cine

Sin caer en sentimentalismos de lágrima fácil

Crítica

Jueves 07 de febrero de 2008
Porque Juno es básicamente eso, una historia de amor aunque sin romanticismo. No hace falta, ya que nos encontramos ante un amor sin disfraz, el primer amor, ese que se vive sin cicatrices del pasado ni miedos por el futuro.

El entorno y los personajes se acercan más al cine europeo que al clásico norteamericano. Aún así, tampoco el cine independiente del país cinematográfico por excelencia se olvida de sus iconos, aunque quizás trate sólo de ironizar sobre ellos. Por ejemplo, conocemos a la protagonista cargando con un enorme envase de Sunny Delight, del que bebe sin descanso para poder afrontar el reto de realizarse tres test de embarazo en una sóla mañana. El teléfono desde el que comunica a su mejor a amiga su nuevo estado tiene forma de hamburguesa y el atuendo con el que su chico aparece en la mayor parte de la cinta no puede ser más “yankee”.

Ellen Page borda con clase un papel que parece creado a su medida y, desde luego, ninguno de los actores que la acompañan, desentonan dentro del magnífico guión que pone en pie toda la historia.

También la música aparenta estar cosida con mimo a cada una de las escenas y en concreto la canción cantada a dúo por Ellen Page y Michael Cera al final de la película es de esas que quedan para la historia de los momentos más conseguidos en la armonía del cine.

El resultado es que acabas tan metido en la trama que cuando finaliza la película sales de la sala con la sensación de que te gustaría saber qué pasará en el futuro con sus protagonistas.