AL AIRE LIBRE

SÁNCHEZ MULTIPLICA POR CUATRO A LOS AGENTES DE RAJOY

Luis María ANSON | Viernes 22 de agosto de 2025
Generalmente las comparaciones resultan estériles y suponen el intento de manipular la realidad...

Generalmente las comparaciones resultan estériles y suponen el intento de manipular la realidad. En ocasiones, sin embargo, eso no es así y vale la pena reflexionar sobre las circunstancias que rodean a unos y a otros. Interesante sobre todo cuando afectan a los presidentes del Gobierno.

Mariano Rajoy disfrutaba de unas vacaciones discretas en Pontevedra. Entre escoltas, conductores y personal de apoyo el número de agentes para su protección y comodidad se elevaba a 22.

El contraste con Pedro Sánchez deja perplejos a muchos. El despliegue para proteger al actual presidente del Gobierno se eleva a 95 agentes, es decir, cuatro veces más. Rajoy veraneaba en su tierra de forma discreta. Pedro Sánchez, en Canarias, adonde se desplaza en el Falcon, con su familia completa, amén de amigos ocasionales. Se instala a todo lujo en un palacete que el Rey Husein de Jordania regaló a Juan Carlos I y que el Rey padre donó al Patrimonio del Estado. Pedro Sánchez no solo no le ha hecho ascos a esta circunstancia, sino que ha gastado cantidades ingentes de dinero en mejorar la playa, las piscinas, las instalaciones deportivas, los bungalós y diversos recintos de La Mareta, convertida en una de las residencias más caras y suntuosas de cuantas existen en el ancho mundo para disfrute vacacional de Reyes, Jefes de Estado, presidentes de Gobierno y visitantes ilustres.

No seré yo el que regatee a Pedro Sánchez su derecho al descanso veraniego. Pero no está de más subrayar la suntuosidad elegida, el gasto desmedido y la protección multiplicada. Dada la situación actual, hubiera sido razonable que el líder socialista diera ejemplo de discreción, austeridad y buen sentido. Pero llevamos ya siete años en que la realidad pública del sanchismo es el derroche, el despilfarro en el gasto público. “Las cifras nunca mienten”, afirmó Francisco Silvela, aquel presidente del Gobierno que tuvo el valor de decir en el Congreso de los Diputados, el día 24 de octubre de 1908: “Tened caridad al juzgarme por el único acto de que me considero culpable: el de haber tardado en declarar a mi país que no sirvo para gobernar”.