantos lustros denominábamos en español como alasquianos– enarbolando banderas ucranianas mostrando su solidaridad contra la exclusión de Zelenski, mientras protestaban tanto por la presencia de Putin, como por la de Trump, remarcado el punto según cuál medio lo informase.
Ya lo demás, como las reuniones canceladas en Alaska, las posteriores efectuadas, el cerrar filas unos con otros, todo queda en suspenso mientras Putin no ceda y motivos para hacerlo, no los encuentro. Ya puede el presidente francés Macron llamar a Putin como “ogro tocando a las puertas de Europa”, epíteto poético, cuando ya el ruso antes ha recordado qué de Napoleones, Rusia está hasta las narices y antes los derrotó cuando hizo falta. ¿Se acuerda de estas palabras? No, si resulta qué entre potencias nucleares no se andan con chiquitas ni se ahorran los apelativos. Ni modo que se amenacen con sus juguetes, si ambas los tienen ¿no le parece? de ahí deviene el lenguaje áspero entre ellas.
No pierda usted de vista que Rusia reclama la anexión de esa enorme lengua de tierra desde el Dombás hasta Crimea, perdiendo así Ucrania casi toda su salida al mar. Eso o nada de paz, en pocas palabras, exige Moscú y a eso añada las ataduras militares y aliancistas impuestas sobre el tema Ucrania. Los metomentodo yanquis saben que no podrán contra eso. Que se dejen de tonteras.
Por eso, me entusiasma mucho más el acuerdo que el mismo día de la cumbre en Alaska, firmose en Calakmul, en Campeche, México, resultado de la histórica reunión sin precedentes efectuada entre la presidenta mexicana Sheinbaum con el presidente guatemalteco Arévalo, en consonancia con el primer ministro de nuestro vecino común Belice, el señor Briceño, cuyo perfecto español es admirable y no es el primero que oímos de mandatarios beliceños, cosa meritoria en un país angloparlante que se sabe rodeado de hispanohablantes y eso indica su ánimo integrador y se le reconoce.
Concretaron la signatura de la llamada Declaración de Calakmul para el corredor biocultural de la Gran Selva Maya. Es un desafío, un reto a las capacidades de vigilancia y preservación frente a los recursos disponibles de ese trío de países a destinar para ello y contra los intereses de siempre acechando la nueva megazona protegida buscando sobreexplotarla en tono de saqueo mancillando a tal hábitat.
El escenario es encomiable y alude a ese portento que es la visitable ciudad maya de Calakmul que descuella enclavada en la selva, distinguiéndola sus dimensiones. Es parte de esta nueva reserva desde ¡ya! consistente en un espacio territorial destacable que representa el segundo bosque tropical más grande del orbe. Tal se integra por 2,4 millones de hectáreas que aporta México, otras 2,7 millones de Guatemala y 600 mil más corresponden a Belice, apuntando a proteger ecosistemas, vestigios arqueológicos y a fomentar la economía sustentable en reconocimiento de la biculturalidad característica de esa región.
La reunión fue histórica por encontrarse por primera vez los mandatarios de los 3 países vecinos aludidos y marcan un esfuerzo que elude conflictos binacionales innegables –fronteras seguras, migración entre México y Guatemala o las pretensiones guatemaltecas de engullirse Belice a trasmano del Tratado de París de 1763– primando la agenda ecológica que mejor une intereses igual de trascendentes para la triada de países, que hacerlo resulta plausible, protegiendo así, y esperemos que lo cumplan, a la segunda reserva ecológica del mundo.
Ergo, apuestan en paralelo a un desarrollo que sea lo más sostenible y sustentable posible. Se acompaña de articular planes que robustezcan el tren transístmico que se conoce como Corredor Interoceánico del istmo de Tehuantepec, que ya funciona en México operando entre y uniendo el Golfo de México y el Pacífico, junto con ampliar el Tren Maya apuntando a transportar mercancías y el incremento del turismo, extendiéndolo hacia Guatemala y Belice articulando una mayor integración regional. Queda pendiente el consabido debate que supone abrir la selva con tal proyecto, sin perder de vista la formidable capacidad regenerativa de esa holocenosis. No es lo mismo que un bosque de coníferas o una zona de cactus, biosferas de otra índole. Que nadie lo olvide.
Total, que los contrastes entre los acuerdos alcanzados y no, en los ejemplos aquí abordados, son significativos y evidenciadores en ambos casos. Sin la rimbombancia que alardean las grandes potencias, tres países de más modestos alcances, pero decididos, concretaron un esfuerzo propositivo en pos de la protección ecológica tan necesaria en nuestros tiempos. Cuando España vive en vilo por los incendios desbordados y México o los otros dos países signatarios de esta Declaración quedan en un nivel de angustia constante provocada por cada nuevo huracán, cada uno más fiero que el anterior y ambos fenómenos naturales son atribuidos en gran medida al cambio climático, resulta entonces que los esfuerzos ecologistas que abonan a mitigar el cambio climático, son plausibles y dignos de celebrarse y reconocerse. ¡Enhorabuena! cuando se alcanzan acuerdos de esta magnitud. Los otros, los de la Ucrania y tal, a ver a qué hora.