Sociedad

¿Por qué llora tanto mi bebé?

A los dos meses, la genética de los niños explica aproximadamente el 50 % de su frecuencia de llanto. A los cinco meses, la genética explica hasta el 70 % de la variación. Foto: pvproductions/freepik

INVESTIGACIÓN

José María Fernández-Rúa | Jueves 04 de septiembre de 2025

Un equipo interdisciplinar de científicos suecos asegura que los factores genéticos influyen en gran medida en la duración del llanto y la capacidad de calmarse en los primeros meses de vida del bebé, mientras que los factores ambientales compartidos afectan principalmente al número de despertares nocturnos.

Los investigadores de la Universidad sueca de Uppsala y del Instituto Karolinska detallan en el estudio observacional que difunde JCPP Advances cómo examinaron las influencias genéticas y ambientales en el sueño, el apaciguamiento y el llanto a los dos y cinco meses en 998 gemelos del mismo sexo, utilizando un diseño clásico en este estudio longitudinal denominado Gut-2-Twin.

Además, se obtuvieron puntuaciones poligénicas para diversas conductas del sueño, así como para trastornos psiquiátricos y del neurodesarrollo.

Los autores de estos hallazgos subrayan la importancia de considerar tanto las predisposiciones génicas como los factores ambientales en las prácticas de cuidado infantil y la orientación parental.

En el preámbulo de este trabajo se recuerda que la regulación autónoma del sueño y la vigilia del bebé marca un hito crucial del desarrollo en la primera infancia, lo que refleja alteraciones en la actividad neuronal en diferentes regiones del cerebro.

Alrededor de los cuatro meses de edad, se desarrolla un ritmo circadiano basado en un ciclo día-noche, y los bebés duermen gradualmente menos a lo largo del día, pero aumentan su duración total de sueño durante la noche.

Si bien la duración total del sueño de 24 horas y el número de despertares por noche generalmente disminuyen a lo largo del primer año de vida, la calidad del sueño es muy variable durante este tiempo y los problemas de sueño reconocidos por los padres son comunes.

Trastornos del sueño del bebé

Para algunos niños, los trastornos del sueño pueden persistir hasta la primera infancia y pueden relacionarse con desafíos conductuales y cognitivos, lo que los convierte en un objetivo importante para posibles intervenciones en las primeras etapas de la vida.

Debido a que el progreso del sueño diurno y nocturno cambia a lo largo del desarrollo, estos científicos hacen hincapié en que es necesario estudiar el sueño en múltiples momentos de la primera infancia. No solo los comportamientos del sueño se sujetan a cambios en el desarrollo a lo largo del primer año de vida.

En una revisión sistemática realizada hace nueve años, se encontraron duraciones medias de quejas/llanto de 117 a 133 minutos en las primeras seis semanas, que se redujeron a 68 minutos entre las 10 y 12 semanas de edad.

De forma similar, otra revisión sistemática reciente halló una duración media de llanto y quejidos de 78 a 126 minutos entre la primera y la décima semana de vida, que disminuyó a 34 a 66 minutos entre las 11 y las 38 semanas o más.

En este sentido destacan que el llanto excesivo en la infancia tiene un impacto emocional en los padres y sus relaciones, quienes a menudo informan de una falta de apoyo y la necesidad de un tratamiento eficaz. La información sobre la etiología subyacente del llanto y los quejidos en la infancia puede reducir el estigma y dar lugar a nuevas formas de apoyo a las familias.

Entorno único

Descubrieron que el llanto se determina en gran medida por la genética. A los dos meses, la genética de los niños explica aproximadamente el 50 % de su frecuencia de llanto. A los cinco meses, la genética explica hasta el 70 % de la variación.

«Para los padres, puede ser un consuelo saber que el llanto de su hijo se explica en gran medida por la genética y que ellos mismos tienen pocas opciones para influir en la frecuencia de su llanto», afirma Charlotte Viktorsson, autora principal del estudio.

El porcentaje restante se explica por lo que los investigadores llaman entorno único: factores del entorno o la situación de vida de los niños que son únicos para cada niño y que no pueden identificarse con precisión a partir de las respuestas del cuestionario.

Los participantes se reclutaron mediante carta enviada a familias con gemelos de entre uno y dos meses. Estas familias se identificaron a partir del registro de población. Para determinar en qué medida un comportamiento se determina genéticamente, los investigadores compararon gemelos idénticos (monocigóticos) con gemelos fraternos (dicigóticos).

«La ventaja de estudiar gemelos -subrayan- reside en que comparten factores importantes como el entorno, la situación familiar y el nivel socioeconómico». Si los gemelos idénticos se asemejan más entre sí que los fraternos en cuanto a un rasgo específico, como la frecuencia con la que lloran, se considera una expresión de la importancia de la genética para dicho rasgo.

Utilizando el mismo método, los investigadores también analizaron el número de veces que los niños se despertaban por la noche. En este caso, la genética tuvo un papel menos importante. El número de despertares nocturnos se vio influenciado principalmente por factores ambientales, como las rutinas de sueño y el entorno en el que duerme el niño.

Primeros meses del bebé

En el cuestionario también se pidió a los padres que indicaran cuánto tiempo transcurría desde que acostaban al niño hasta que se quedaba dormido.

La rapidez con la que el bebé se adapta se debe principalmente al entorno a los dos meses de edad, pero a los cinco meses, su genética ya es importante. «Esto refleja el rápido desarrollo que se produce en los bebés y podría indicar que los esfuerzos de los padres para que su hijo se adapte pueden tener el mayor impacto en los primeros meses«, afirma Charlotte Viktorsson.

Sin embargo, es difícil sacar conclusiones sobre qué intervenciones son efectivas basándose en este tipo de estudio observacional.

Reconoce que “aunque no podemos ver qué factores ambientales específicos influyen en la cantidad de despertares durante la noche, o cuánto tiempo tarda el niño en tranquilizarse”, este estudio señala una dirección para futuros trabajos centrados en las rutinas del sueño.

Este equipo siguió estudiando los gemelos hasta que cumplieron 36 meses. Esto les ha permitido observar cómo cambian el sueño y el llanto a medida que crecen.

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