Pepa Bueno no se dedicó al masaje que todos esperaban. Hizo una correcta entrevista periodística al presidente del Gobierno. La objetividad exige reconocer que Pedro Sánchez estuvo bien, fácil de palabra, discreto en la expresión corporal, certero en muchas de sus afirmaciones. Nunca entenderé que se niegue el pan y la sal al adversario como han hecho algunos representantes de la oposición. Si no se quiere perder el equilibrio intelectual, hay que subrayar, junto a los defectos, los aciertos del entrevistado.
Pedro Sánchez se equivocó en el ataque a los jueces, no a todos, claro, pero sí a los que están actuando en procedimientos que conciernen al entorno presidencial. Precisamente por el puesto que ocupa Sánchez al frente del poder ejecutivo, debería pronunciarse con exquisita prudencia cuando se refiere a otro de los tres poderes sustanciales del Estado democrático: el judicial.
Ahí residió el mayor error, entre muchos aciertos, de la entrevista presidencial en Televisión Española, ya que araña el funcionamiento de la democracia pluralista. En otro plano, sin embargo, no se puede ocultar la inverosímil posición del sanchismo ante los Presupuestos Generales del Estado. La Constitución exige su presentación en tiempos concretos, cosa que Sánchez no hizo en años anteriores. Esa presentación de los Presupuestos Generales del Estado ante el Congreso de los Diputados no es facultativa, sino obligatoria conforme a la letra de la Constitución española. En caso de no aprobarse, y salvo circunstancias excepcionales, en todas las democracias occidentales se convierte en obligada la convocatoria de elecciones generales anticipadas o la dimisión del presidente del Gobierno. O ambas cosas simultáneamente.
Pedro Sánchez reiteró como si se tratara de cosa normal, su continuidad en la poltrona monclovita, aunque el Congreso de los Diputados arrase los Presupuestos Generales del Estado. Y no, eso no es normal. Constituye un atropello a la sana práctica democrática. Pedro Sánchez, que en el fondo sí sabe lo que se juega, ha desplegado a todos sus alfiles económicos y mediáticos para conseguir que el próximo otoño el Parlamento apruebe sus Presupuestos Generales del Estado. Queda, pues, poco tiempo para que sepamos que ocurrirá y qué consecuencias acarreará a la vida política el eventual rechazo por los congresistas del proyecto sanchista.