Opinión

La sex-tax

Andrea Donofrio | Domingo 07 de diciembre de 2008
La economía mundial está en crisis e Italia no podía representar una excepción: con una deuda pública del 106% del PIB (más de un billón de euros), la situación se presenta muy complicada. Sin embargo, durante el G-20 en Washington, tras el estupor y la preocupación general, Berlusconi había anunciado que Italia “tiene un plan de choque” para enfrentarse a este gran reto, valorándolo en 80mil millones de euros. Por eso, sin demorarse un segundo más (sólo el tiempo necesario para culpar al Gobierno anterior de todos los males de Italia), il Cavaliere ha decidido aprobar la pasada semana un decreto ley (plan anti-crisis) para ayudar las empresas y las familias. Se desbloquearán 16.600 millones de euros. Pero, ¿cómo? Y ¿todo lo demás? Frente a la evidencia (hasta un niño de primaria detecta una reducción de casi un quinto), Berlusconi ha decidido recurrir a la fantasía, que nunca le abandona, afirmando que la salida de la actual situación no depende tanto de lo que haga el Gobierno, sino de la naturaleza humana, ya que “el optimismo, el coraje, la voluntad y la esperanza pueden hacernos salir deprisa de la crisis”. ¿Esa es la receta económica? Vaya, empiezo a preocuparme de verdad. ¿Bastará un poquito de buen humor para salvarnos? Decía Francis Scott Fitzgerald que “el optimismo es el caramelo de pequeños hombres que ocupan grandes cargos”.

La crisis económica que estamos viviendo es tan grave que muchos países están tomando medidas sin precedentes. Por eso Italia tiene una gran ventaja comparativa: un Ministro de la economía conocido por sus ideas de “finanza creativa”, es decir, creatividad en idear las maniobras del gobierno. Condonación de todo, venta de inmuebles públicos, saneamiento edilicio, quiebras enmascaradas y otras brillantes ideas que Bruselas siempre atiende con escalofríos. Como si fuera poco, Berlusconi se preocupa de sostener la economía nacional promoviendo el país con argumentaciones sutiles: hay que “invertir en Italia ya que tenemos bellísimas secretarias”.

Sin embargo, la medida que ha generado más perplejidad del “paquete anticrisis” es la decisión de aplicar un impuesto específico sobre los materiales y las expresiones artísticas relacionadas con la pornografía. Se trata de un gravamen de 25% que, según el artículo 31 del plan anti-crisis, se aplicará a periódicos y revistas especializados, incluido DVDs y material adjunto, y a “toda obra literaria, teatral y cinematográfica, audiovisual o multimedia, también realizada o reproducida sobre soporte informático o telemático, en la que estén presentes imágenes o escenas con actos sexuales explícitos y no simulados entre adultos”. Para el actual gobierno, el “porno-impuesto” representa una medida eficaz para combatir la crisis económica y será aplicado ya en ejercicio de este año. De esa manera la agenda de las prioridades del gobierno cambiará, pasando de la lucha a las mafias, a cómo levantar cabeza o a cómo recuperar un mínimo de credibilidad internacional a establecer, “en los próximos dos meses” las categorías para diferenciar lo que es sexualmente explícito de lo que no y, en consecuencia aplicarle la tasa. Ya ves, efectivamente lo que de verdad les preocupa a las familias es conocer el confín entre porno y soft-erótico: por cierto, le tocará al ministro de cultura establecer la diferencia. Quizás sea eso suficiente para justificar la indignación manifestada por Rocco Siffredi.

Difícil considerar que el ataque al sector de la pornografía representará una panacea a la débil economía itálica. Pese a representar un mercado florido (Eurispes calcula ingresos alrededor de 900 millones de euros), sus canales de distribución son ilegales y no tasables. De todas formas, parece que el sexo se esté convirtiendo en una obsesión del gobierno actual: no olvidamos que los ciudadanos siguen enojados porque ni siquiera se les deja entretenerse con chicas de “moral desviada”.

Preocupa todo eso. Preocupa la falta de una política económica coherente, la ausencia de la voluntad gubernamental de terminar con el endógeno problema del fraude fiscal o de acabar con los Mafias y confiscar sus enormes patrimonios. Hace poco, el Ministro de Welfare había anunciado que si la situación sigue así, “la quiebra del Estado es un hipótesis improbable, sin embargo posible”, concluyendo con un similar levemente preocupante: “el riesgo concreto es acabar como Argentina”. Ya, a posteriori, en perfecto estilo berlusconiano, ha corregido el tiro. Sin embargo, la realidad sigue delante de los ojos de todos. La mera propaganda, la impotencia estatal y la irresponsabilidad de este ejecutivo preocupan más que saber si ver un pecho desnudo en una película es una forma de pornografía.

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