Opinión

Cuando se oxida la motosierra

TRIBUNA

Roberto Alifano | Miércoles 03 de septiembre de 2025

En sus razonamientos, el filósofo Renato Descartes habla de la “duda metódica” como una estrategia para eliminar todo aquello que pudiera ser incierto y así alcanzar una verdad absoluta. La duda es la busca o la comprobación de que algo está pasando y eso puede ser real o falso, y en ocasiones hasta puede llevarnos a descreer de lo establecido por el mundo que habitamos. Dudar es la suspensión voluntaria del juicio para buscar la verdad o la certeza. Temerario asunto que hace tambalear a la misma realidad, pues ante la duda, todo cabe y puede ser posible.

A solo una semana de las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires, el mayor conglomerado electoral de la Argentina, el presidente Javier Milei se enfrenta a un escándalo que puede resultar decisivo para su futuro político. La implosión de las filas propias no solo lo alcanza a él, sino también a los miembros de su gabinete y, por extensión a su espacio político que ha empezado a desmembrarse.

Se trata, en concreto, de la aparición pública de unos muy difundidos “audios” que revelan procedimientos poco claros o, para ser más explícitos, un esquema de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), donde funcionarios cercanos al presidente, encabezados por su hermana Karina, habrían recibido pagos ilícitos, y aparecen como principales beneficiarios de altas sumas de dineros desviadas a través de falsas compras de medicamentos. Asunto por demás sensible, porque el caso de los discapacitados es doloroso por donde se mire y la realidad se impone ante cualquier duda.

La difusión de las polémicas grabaciones ha puesto en jaque el relato anticorrupción que el oficialismo exhibía como metáfora, con la imagen de un Milei desafiante y su rugiente motosierra. En momentos tan inciertos, la duda aumenta la presión política; en espacial ante una campaña electoral, que genera incertidumbre sobre la capacidad del Gobierno para contener una crisis que complica los ámbitos de su poder, haciendo que el discurso presidencial se empiece a revertir como un bumerang (“Argentina dejará de ser tierra fértil para los políticos corruptos, una casta impresentable y perdedora, que nuestro principal objetivo es liquidarla definitivamente”, según sus palabras); al mismo tiempo que prometía con expresiones más duras e insultantes, descabezar a los políticos de turno, “enemigos de las fuerzas del cielo”. También el periodismo, o los “periodistas ensobrados”, caían en la volteada.

Hoy, a casi dos años de estas vociferaciones, en la mayoría de los casos tan agresivas como despreciativas, enfrenta un gran escándalo por presunta corrupción. Un episodio que se suma y supera al estallido de la criptomoneda $LIBRA, que hace pocos meses lo puso en tela de juicio, y lejos de haber quedado atrás aún inquietan al entorno presidencial, poniendo en jaque el sostén del relato libertario contra la corrupción.

No es todo. Las actuales filtraciones, involucran ahora directamente a Karina Milei, la funcionaria de su mayor confianza (apodada “El Jefe”, por él mismo y como se la conoce puertas adentro; sin duda, uno de los pilares sobre los que se sostiene su poder político).

Lo inquietante es que todo sucede a una semana de las elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires, y a poco menos de dos meses de las nacionales, haciendo temblar al Gobierno que teme que el escándalo sume nuevos capítulos afectando su imagen, erosionando la confianza de los votantes y complicando la estrategia electoral de cara a los próximos comicios nacionales.

Según algunos analistas, resulta imprudente el empeño de Milei por descalificar aliados y sumar en el territorio a francotiradores de su mismo espacio que se atacan impiadosamente entre ellos, y confunden a gobernadores e intendentes que le han tendido la mano. Tratar de avanzar salivando para arriba es acaso menos temerario que disparatado, ya que sobreestima cualquier manejo del poder y a su vez descalifica alegremente la fuerzas que lo respaldan. Lo que ha conseguido, a ojos vista y no sin irritación, es transformar a sus aliados -ahora en muchos casos declarados enemigos-, con las consecuencias que tales actitudes implican.

Se ve así a La Libertad Avanza (LLA, el partido de Milei), como una impresionante factoría de enemigos externos -y ahora también internos-, puesto que sus dos líderes han sido también muy mal pagadores con su propia guardia pretoriana de las redes, donde hoy se mastica bronca y donde se suman riesgosos desencantos.

Por allí ronda la descalificativa idea que la insensibilidad social puso como repudio en boca de muchos. Situación que hace que la motosierra resulte hasta graciosa pudiendo mutilar no solo a cualquier opositor que se cruce por el camino de la disidencia, sino a los propios, además de perjudicar a pobres jubilados, discapacitados y a los mal pagados médicos, haciendo que la ciudadanía experimente un irreversible cambio cultural contra el Gobierno libertario y repudie esas crueldades indiscriminadas y sin anestesia. Un daño que aparece claramente en los sondeos más serios de frente a los comicios. Antítesis y todo lo contrario del buenismo demagógico de antaño, casi imposible de mencionar en este momento.

Pero vayamos hacia el caso concreto de los audios, que con la difusión de la imagen y la voz del abogado Diego Orlando Spagnuolo, ex funcionario de la Agencia Nacional de Discapacidad (y ex íntimo amigo de Milei) que sigue provocando una caída en la imagen del Presidente y de su gobierno en general. Una conocida agencia de encuestas fue sorprendida por el escándalo en la mitad de una consulta y mostró que Milei cayó varios puntos en la consideración pública, después de que se hicieran públicas esas conversaciones.

