Opinión

Cuando todo se degrada y la violencia golpea la puerta

TRIBUNA

Roberto Alifano | Viernes 29 de agosto de 2025

La beligerancia del presidente argentino Javier Milei a fuerza de intentar ser sincero, choca todo el tiempo con la realidad. Es un desaforado que ha hecho de la agresividad una costumbre sin medir las consecuencias. Siempre en tono conflictivo, supera inclusive al pragmatismo que intenta poner a sus decisiones. En política, es bien sabido, se debe contar con un espacio de negociación para el entendimiento que el frenético presidente parece ignorar.

Hasta el siglo XIX, el término “degradación” se usaba como un castigo aplicado a las órdenes eclesiásticas o entre militares, y hasta cobraba forma de condena carcelaria cuando incluía delitos de extrema gravedad. Estos enojosos asuntos se hacían extensivos a la ética y a la moral. En la argentina “la degradación” ya forma parte de un descalificativo que superan lo imaginable y se manifiesta con insultos chabacanos, que llegan a superar toda forma de ofensiva grosería, adornada con pretendidas ocurrencias que devienen en palabras soeces y en la deformación de la realidad; aunque repercuten en quien las prodiga con modos acusativos. De estas indiscriminadas agresiones verbales no se salvan políticos ni periodistas -incluidos funcionarios propios- que son degradados a mansalva.

No se trata, por cierto, de pararse frente a los opositores con el dedo levantado ni de imponer, desde un pretendido puritanismo, una forma de hablar o de comportarse. Se trata, especialmente, de preservar códigos básicos de respeto en la relación humana y un sistema de valores basado en la consideración por el otro, y en la ética de la convivencia para levantar barreras simbólicas frente a la provocación y la inconducta.

Es así como una seguidilla de reveses legislativos, con la vara baja de una mayoría del Congreso, han hecho que con suerte el Gobierno lograra salvar el veto a la odiosa ley de jubilaciones; no así al de discapacidad y otras leyes que la acompañaron. En tanto la mesa política del presidente Milei, no logra trabajar en equipo y se debilita a través de una interna endémica que hace asomar en el horizonte triunfos de la oposición, que se extienden a una posible derrota electoral en los comicios bonaerenses del 7 de septiembre, bajo un escenario de volatilidad financiera y un eventual impacto en los mercados que pueden caer como una guillotina.

Sin embargo, la esperanza está puesta en que las elecciones nacionales de octubre sean -según conjeturan desde el gobierno- como un arcoíris para relanzar la segunda mitad del mandato exhibiendo este triunfo ante la ciudadanía.

Pero la realidad suele ser sorpresiva y cuando se presenta por carriles inesperados altera todos los pronósticos. Un funcionario amigo del Presidente Javier Milei, por supuestos asuntos de coimas, destilo veneno dando nombres que comprometen seriamente a buena parte de su Gabinete y directamente a su hermana Karina (llamada “el jefe”, por él) mano derecha y responsable del espacio que lo acompaña. Un enojoso asunto de consecuencias todavía imprevisibles, pues cuenta con demasiados audios y grabaciones de conversaciones privadas, que describen una trama de presuntos sobornos en manos de una distribuidora de medicamentos. Situación que hasta salpica, al parecer, al propio Javier Milei, y a los operadores gubernamentales de la dinastía familiar del difunto presidente Menem.

Vivimos por cierto en un mundo donde las Redes Sociales, que abundan al por mayor y casi sin frenos, se reafirman en la vulgaridad de los llamados “escraches”, una repudiable deformación desnaturalizante de la sanción social, que apunta al ojo del señalado; algo que sucede gratuitamente con los acosos digitales o de cualquier actitud que resulten avasallantes y agresivos. Cabría agregar que dichos señalamientos, cuando se hacen desde los “empatotados” grupos del poder, resultan tan peligroso como incivilizados. Es el caso de la cumbre representada por sus máximos titulares, que ahora los sacude en la cúpula del Gobierno, agravando el enfrentamiento entre mileístas y kirchneristas.

Tales climas de crispación y antagonismos desmesurados, no son novedad en la política argentina y se vienen haciendo frecuentes con hostigamientos que van acompañados de pases de facturas, como así también -en tono más moderno- con cortes de videos y a través de celulares que se han convertido en instrumentos para consumar ese tipo de acciones.

Confundir tales agresiones con la legítima sanción social es, sin embargo, tan imposible como conciliar una horda de bárbaros con un tribunal de honor y buenas costumbres. Pero las acusaciones están a la orden del día en este país del atropello y del enfrentamiento a muerte, sin reparar el daño que se causa y en este caso, tiene nombre y apellido y mancha con corrupción a los protagonistas.

Aun en la espontaneidad, esta forma de sanción moral tiene su peso y se enmarcan en lo personal, hasta transformarse en un dispositivo de “justicia popular” o, mejor dicho, de “justicia por mano propia”, como ya sucede por extensión en las pretendidas hordas políticas del gobierno argentino, donde nadie busca el equilibrio o el punto medio del diálogo, haciendo peligrar que el país se convierta en un campo de batalla con un escenario que alcanza al propio Presidente, agredido a pedradas en una caravana partidaria. La agresión hiriente y brutal empieza por el propio centro del poder, que fuera de todo comportamiento vive agrediendo a mansalva, con el mismo destructivo espíritu que intenta disentir. El agravio y la violencia verbal, crecientes en estos casos, pueden más y son menos inaceptables que educados. Y ni hablar de la grosería y la descalificación personal, ya incorporados al lenguaje político, extensivo al periodístico.

Un viejo refrán dice que aquel que calla otorga. Hay todavía gravísimas acusaciones no aclaradas sobre corrupción en una de las áreas más sensibles, como es la salud, donde al parecer las coimas y retornos son fabulosos. Esto hace que el caso se presente de manera repudiable, ya que todo es de una bajeza y de una crueldad increíbles, en aras solamente de un cierre de números fiscales; lo demás “cartón pintado”: si la gente no come eso es harina de otro costal; algún día, comerá. No importa cuándo… En definitiva, todo es de una bajeza inconcebible, con coartadas que rozan siempre en la mala educación entre oficialismo y oposición (vale decir entre Milei y la viuda Kirchner). Sobre todo cuando el verdadero insulto es hacia la ciudadanía y se manifiesta en la falta de soluciones concretas bajo un contexto de repudiable “degradación”, que se suma a la mala educación de todos los protagonistas. Ya sean oficialista u opositores.

Sin embargo, no se puede negar que la política social está ausente y no tiene presencia para el gobierno. Hay gente que si compra un remedio no compra comida y la economía no parece arrancar debidamente como se esperaba. Las inversiones no llegan y la balanza de pagos de deuda sigue al rojo vivo. Es probable que la baja cantidad de votantes ponga en evidencia a los responsables de una política que desde hace décadas muestra las hilachas de la decadencia. A esto se suman actos de corrupción que cada vez son más repudiables.