Ahora bien, una gran mayoría da por descontado, sin necesidad de una mínima prueba jurídica, que solo viendo a Milei and hermana, y al resto de sus funcionarios actuar como inmaculados tratando de despegarse, mientras acusan a todos de corruptos –con coimas aberrantes de por medio-; ahora le repercute no solo en el escamoteo de los fondos destinados a la discapacidad, sino también en el oscuro manejo de fuertes sumas de dinero que favorecen a ciertas droguerías (empresas dedicadas a la distribución y comercialización de medicamentos en la Argentina).

Esta nueva indignación sería mucho más controlada si no se diera en un contexto de estancamiento económico, donde se va descubriendo a la vez que los “econochantas” (mezcla de economistas dudosos en la calificación de Milei), no mentían; tanto es así que hasta miembros del “mejor equipo económico de la historia” (Milei dixit al referirse a sus ministros Caputo y Sturzenegger) deslizan off the record que el propio Presidente les impuso medidas equivocadas, y es evidente que las secuelas tienen muy preocupados a los técnicos del equipo, fanáticos de la macro-economía aun a costa del hambre de las mayorías; a la vez que pone furiosos a los bancos y asustadísimos a los empresarios que no hace mucho tiempo no consideraban a Milei un aprendiz de brujo, sino un candidato firme al premio Nobel (¿?), asunto menos serio que divertido...

Hoy las encuestas de imagen, los índices de confianza y el riesgo país, hacen que la opinión pública este alarmada de especialistas que hasta hace poco exageradamente mostraban optimismo con la mecánica y el rumbo, y ahora tiemblan con asuntos concreto que suman opositores y no pueden disimular con las contabilidades creativas ni las bravuconadas presidenciales o de paneles televisivos.

Pero volvamos a la piedra del escándalo. ¿Cuál fue la causa que llevó al abogado Diego Orlando Spagnuolo, a cargo de la Agencia Nacional de Discapacidad a denunciar con nombres y apellidos? Sin duda, una vendetta por “el dinero fácil", que otros pícaros corruptos le estaban escamoteando; vale decir y en buen argentino: las coimas, encubiertas comisiones o cuantiosos retornos de trampas que se hacían con temas tan sensibles como el de los medicamentos a discapacitados, que vuelve todo doblemente condenable -y dramático-, pues corrupción no es solo una cosa más o un mero artilugio popular; sino algo que señala el conflicto y la indignación que surge al confrontar con situaciones o personas que buscan obtener beneficios a costa del sufrimiento. Estas expresiones resaltan la negatividad asociada a la obtención de riquezas de manera desenfocada o desproporcionada al esfuerzo, como si fuera una fuente de conflicto o desasosiego, en contraste con el trabajo dentro de la ley.

Spagnuolo, el denunciante, ya publicados sus audios, confiesa ahora que “tiene miedo y se siente solo”. Dice, además, que el Gobierno le envió un emisario que le ofreció dos estudios de abogados, pero que los rechazó y resolvió enfrentar con manos sobre la mesa las escandalosas denuncias. Al parecer, este personaje oscila entre la furia, la tristeza y la decepción, en especial con Javier Milei, a quien consideraba como “amigo entrañable”, junto a su hermana Karina; todo extensivo al llamado clan Menem y a la señorita Sandra Pettovello, Ministra de Capital humano. Perdido en la nebulosa de la humillación, Spagnuolo vocifera a los cuatro vientos que recibió el destrato del Gobierno y medita otros pasos a seguir.

Ahora, en el mientras tanto, el saliente titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) calla, espera y rechaza los llamados de algunos colegas que le piden mayor información, mientras un puñado de amigos lo escucha. Él les cuenta que sólo quería limpiar el área, anular las pensiones mal otorgadas y volver al sector privado con la frente en alto, ya fuera para reabrir su estudio jurídico (asesor del presidente and hermana) o escuchar ofertas laborales. Un horizonte, en suma, que la semana pasada se trastocó por completo dejándolo en un riesgoso equilibrio sobre una cuerda floja. Y, según él mismo, al alcance de cualquier bala perdida.

“Dieguito es un bocón, yo me equivoqué con este sujeto -ha manifestado Milei-. La justicia se hará cargo de él. En el fondo es un pobre imbécil que no tenía experiencia política previa y hablaba con cualquiera, como si fuera un ciudadano más. Lo que nunca imaginó es que le iban a intervenir el teléfono”, completo el presidente.

Lo cierto es que nadie aclara las cosas como corresponde y el asunto, al parecer, impone silencio en el Gobierno. Un añejo refrán dice que “el que calla otorga”; es decir que permanecer en silencio, da a entender que no hay palabras para aclarar debidamente algo que ha sucedido -y está sucediendo porque no es no es suficiente con lo expuesto-. Algo que implica aprobación o consentimiento, o rechazo rotundo. Todo hace suponer que “todos” desde el gobierno estuvieran admitiendo algo tácitamente.

Cabe el beneficio de la duda, que es la busca o la comprobación que algo está pasando y eso puede ser real o falso, y en ocasiones hasta puede llevar a descreer de los aliados que rodean, o acechan. Odioso asunto que hace tambalear a la misma realidad, pues ante la duda, todo puede ser posible.